FÉLIX MARTÍNEZ MARTÍNEZ

Una vez pasadas las fiestas navideñas y entrado ya, casi terminado, el primer mes del año, no deberíamos perder de vista, al menos tan pronto, las características propias de esta época. Una de las cosas más bellas que a mí entender tiene el espíritu navideño es la concordia, un verdadero sentimiento de paz. Pero, como en todo tiene que meter sus zarpas la filosofía, estamos obligados a plantearnos: ¿qué es la paz? El problema trae miga. Por oposición entendemos la paz como un no estar en guerra. Sin embargo, esto viene de una vía negativa. Así podríamos entender el por qué Ortega y Gasset nos diría que la guerra sigue existiendo porque no hay que pueda solucionar unos determinados problemas de otra manera. Paz, por otra parte, se entiende desde una premisa positiva: por entendimiento y quietud de los estados, entendidos tanto con miras al interior de los mismos como al exterior de éstos.

Inmanuel Kant

Vamos a intentar recorrer la vía positiva. Una obra fundamental en este aspecto es La paz perpetua (1795), de Immanuel Kant. En este tratado parte de la teoría hobbesiana (homo hominis lupus), donde el estado de naturaleza de los hombres es el estado de guerra, por ello considera que el estado de paz tiene que ser implantado. Para esta “implantación” Kant va a proponer seis “Artículos preliminares”, con el objeto de intentar evitar la guerra entre los pueblos. Estos artículos son: 1) Ningún tratado de paz -secreto- en el cual esté tácitamente reservado un asunto para una guerra futura será válido; 2) ningún estado independiente, grande o pequeño, será cedido a otro estado por medio de herencia, intercambio, compra o donación; 3) los ejércitos permanentes deberán de desaparecer por completo en el tiempo; 4) la deuda nacional no deberá ser contraída con el fin de ocasionar tensiones entre estados; 5) ningún estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución o el gobierno de otro estado; 6) ningún estado debe, durante la guerra con otro estado, permitir tales actos de hostilidad los cuales hagan que se vuelva imposible la confianza mutua de paz futura.

Todo esto, además, debe estar en perfecta armonía con la política y la moral de un estado para con sí mismo y para los demás estados. Todo esto llevará aparejado una doctrina del derecho, de un derecho público.

Hasta aquí solo hemos estado siguiendo a Kant, pero no para someternos acríticamente a sus postulados, no. Sino que lo hemos hechos para establecer un modelo, una arquitectura en la cual fijarnos. Hagamos ahora un breve experimento mental. Imaginad a un presidente que mantiene (a pesar de haber sido reducidas, todo hay que decirlo) tropas militares en otros estados, que ha envuelto al mundo en una disputa comercial permanente por los aranceles. Imaginad que se desentiende de la firma de un tratado por las armas nucleares, por el cambio climático y por el tratado de la OTAN. continuar con la fantasía hasta ver cómo este personaje que estáis creando en vuestra imaginación se opone a la democracia y sus resultados y arenga un asalto a las instituciones democráticas de todo un país. Un personaje que convierte la mentira en el mejor maquillaje de la verdad. Imaginad que un partido de otro país con un fuerte soporte electoral defiende la concesión de un Nobel de la Paz a este personaje fantasioso.