DAVID LÓPEZ MARTÍNEZ

La semana pasada comentaba, que con gustos definidos y calma, siempre se puede ir sacando buen provecho a Netflix. Nada, seguimos sin movernos de esta plataforma desde que se comenzase a escribir aquí a raíz del confinamiento. La verdad, se pueden crear listas interesantes divididas en géneros, estados…, y preparar para consumo propio, horas y horas de entretenimiento que abarque el drama, terror, pelis o series romanticonas, documentales -altamente recomendables siempre-… También, se puede hacer uso de estas columnas dedicadas al cine, para configurar una lista personal titulada “Cine – Semanario El Noroeste”. El consumidor tiene la última palabra o click al start.

Empujados a la ‘Fase 1’ en la que nos encontramos, y tras ver las calles, terrazas y bares, como si el mundo se fuese a acabar en minutos, es tiempo, mientras no nos vuelvan a encerrar, de cazar. Y para dicha caza, la historia de cuatro chicos y el sueño de irse a una isla paradisíaca a comenzar una nueva vida… Los puntos suspensivos sirven para que cada uno se monte la continuación del sueño como desee o crea que va a pasar, pero ahora, os cuento cómo Sung-hyun Yoon, escritor y director de la cinta, lo ha hecho.

Unos jóvenes coreanos en una Corea no muy lejana, industrializada, contaminada, arruinada (recuerdan muchas zonas a esos barrios chungos de Chicago, Detroit…)…, deciden dar un golpe para poder salir de ese lugar… Nuevamente, puntos suspensivos. Tras salir de la cárcel uno de ellos, darle la fiesta de bienvenida -los otros- y comentarle la cruda realidad de la situación económica del luz, deciden (plan ideado por el recién salido de chirona), dar un golpe a una casa de apuestas donde se mueven dólares en metálico. El asalto sale como sale y lo que se supone que después vendría…

Con un metraje de  dos horas y cuarto de duración, aparte de excesivas, fallidas en gran parte con lagunas y sin sentidos uno detrás de otro, Time to hunt, y os empujo a que la vean, porque esto siempre es gusto personal, es un querer y no saber, o no conseguir lo que se desea, porque ni las actuaciones y las situaciones son creíbles, o se hace complicado de creer. Eso sí, la dirección (según qué momentos), ambientación (maravilloso el juego con la neblina, polución, los colores rojos, la oscuridad…) y banda sonora, son para remarcar. Aquí sí ha sabido Yoon insuflar la dosis correcta y necesaria para que un film funcione correctamente.

Resumiendo, Tiempo de caza tiene momentos puntuales de calidad, pero en ella hay un agujero negro tan visible, que cubre con creces lo que se podría destacar, quedándose así en un producto normalito sin más.

Os la recomiendo, como muchísimas otras de estas latitudes, porque el cine asiático tiene todas las sorpresas que, casi con total seguridad, ya no os da el cine que acostumbran a ver. Y porque está bien saber la opinión del resto, para entablar las tan necesarias y bonitas charlas post-película.