José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz

Universal vecino de la sociedad global, aunque él siempre afirma ser natural de La Deitania (territorio de la división administrativa romana, coincidente parcialmente con la actual Comarca Noroeste o Tierra de Órdenes Militares de la Región de Murcia), José María Alcázar Pastor fue engendrado en Bullas donde, tras la guerra civil fue destinado su padre como Capataz General de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla.

En el Colegio de los PP. Franciscanos

En el Colegio de los PP. Franciscanos

La inveterada costumbre en vigor hasta la práctica del parto en los hospitales, de dar a luz las mujeres al amparo de sus madres en la casa paterna, fue la causante de que Pepe naciera, el 1 de abril de 1940, en Mula y domicilio de sus abuelos maternos, siendo bautizado, pocos días después, en la parroquia de Sto. Domingo de aquella ciudad.

Con posterioridad la familia se instaló en el ceheginero paraje de la Casilla de la Poyera, cuando su padre se hizo cargo, por administración, de la obra del Acueducto del Quipar y Canal de la Poyera. Allí transcurrió su infancia y allí llegaron al mundo sus hermanas: Antonia, Juana y Carmen. A los cinco años la familia decidió trasladarse a la C. San Telesforo de Cehegín, incorporándose Pepe al Colegio de los Padres Franciscanos donde aprendió las primeras letras e hizo el bachiller, contando entre sus maestros a D. José García Loba.

Cursó la carrera de aparejador en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde tuvo como maestros a Modesto López Otero, a Pascual Bravo y a Genaro Cristo, entre otros, concluyendo la misma en 1963. Hizo los campamentos de las milicias universitarias en Montelareina (Zamora) y las prácticas de las mismas, como alférez, en Logroño.

Reincorporado a la vida civil fue adscrito al pabellón de Gobierno de la Ciudad Universitaria, trabajando como aparejador en la construcción del edificio de la Facultad de Ciencias Económicas y Comerciales, y en los consultorios del Hospital Clínico de la capital. Los fines de semana trabajaba, como amasador de yeso, en la cuadrilla de albañiles con la que su tío Javier y sus socios Ángel y Jesús, hacían chapuzas domésticas a domicilio, ganando con ello las perrillas necesarias para sus extras estudiantiles.

Su primer trabajo serio fue la ejecución de dos mil viviendas con la empresa Construcciones e Inmobiliarias Eiffel en Madrid y, convocadas simultáneamente las oposiciones para cubrir las plazas de aparejador municipal en Cehegín y Murcia, aprobó las dos, optando por la primera ante la perplejidad del Secretario Municipal murciano José Luís Valenzuela.

Su primera obra en Cehegín fue la construcción del puente de aguas claras que une la pedanía del Campillo con la de Aljezares. Luego el Campo de Fútbol, la gestión para la adquisición y posterior rehabilitación del nuevo Ayuntamiento, la gestión para adquirir el terreno rural que ocupa el yacimiento romano de Begastri, y todo lo que, durante cuarenta largos años se ha hecho para mantener en pie la ciudad.

Alférez, en Logroño

Alférez, en Logroño

En 1970 contrajo matrimonio con la ceheginera Antoñita Espín García-Ripoll, fijando el domicilio familiar en Caravaca y edificio de D. Nicanor, en la Gran Vía, que él mismo edificó bajo la dirección del arquitecto Vicente Pérez Albacete. Fruto de aquella unión nacieron sus cuatro hijos: María. Mavi, José Manuel y Alfonso.

Simultáneamente a su trabajo como aparejador municipal en Cehegín, y robando horas al descanso y a los fines de semana, ha trabajado para todos los ayuntamientos de la Comarca Noroeste, además de hacerlo para Murcia y otros lugares de la Región y fuera de ella. Se lo han disputado presidentes regionales como Hernández Ros, Carlos Collado y Ramón Luís Valcárcel. El obispo Manuel Ureña, y consejeros como Esteban Egea y Cristina Gutiérrez, negándose a todo cuanto le exigiera abandonar su empleo como aparejador municipal por muy tentadoras que fueran las ofertas de trabajo que, como cantos de sirena, han sonado de manera continuada en sus oídos a lo largo de su dilatada vida laboral.

Al margen de su actividad como funcionario municipal ha trabajado con arquitectos de prestigio nacional como Peridis y Miguel Fissac (en este último caso en la construcción de la Biblioteca Pública de Ciudad Real). También con José Luís Escario (1964) en la del Pantano del Argos. Con Juan Antonio Molina Serrano en la restauración del Templete de Caravaca y en un grupo de viviendas en Archivel. Con Alfredo Vera Boti en las sucesivas restauraciones de la Catedral de Murcia, en el complejo monacal de las Clarisas de la capital y en  Sta. María Magdalena de Cehegín. Con Pablo Puente Ojea también en Las Claras de Murcia. Con Pedro Antonio San Martín Moro en la primera fase de la restauración del Convento de S. Esteban e iglesia de la Virgen de las Maravillas. Con Vicente Pérez Albacete, José Luís Herrero, Mariano Ruipérez Avizanda (en la piscina climatizada de Cehegín). Con Enrique Sancho Ruano, José Alberto Sáez de Haro; José Luís Fernández Romero, José Luís Arana y Antonio García Herrero entre otros muchos cuya relación es imposible en un texto de extensión limitada.

De su dilatada actividad laboral conserva un amplio muestrario de anécdotas dignas todas ellas de ser llevadas a un libro, como el haber derribado un edificio en ruinas con dos tiros de escopeta de cartuchos, la extinción de un incendio doméstico con un saco de yeso, el haber evitado derrumbarse un inmueble con una familia dentro gracias a su sagacidad, o la confusión puntual de su profesión con su apellido, entre otras muchas.

Su dedicación al trabajo le ha granjeado muchos reconocimientos públicos, entre los que mencionaré su nombramiento como académico correspondiente por Cehegín, de la Real Academia Alfonso X el Sabio. Su reconocimiento como Personaje del Noroeste, por el periódico EL NOROESTEen 2006 y el de Ceheginero Destacado,otorgado recientemente por la fundación Alfonso Ortega.

Ha dirigido escuelas taller, ha llevado a cabo excavaciones arqueológicas; ha escrito libros y muchos artículos, científicos y de divulgación, relacionados con la historia local y la profesión; ha participado en programas de radio, en simposiums y congresos, y ha recibido regalos tan curiosos como el de dos sepulturas, para él y su esposa, en el cementerio de Cehegín.

Jubilado a la edad reglamentaria en 2005, el Ayuntamiento, por unanimidad de los grupos políticos municipales, le concedió el Escudo de Oro de la localidad, que le impuso, en acto solemne, el alcalde José Soria.

En el otoño de la segunda juventud, Pepe Alcázar se siente feliz recordando tantas cosas y a tanta gente que ha desfilado por su vida. Rodeado de sus hijos y nietos contempla a diario, en la Huerta de La Tejera, el lento madurar de los peros y la no menos lenta formación de los mármoles en el vientre profundo de Peña Rubia, mientras cada tarde se pone el sol tras las sierras de Caravaca, actualizando en su memoria tiempos pasados, por los que no siente nostalgia, en los que tan útil fue a la sociedad con la que convive en Cehegín y en Caravaca.