José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Región de Murcia

La reconversión de las fiestas de la Cruz, como bien sabe el lector, tuvo lugar en 1959. Paulatinamente el aspecto formal de las mismas se fue configurando con la incorporación de grupos y cábilas. Y éstas a su vez fueron aumentando y perfeccionando su propia presencia en la escolta de la Patrona.

Presentación Reinón, favorita

Presentación Reinón, favorita

La incorporación de la mujer al mundo de la Fiesta no fue inmediata, salvo en las figuras históricas, pero cuando se produjo, no sólo aportó belleza a la expresión festera, sino una personalidad y lucimiento que fue impensable al comienzo de todo.

Una de las primeras mujeres que irrumpió en el espacio festero, y lo hizo con elegancia, gracia, estilo propio e indiscutible prestancia fue Presen Reinón Gómez, al frente de la cábila Khatar, en cuyo seno había nacido al mundo y también a la Fiesta ya que su padre (Antonio Reinón Tobajas) fue uno de los “once de la fama”, que en 1959 se echaron a la calle con la audacia y la ilusión como únicas armas para luchar contra la “pereza festera”, constituyendo en adelante la primera célula del Bando Moro.

Era presidente de la cábila José Luís Melgares Bolt, cuando en 1967, ocho años después de producirse la ya citada reconversión, cuando aquella se propuso ofrecer al pueblo, como otro obsequio de su osadía festera, la incorporación de una favorita que encabezara la presencia de la misma en las calles de la ciudad. Para ello, los cabileños pensaron en una preciosa muchacha de 17 años, que había ido creciendo en ilusión festera, a la vez que ellos en experiencia y buenas maneras.

La presentaron en el Circulo Mercantil, el 22 de abril de aquel año, y ya entonces, ellos y el pueblo, se percataron de que la elección había sito otro éxito del ya veterano sello Khatar.

La propuesta a Antonio Reinón, y a su esposa Maruja, se había producido con un año de antelación, espacio de tiempo (siempre insuficiente), que la favorita empleó en ejercitarse y adiestrarse en el manejo del caballo, un corcel negro de nombre Sultán y raza  española, con el que se familiarizó gracias a la pericia de Pascual, su casero en la “Casa Carrión” (quien también fue su palafrenero), en largos paseos por la huerta, y en el paraje de “Las Fuentes”, donde solía coincidir con la reina cristiana, a la sazón Loli Nevado Medina. Aquel largo año transcurrió a la espera del dos de mayo siguiente, con actividad frenética en su domicilio, donde todos, sin excepción, colaboraron con su ayuda y consejo. De la indumentaria se encargó el prestigioso sastre local Antonio Caparrós, con quien colaboraron en el bordado de la misma la madre Rosario (de la comunidad de Monjas de la Consolación) y las Hermanas Valdivieso.

Fueron muchos los desplazamientos a Madrid, donde residía su tío, el escritor Gregorio Javier, para obtener ideas y forjar proyectos, en el Museo del Prado y en colecciones particulares. Los abalorios metálicos fueron fabricados por el joyero local Salvador Tudela, inspirándose en objetos de uso personal de su abuela Presen. Y la capa de lentejuelas, que causó sensación en la ciudad, fue diseño de su madre y su tío Gregorio, utilizándose 10.000 piezas del tamaño de las entonces monedas de 50 pts, que cosieron al aire, una a una, las ya citadas Hermanas Valdivieso.

Así las cosas, amaneció radiante aquel 2 de mayo de 1967, en que el grupo Khatar, orgulloso y expectante, se dirigió a recoger a su Favorita para, todos juntos, ir al encuentro de los Reyes Moros: Ángel Medina y M. Dolores Llombart Rosa, junto a quienes se incorporaron al cortejo mañanero que concluye pasado el medio día en el Castillo, al pie de la Cruz.

Desgraciadamente las dos salidas de aquel día fueron las únicas de su periplo festero de 1967. El agravamiento de la enfermedad de  su abuela Presen (fallecida pocos días después en su casa de la Glorieta), impidió, con buen criterio de la familia, seguir en el escenario festero.

Presentación Reinón, a caballo

Pero llegó el 2 de mayo del año siguiente, y toda la ilusión acumulada durante los doce largos meses que precedieron a aquella segunda salida, se desbordó a raudales. Hubo de vencer el obstáculo académico de soslayar un examen fijado para ese día en la facultad de Arte, Decoración y Diseño de IADE de Madrid, donde cursaba sus estudios. El obstáculo se solventó con la conversación de Presen con el catedrático de Historia del Arte D. Joaquín de la Puente (director a la sazón del Museo del Prado), quien no puso obstáculo para aplazar el examen, a lo que nuestra favorita correspondió con el obsequio de una Cruz de Caravaca y una botella de “Vino de la Cruz”, que nunca olvidó el anciano docente.

Fue aquel segundo año cuando verdaderamente gozó Presen de su cargo de Favorita. Cuando escuchó, tranquila, el aplauso y el piropo continuado de la gente, que salió a los balcones y a las esquinas, a tirar sobre su cuerpo pétalos de flor y papelillos de colores, y en el que su hermana Gema le acompañó en el desfile del 4 de mayo por la Gran Vía caravaqueña.

El recuerdo de su paso activo por el mundo de la Fiesta aún no lo ha olvidado Presen Reinón, que recuerda con todo detalle, minuto a minuto, aquellos dos años de preparativos, emociones y alegrías sin cuento. Y que se emociona hasta la aparición de lágrimas en sus ojos, al mencionar los nombres de tantas personas que le proporcionaron tanta felicidad (como el de su peluquera y maquilladora Consagra, o el de su tía Carmiña), y que colaboraron a que aquellos recuerdos, medio siglo largo después, aún pervivan, pegados al corazón y a su piel de madre y abuela.

La narración de aquellos a sus hijos y nietos, el préstamo de su indumentaria a quien lo ha requerido en ocasiones extraordinarias, y las ocasionales conversaciones con protagonistas aún vivos, de aquella vivencia festera, le hacen feliz, muy feliz ahora, cuando todo aquello lo revive, al comenzar a olerse a Fiesta en Caravaca, y se escucha la melodía del “Serafina” (en este año sin Fiestas por culpa de la pandemia), cantada por otros, que han llegado después.