JAIME PARRA

El escritor calasparreño Pedro Antonio Martínez Robles regresa a la novela con “Memoria de una obsesión”, publicado por la editorial MurciaLibro.

-¿Para qué escribe Pedro Antonio Martínez Robles?

            Escribo desde siempre. Ya lo hacía con diez años y entonces no me preguntaba por qué ni para qué escribía. Es cierto que hoy me veo obligado a  plantearme los motivos por los que escribo o para qué escribo, ya que con frecuencia me plantean esa pregunta, y sigo sin tenerlo muy claro. ¿Por qué pinta el pintor? ¿Por qué compone e interpreta el músico? ¿Por qué esculpe el escultor? Hay una cosa que creo tener clara por encima de estos interrogantes: amo la poesía, amo la literatura, amo el arte y soy incapaz de entender este mundo sin su existencia. Hay, en este sentido, unos versos de Silvio Rodríguez con los que me gusta identificarme; en ellos nos dice: “Debes amar la arcilla que va en tus manos/Debes amar su arena hasta la locura/Y si no, no la emprendas, que será en vano/Solo el amor alumbra lo que perdura/Solo el amor convierte en milagro el barro.” Debemos amar lo que hacemos; de lo contrario es mejor no hacerlo. Desde ese acto de amor y de una parte, quizá escriba para tratar de explicarme lo que me rodea, intentado crear a veces un mundo paralelo en el que pretendo hallar respuestas a los grandes interrogantes que nos plantea la conducta humana. De otra parte, en el íntimo ejercicio de la poesía, probablemente busque comprender lo que hay en mi propio interior.

-¿Le ha resultado creativo este confinamiento?

            Entiendo que el aislamiento, y con él la abstracción, es absolutamente necesario para entregarse al acto de la literatura, como es imprescindible antes de enfrentarse al papel o a la pantalla del ordenador, la observación, la contemplación, las relaciones humanas y su análisis. Este confinamiento impuesto no deja de ser dramático para todo el mundo, pero para mí no ha supuesto una modificación importante de mis hábitos. He tenido que teletrabajar, es cierto que a veces fuera de mi horario habitual y con prolongación de jornada, pero he seguido leyendo a diario en el espacio horario de costumbre y escribiendo a las horas en que suelo hacerlo. No; este confinamiento ni me ha dado ni me ha quitado más tiempo para escribir,

-¿Qué nos puede decir de “Memoria de una obsesión”?

Es un drama en el que pretendo reflexionar sobre la conducta humana y sus consecuencias ante la amenaza de sentimientos que somos incapaces de manejar y acaban o pueden acabar convirtiéndose en una obsesión mucho más poderosa que nuestra voluntad y nuestra razón.

-¿Cuánto hay de autobiográfico en su obra?

            Nada. No puedo decir que me identifique con ninguno de los personajes de la novela, aunque quizá haya algunos episodios, muy transformados y elaborados, en los que he podido tomar como referencia experiencias u observaciones personales o compartidas por personas próximas a mí. Siempre he sostenido que en cualquier relato de ficción, hay un sustrato real, pero eso pertenece al secreto del escritor.

-¿Por qué ha elegido MurciaLibro para publicar su última novela?

            En el verano de 2019 recibí la llamada de Fran Serrano, editor de MurciaLibro. Me ofreció la posibilidad de publicar algo en esta editorial y le comenté que me encontraba revisando y corrigiendo una de mis novelas. Se la hice llegar y a finales del verano volví a recibir su llamada en la que me confirmaba que la novela le había gustado y estaba interesado en su publicación. Considero que desde el sello editorial de MurciaLibro, con Fran Serrano al frente, se está realizando una magnífica labor en el ámbito de las publicaciones en nuestra región, serias, con ediciones muy cuidadas y exigentes, y con una importante proyección a nivel nacional. Me siento satisfecho y afortunado de haber realizado este proyecto con MurciaLibro.

-Hasta la fecha se ha prodigado más como poeta que como novelista, ¿qué le aporta como autor este género?

            Considero que tanto en poesía como en narrativa (que no deja de tener también sus dosis de necesaria lírica), lo que más puede llegar a confortar al escritor es que el lector llegue a identificarse con lo que lee, que sea capaz de sumergirse en el texto, comprenderlo, vivirlo, reflexionar sobre el mensaje que el autor pretende hacerle llegar, “hacer suyo” algún poema o algún pasaje del relato en un acto de hermanamiento, autor y lector unidos en la misma causa. Para mí la mayor satisfacción es la de ese acercamiento, la de esa compartida complicidad entre escritor y lector.

-Cada quince días publica un artículo en este semanario y gracias a las redes sociales el contacto con sus lectores es más sencillo, ¿qué le aporta esta comunicación con sus lectores?

            En estos artículos que publico en el semanario de El Noroeste sí que hay una importante carga autobiográfica, y me complace recibir, al compartirlos con los lectores que me siguen, los numerosos comentarios que me hacen llegar en los que se identifican, bien en la época, en el lugar o en las circunstancias que describo en ellos. Confieso que esa convergencia me hace sentir que estos artículos cobran vida cuando acaban creando esa corriente de comentarios en los que los lectores se sienten identificados con lo que en ellos cuento o traigo a la memoria. Son muchas las sugerencias que he recibido para compilar en un libro estas colaboraciones que hago en el semanario, y esto me produce una humilde satisfacción.

-¿En qué se encuentra trabajando ahora mismo?

            Escribo poesía cuando la poesía me visita. Creo que la poesía verdadera es la que llega hasta el poeta sigilosa y discreta, la que llama a su puerta y le dice “abre el alma” para que pueda vaciártela. Espero que a lo largo del año pueda reunir estos poemas en un nuevo libro. También estoy trabajando en un proyecto, para mí bastante ambicioso, que llevo ya muy avanzado, una novela en la que me ocupo desde hace tiempo, desde hace varios años. No me gusta revelar su contenido ni hablar demasiado de ello. Espero poder concluirla para mediados de este año.