Pedro Antonio Hurtado García

Monólogo con más de 40 años en cartel, alternado, por quien encarna el papel principal y único, con otras obras representadas, simultáneamente, en diferentes temporadas.

Sábado pasado. “Teatro Villa de Molina”. Lola Herrera volvía a escenificar, tras centenares de representaciones, la incombustible obra “Cinco horas con Mario”, de Miguel Delibes.

Hemos presenciado esta representación en varias ocasiones. Convencidos estamos de que esta longeva actriz lo hace cada vez mejor, pues agudiza su profesionalidad, impone sus múltiples registros artísticos, se apodera de la escena y con media docena de sillas, un imaginario ataúd y una mesa de despacho, colma el escenario gracias a su veteranía, profesionalidad y enorme capacidad artística, llegando a confundirse la actriz con el propio personaje encarnado: Carmen Sotillo. ¡¡¡Menudo velatorio!!!.

Cumplidos los 84 años, se ofrece más joven, poderosa, dinámica, activa y precisa que nunca. Se sabe la obra al dedillo, gracias, quizás, a las múltiples representaciones celebradas. A nadie se le escapa su solera artística, gesticulación, saber llorar y sonarse como si fuera un llanto natural y sentido, al tiempo que pronuncia frases irónicas que contagian las risas de la concurrencia, que valora el enorme nivel artístico de esta dama de la escena.

Excelente en esta representación. También en “Anillos para una dama”, de Antonio Gala, o en la película “Función de noche”, que se desarrollaba en el camerino de un teatro, junto a su ex-esposo, Daniel Dicenta, lo que, pese a su condición cinematográfica, es una excelente e innegable obra teatral. Lola Herrera, una de las pocas “Lolas”, junto a “La Faraona”, orgullosa esencia del arte patrio. El público que abarrotaba el recinto, puesto en pie, premió incansablemente el trabajo de la vallisoletana. Buenos días.