GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Las hay que piensan que hacer deporte es Dicho de Pilar Primo de Riverasalir a correr al monte. Y no. Eso es un “pretexto para llevar trajes de deporte escandalosos […] para hacer exhibiciones indecentes. Tampoco tenemos que tomar el deporte para independizarnos de la familia, ni para ninguna libertad contraria a las buenas costumbres”. Hacer deporte, según Pilar Primo de Rivera es «atender a las faenas domésticas con toda regularidad. Así, tiene ocasión de hacer tanta gimnasia como no lo hará nunca. Solamente la limpieza y abrillantado de los pavimentos (de rodillas, para ser más mujer) constituye un ejemplo eficacísimo, y si se piensa en los movimientos para quitar el polvo de los sitios altos, limpiar los cristales… se darán cuenta que se realizan tantos movimientos de cultura física que, aun cuando no tiene como finalidad la estética del cuerpo, son igualmente eficacísimos precisamente para este fin». Ahora entiendo porque estoy gorda.

Esta santa señora (perdón, señorita) y su hermana gemela, Ángela, nacen el 4 de noviembre de 1907 en Madrid, pero la mala salud de la madre hace que sean enviadas a Jerez para ser criadas por su abuela paterna. Aunque muy enferma, la madre cumple con los deberes de esposa (“teniendo siempre en cuenta que la satisfacción del hombre es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar”) y se queda embaraza. Muere en el parto con el consuelo de ir directamente al cielo. No sabemos si con un pequeño gemido.  Al poco muere su hermana gemela y su abuela y la dejan a cargo de una institutriz inglesa, que junto al padre, le inculcan (y puede asegurarse, a tenor de los resultados, que con éxito) un acentuado sentido del deber y la educación católica y tradicional. En octubre de 1933, Pilar asiste al acto de fundación de Falange y entusiasmada por las palabras de su hermano José Antonio Primo de Rivera, se encarga  que la Sección Femenina de Falange.  Pero los aires, que como las ideas, lo mismo van para un lado que para otro, cambian y el Señorito es encarcelado y ajusticiado. La Falange, sin rumbo, y su cruzada particular “hay que ser femeninas y no feministas» se ha ido al traste. Pero ella es persistente, y cual valquiria se marcha a Salamanca y crea el Auxilio Azul.

Ay, pero como de santas esta el mundo lleno y la fama compartida es menos fama, vino nuestra heroína a juntarse allí con otra, Mercedes Sanz, señora de Onésimo Redondo (cofundador de las JONS) y creadora del Auxilio de Invierno, organización alejada de la Sección Femenina. Menos auxilio, ambas se dieron de tó. En 1937  Franco unifica la derecha y ella será la encargada de la consolidación de la Sección Femenina durante los años en que dura el conflicto. Y pese a que lo odia (de momento, que ya sabemos para donde va la veleta) tendrá que aceptar a Franco como jefe, pues como ella mismo había dicho: “la vida de toda mujer, aunque ella quiera disimular no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”. Pues a ella le tocó Franco.

Con el final de la Guerra, y como «a través de toda la vida, la misión de la mujer es servir”, ella tendrá que servir a Franco, que la hace Condesa del Castillo de la Mota (que un titulo bien valen dos hermanos). Aconseja a las mujeres en Manuales (mis libros de cabecera, para recordarme lo que pudo haber sido)  «hacer una vida familiar agradable para los hombres» y se erige firme defensora de la subordinación y la obediencia al hombre. Ella. Soltera y entera y que no sabe lo que es vivir en un hogar como Dios manda.  Además se convierte en «la sacerdotisa de la memoria y el pensamiento de su hermano», como la denominará Ramón Serrano Suñer (un cachondo, sin duda). Pero mira tú por dÓnde, y a partir de 1970, las mujeres que ”nunca  descubren nada; pues les falta el talento creador, reservado por Dios para los talentos varoniles” vienen a descubrir que a la que le falta talento es a ella. La Sección se va extinguiendo reconvirtiéndose en Nueva Andadura.  Pilar será su presidenta hasta el día de su muerte, el 17 de marzo de 1991 en Madrid. Moría a los 83 años, señorita, y sin ser, mira tú por donde, “señora de”; “esa fórmula tan agradable de nombrarnos, sin perder nuestra personalidad, pero que indica al hombre que pertenecemos”.  

Qué… ¿salimos a correr?