Laura Caballero Escámez
Psicóloga Máster en Gerontología y Máster Sanitario de Práctica Clínica en Salud Mental.

Imagina que pongo frente a tus ojos una baraja de cartas como la maga que NO soy y te pido que tomes una al azar y que me digas de qué carta se trata sin mirarla. Probablemente me dirás que no eres adivino y que no podrías quizá ni tan siquPerspectivasiera aproximarte, porque necesitarías saber en todo caso, de qué tipo de baraja se trata.

Si te digo que es una baraja española, podrías tal vez aproximarte más, e incluso la probabilidad sería mayor si te dijese que he quitado los ochos y los nueves de cada palo. Para afinar más en tu ejercicio de adivinación, eliminarías dichas cartas de la lista de cartas posibles.
El hecho de que aciertes o no, es desde luego una cuestión de azar, pero con las indicaciones que te he dado, no es nada probable que te encuentres el tres de diamantes, por lo que ni te plantearías buscarlo. No entraría dentro de tus expectativas.

Este ejemplo puede ser muy absurdo, pero bastante clarividente a mi entendimiento al releer el capítulo «Mirando en perspectiva» del libro «Adicción al Pensamiento» del psicólogo Pedro Jara Vera.

En el transcurso de la vida a menudo nos sentimos decepcionados y dolidos con otras personas e independientemente de que decidamos apartarlas de nuestro círculo, (lo cual queda a nuestra elección), puede que después de mucho tiempo sigamos rumiando pensamientos negativos relacionados con ésta o aquella persona que nos decepcionó. Quizás, en un ejercicio que va mucho más allá de la empatía, consigamos no solo ponernos en el lugar de la otra persona, sino comprender que…su esquema de pensamiento se aproxima bastante a la idea de «tipo de baraja».
Si pudiéramos situarnos físicamente como propone el autor, en el mismo lugar que esa persona y nos preguntáramos por sus objetivos, por sus sentimientos, por sus ideas, por sus experiencias…(lejos de juzgar si la baraja española es mejor o peor que la de póker, situándonos sencillamente en el plano objetivo en el que evidenciamos que ambas barajas son en esencia distintas)…quizá entonces comprenderíamos (alejándonos de nuestro propio esquema), que no es práctico esperar encontrar el tres de diamantes en una baraja española…ni la sota de bastos en la de póker…y que aunque hay personas que se pasan toda la vida haciéndolo, quizá no sea útil ESPERAR según QUÉ, de según QUIÉN…