CARLOS MARTÍNEZ SOLER

Que el universo seriéfilo español está de dulce creo que es algo incuestionable, desde la irrupción en nuestras pantallas de obras como El ministerio del tiempo, El tiempo entre costuras, Bajo sospecha…, la cosa no ha dejado de crecer, lo cual viene de la mano de un fenómeno interesante, el éxito internacional de muchas de nuestras obras, sino que se lo digan a La casa de papel, que tras su estreno en Netflix, sus visionados se han multiplicado de forma exponencial por todo el mundo.

Estos datos no vienen más que a decir que algo se está haciendo bien, yo diría que muy bien, y ante tal panorama, nuestros creadores se han liado la manta a la cabeza y no dejan de estrenar productos. Por poner un ejemplo, la próxima semana coincidirán en la parrilla televisiva series como El Continental, Cuéntame, Estoy vivo, y la que hoy nos ocupa, Presunto culpable. Algunos dirán que es casualidad, yo prefiero pensar que es un síntoma de buena salud. La cuestión estará en descubrir si más es sinónimo de mejor, pero para eso habrá que esperar.

Por ahora, Presunto culpable no va a subir el listón, el relato estrenado la pasada semana por Antena 3 es una serie correcta, pero no reseñable, un thriller de manual, con toques de suspense, donde nada es lo que parece y donde la originalidad brilla por su ausencia, todo en ella es típico y tópico, pero no por ello es malo, más bien es lo de siempre, lo que me pasa es que comer un día, dos, tres… patatas lo soporto, pero ya al cuarto prefiero consumir otra cosa.

Lo que más me gusta de Presunto culpable es su localización, el País Vasco, y sus creadores son muy conscientes de ello, hasta tal punto, que las panorámicas aéreas y los planos recursos del entorno son muy socorridos, incluso demasiado en su primer capítulo, la razón tal vez sea hacer frente al principal problema de la serie, su elenco actoral, donde Miguel Ángel Muñoz, ese actor al que UPA Dance lanzó al estrellato, y que aquí hace un ejercicio de muecas y gestos sobreactuados que no hacen más que poner sobre la mesa sus carencias interpretativas.