Siete años justitos ha estado entre nosotros y ahora, después de una tarea impecable, deja la actividad, amistosa y negociadamente, por esas razones tan actuales que el sector bancario aplica a sus plantillas para rejuvenecer las mismas y aligerar el peso económico que representan en su balance. Pero, sea como fuere, nadie le va a quitar a nuestro protagonista lo mucho que ha hecho por el Noroeste murciano de forma tan natural como espontánea y, además, sin buscar nada a cambio, salvo el ánimo de agradar, servir, identificarse con esta comarca, trabajar por ella y colaborar con cuantos le han pedido ayuda, tanto profesional como personalmente. Y no solamente en sus tareas como Director de Zona de BMN-CAJAMURCIA en esta comarca, responsabilidad en la que era decano en la entidad presidida por Carlos Egea Krauel, sino favoreciendo el establecimiento de convenios de colaboración, adentrándose en el mundo cultural de forma intensa, asistiendo a actos sociales y participando en las actividades más relevantes de los diferentes municipios que conforman la referida comarca, sin olvidarse del bloque de poblaciones que integran la comarca del Río Mula, también incluidos en su responsabilidad profesional, una realidad de la que hemos sido notarios de excepción al publicar sus propias crónicas, de tales actos, en las páginas de este semanario. Ha mantenido una excelente relación con los dirigentes municipales que, en cada momento, han ocupado los escaños de las corporaciones locales. También se ha adentrado en los medios de comunicación con la soltura que en tal sentido le caracteriza. Ha sido favorablemente valorado por empresarios, comerciantes y clientes que han encontrado, en él, cercanía, atención, respeto, consideración y han sido escuchados, tratando, siempre, de buscarle solución a sus demandas, aunque, como él mismo reconoce, siempre habrá por ahí alguien que no se sienta así por no haber conseguido sus objetivos, quizás, por no reunir las condiciones adecuadas para ello, ya que el mundo financiero no puede funcionar basándose solamente en la amistad, pues a ello hay que sumar rigor, coherencia, capacidad de devolución de lo prestado y demás aspectos que este bancario ha cuidado, siempre, con esmerada y alta profesionalidad. Por eso, podemos asegurar que la mayoría se sumará al criterio de las numerosas condiciones favorables que atesora nuestro habitual colaborador. Seguramente, no serán pocos los que digan, muy justamente, que la banca pierde a un gran profesional, a un veterano y a una persona que le ha dedicado a su entidad todo el tiempo del mundo, pero lo que no perdemos es al periodista que lleva dentro, porque se ha comprometido con nosotros a seguir colaborando en este semanario, su querido “El Noroeste”, ya que tiene bien demostrado el aprecio que nos dispensa, la desinteresada colaboración que nos ha prestado y que, ahora, seguro, va a ser más amplia y constante, porque su tiempo se lo va a permitir con mayor holgura, olvidándose de aquellos tiempos en los que las noches y los fines de semana eran el refugio para escribir y otra injusta forma de escatimarle tiempo a su familia y a sus amigos, con el fin de cumplir la palabra que nos daba a nosotros, porque Pedro Antonio Hurtado García (16-10-1956, Ceutí-Murcia), es hombre de palabra, serio, respetuoso, comprometido con todo el mundo y de los que no escarmientan por no recibir a cambio ni una mínima parte de lo mucho que ofrece, aunque, como persona agradecida que es, reconoce que hay personas que valen mucho la pena y que en esta tierra ha encontrado gente entregada, personas nobles, sinceras, hospitalarias y cercanas con las que ha trabado una muy noble, sincera e inquebrantable amistad y a las que les tributa un claro y notable reconocimiento por lo mucho que le han ayudado, deja claro en la conversación que, con él, hemos mantenido.

Siete años justitos ha estado entre nosotros y ahora, después de una tarea impecable, deja la actividad, amistosa y negociadamente, por esas razones tan actuales que el sector bancario aplica a sus plantillas para rejuvenecer las mismas y aligerar el peso económico que representan en su balance. Pero, sea como fuere, nadie le va a quitar a nuestro protagonista lo mucho que ha hecho por el Noroeste murciano de forma tan natural como espontánea y, además, sin buscar nada a cambio, salvo el ánimo de agradar, servir, identificarse con esta comarca, trabajar por ella y colaborar con cuantos le han pedido ayuda, tanto profesional como personalmente. Y no solamente en sus tareas como Director de Zona de BMN-CAJAMURCIA en esta comarca, responsabilidad en la que era decano en la entidad presidida por Carlos Egea Krauel, sino favoreciendo el establecimiento de convenios de colaboración, adentrándose en el mundo cultural de forma intensa, asistiendo a actos sociales y participando en las actividades más relevantes de los diferentes municipios que conforman la referida comarca, sin olvidarse del bloque de poblaciones que integran la comarca del Río Mula, también incluidos en su responsabilidad profesional, una realidad de la que hemos sido notarios de excepción al publicar sus propias crónicas, de tales actos, en las páginas de este semanario. Ha mantenido una excelente relación con los dirigentes municipales que, en cada momento, han ocupado los escaños de las corporaciones locales. También se ha adentrado en los medios de comunicación con la soltura que en tal sentido le caracteriza. Ha sido favorablemente valorado por empresarios, comerciantes y clientes que han encontrado, en él, cercanía, atención, respeto, consideración y han sido escuchados, tratando, siempre, de buscarle solución a sus demandas, aunque, como él mismo reconoce, siempre habrá por ahí alguien que no se sienta así por no haber conseguido sus objetivos, quizás, por no reunir las condiciones adecuadas para ello, ya que el mundo financiero no puede funcionar basándose solamente en la amistad, pues a ello hay que sumar rigor, coherencia, capacidad de devolución de lo prestado y demás aspectos que este bancario ha cuidado, siempre, con esmerada y alta profesionalidad. Por eso, podemos asegurar que la mayoría se sumará al criterio de las numerosas condiciones favorables que atesora nuestro habitual colaborador. Seguramente, no serán pocos los que digan, muy justamente, que la banca pierde a un gran profesional, a un veterano y a una persona que le ha dedicado a su entidad todo el tiempo del mundo, pero lo que no perdemos es al periodista que lleva dentro, porque se ha comprometido con nosotros a seguir colaborando en este semanario, su querido “El Noroeste”, ya que tiene bien demostrado el aprecio que nos dispensa, la desinteresada colaboración que nos ha prestado y que, ahora, seguro, va a ser más amplia y constante, porque su tiempo se lo va a permitir con mayor holgura, olvidándose de aquellos tiempos en los que las noches y los fines de semana eran el refugio para escribir y otra injusta forma de escatimarle tiempo a su familia y a sus amigos, con el fin de cumplir la palabra que nos daba a nosotros, porque Pedro Antonio Hurtado García (16-10-1956, Ceutí-Murcia), es hombre de palabra, serio, respetuoso, comprometido con todo el mundo y de los que no escarmientan por no recibir a cambio ni una mínima parte de lo mucho que ofrece, aunque, como persona agradecida que es, reconoce que hay personas que valen mucho la pena y que en esta tierra ha encontrado gente entregada, personas nobles, sinceras, hospitalarias y cercanas con las que ha trabado una muy noble, sincera e inquebrantable amistad y a las que les tributa un claro y notable reconocimiento por lo mucho que le han ayudado, deja claro en la conversación que, con él, hemos mantenido.

“Ganamos a un amigo para siempre”, argumentan los compañeros que “le pierden” como profesional

Hemos conectado con varios de sus colaboradores, integrantes de ese amplio equipo que ha dirigido, tanto directores de sucursales, otros directivos y demás colegas. Todos coinciden en que ha sido compañero por encima de jefe, pero sin perder nunca el respeto a lo profesional, haciendo sencillo lo complejo, atendiendo siempre a “su gente” sin limitación de ningún tipo, porque utilizaba mucho el famoso refranero popular y, en tal sentido, acuñaba aquello de “entre el día y la noche, no hay pared” o lo de “no tengamos limitación de horario, ni fecha en el calendario”, porque, cuando había que afrontar un tema, no le importaba que fuera sábado, domingo o fiesta de guardar, al entender que detrás de cada asunto había un cliente y al lado de cada cliente una urgencia, un compromiso y una palabra dada. Tampoco le molestaba que le repitieran el mismo asunto varias veces, porque pensaba que era la única manera de que no se quedara nada injustamente “aparcado”. Y, a tal efecto, acuñaba aquello de “lo que abunda, no daña”, valores que, indudablemente, seguirá practicando siempre. Nos lo dicen sus compañeros hasta la saciedad, quienes se enorgullecen de haber tenido un jefe tan cercano, tan comunicativo, tan transparente y con tantas ganas de ayudar a todas horas, unas facilidades que no eximían, a nadie, de cumplir sus objetivos con el compromiso establecido desde el inicio de cada ejercicio. Eso sí que “era innegociable”, apostillan sus compañeros que sentencian diciendo que “le recordaremos siempre, porque hemos aprendido mucho de él y, aunque es cierto que hemos perdido a un gran jefe y compañero, hemos ganado a un amigo para siempre y, ahora, sin ninguna barrera jerárquica, porque Pedro Antonio Hurtado es sencillo, cercano, humilde y, al mismo tiempo, seriamente comprometido para todo”.

Huye de acomodarse
Al preguntarle sobre qué futuro tiene previsto alejado de la banca, nos manifiesta que está convencido de que le faltará tiempo, aunque pretende administrarlo lo mejor posible, pues quiere seguir cultivando el periodismo y la comunicación en general, por lo que no descarta colaborar con alguna emisora de radio, seguir presentando actos públicos en directo y participando en actividades musicales de cualquier naturaleza. Se siente muy joven, a sus 59 años, goza de mucha vitalidad y entiende que lo peor que podría hacer sería alterar el horario del despertador y acomodarse. La actividad es salud y, volviendo al refranero, “el movimiento se demuestra andando”.

Envidiable futuro de estas tierras
Respecto a las expectativas de estas tierras, manifiesta que ambas comarcas gozan de grandes empresarios, dispuestos a crear puestos de trabajo, comprometidos, calculadores, sensatos y prudentes, además de identificados con su tierra, su desarrollo y su futuro, así como floreciente agricultura e importantes cooperativas agroalimentarias. Alguna empresa productiva está entre las más consideradas de España y, otras, entre las 30 primeras de la Región de Murcia, lo que fortalece ese futuro que también pasa por el turismo, fomentando las plazas hoteleras y aprovechando las actuales comunicaciones que, ciertamente, habrá que mejorar ambiciosamente, pero que son adecuadas para lanzar, de momento, un plan turístico basado en la gastronomía, el paisaje, los valores arquitectónicos, los relevantes acontecimientos religiosos y la fuerza de las importantes fiestas patronales de sus municipios. Recomienda que nadie se afane en brillar en solitario y que lo mejor, para todos, es trabajar conjuntamente para enriquecer estas comarcas, olvidándose de las individualidades que no suelen ser útiles ni en el fútbol, al que no es aficionado, aunque sí taurino que, ahora, podrá presenciar las numerosas corridas que ofrecen en televisión.

Su inconfundible “sello”
Despedimos a una persona querida que, seguro, visitará el Noroeste con frecuencia, así como la comarca del Río Mula, porque, en ellas, ha cosechado amigos y “ha echado raíces” propias, hasta sentirse como en su casa. Suerte, ánimo y no nos olvides. De momento, esperamos tus colaboraciones que, ahora, insistimos, serán más copiosas, ¿verdad?. Y, si no, iremos a rescatarte a tu casa, en Llano de Molina. Acabamos con “tu sello” y va por ti: “buenos días”.