Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Hace apenas un mes, los acordes del pasodoble “Pedrín Moreno” volvieron a escucharse en la Calle Mayor de nuestra ciudad. Como todos los años, asistí a este acto, que para mí tiene una gran carga emotiva, y también, como todos los añpedrin-moreno-lucesos, volví a constatar el desconocimiento y olvido hacia este novillero caravaqueño, del que se recuerdan ya muy pocas cosas, generalmente, las menos representativas y reveladoras de su personalidad. A pesar de los pocos años transcurridos desde su muerte, su figura ha ido desapareciendo de la memoria colectiva de nuestra ciudad, motivo por el cual he decidido dedicarle este artículo, no a modo de biografía, para la que necesitaría mayor documentación y dedicación, sino como cariñoso recuerdo a su singular figura.
Pedrín Moreno tuvo una carrera larga e irregular, que se desarrolló durante 3 décadas, siempre como novillero, logrando importantes éxitos que le llevaron a presentarse en Madrid, en la Plaza de Vista Alegre, en 1951, obteniendo asimismo destacados triunfos en la mayoría de las plazas donde actuó. Dejaremos para otra ocasión posterior el análisis y comentario de su trayectoria profesional, rememorando en esta entrega sus anhelos, ilusiones y primeras experiencias taurinas.
Pedrín nació en una familia muy taurina, su padre fue Pedro Antonio Moreno, un acaudalado banquero local, cuya afición a la fiesta de los toros le llevó a desarrollar cierta actividad en este sector, ya que fue mentor y “apoderado de la sombra” del diestro caravaqueño Pedro Barrera, al que le pagó su primer novillo e incluso fue padrino de su boda. Respecto a su afición a los toros, conozco también su participación en un festejo benéfico realizado el 2 de noviembre de 1920 para recaudar fondos con destino a costear unas obras en el Santuario de la Vera Cruz. En esa ocasión Pedro Antonio Moreno lidió y dio muerte a un novillo de López Chicheri con notable éxito, según recoge la prensa regional: “Pedro Antonio Moreno coge los trastos y saluda a Lloverizo con un pase de pecho superior, repite con otros de varias marcas y le atiza una media lagartijera que hace morir a su contrario sin puntilla. Ovación, las dos orejas, rabo, abrazos, vuelta al ruedo, cigarros, copas y otros aditamentos”.
La afición le surgió a Pedrín muy tempranamente y con tan solo 12 años tuvo su primera experiencia ante el público; fue el 24 de junio de 1942 en un festival a beneficio de la Stma. y Vera Cruz organizado por Pedro Barrera para cumplir la promesa que había realizado a la patrona de Caravaca agradeciéndole los logros conseguidos en su primera temporada como matador de toros. El cartel lo formaron, además del propio Barrera, el murciano Juan Gallardo y el caravaqueño Antonio Ródenas, que se presentaba por primera vez ante sus paisanos, lidiándose reses de Gerardo Morcillo. Pedrín tuvo una breve intervención que no pasó desapercibida ni para sus paisanos ni tampoco para la prensa, de manera que, al día siguiente, el prestigioso crítico taurino Leopoldo Ayuso comentó así su actuación: “Llamó poderosamente la atención la actuación serena, brillante y valerosa del chaval Pedrito Moreno, que dio varios lances toreando por verónicas y chicuelinas con mucho temple y mandando bien. Se le ovacionó con mucho cariño”.
Tras esta positiva experiencia, su siguiente objetivo fue la lidia y muerte de un novillo, en este caso un eral. La ocasión se presentó en la feria de octubre de ese mismo año, en la que participó en un festival dividido en dos partes, consistiendo la primera en el espectáculo cómico-taurino “Vagón Exprés Musical” y, la segunda, en la actuación de los novilleros locales Antonio Sánchez “Niño de Caravaca”, Pedrito Moreno (en aquella época se anunciaba así) y Alfonso del Toro. Nuevamente causó sensación y la prensa se volcó con él, La Verdad reseñó así su actuación: “El héroe de la tarde fue el joven aficionado caravaqueño Pedrito Moreno, un chaval que tiene hechuras de fenómeno y que demostró que si cultiva sus aficiones puede llegar a primera figura. Con la capa y la muleta entusiasmó a la concurrencia pues hay en el muchacho tanto arte y dominio como gracia taurina y matando estuvo muy certero. Cortó las orejas y el rabo y fue sacado a hombros”, mientras que Línea decía de él: “Pedrín Moreno, todo un niño valerosísimo, asombró al público con su labor meritísima, toreando con temple, gracia y dominio a su becerro, al que hizo una faena superiorísima por naturales, estatuarios, de la muerte y manoletinas, que levantaron verdaderas nubes de aplausos. Fue sacado de la plaza en hombros, justo premio a la labor de un niño que promete ser nada menos que todo un hombre de matiz excepcional como torero”. El éxito fue impresionante y sus paisanos empezaron a considerarlo como una firme promesa, el buen aficionado local Ginés Fuentes, director del programa taurino “Volapié” en la emisora Radio Caravaca, publicó en el diario Línea un emocionando y entusiasta comentario, calificando al joven diestro como heredero del maestro Barrera: “Recibió a su becerro con una serie de verónicas tan lentísimas que podían contarse las pulsaciones, terminando con una media de imponderable estilo trianero; instrumentando después varias chicuelinas de perfecta ejecución y elegancia. Con la franela hizo locuras; la faena clásica, sin toques de pitón, ni rodillazos. Siempre de pie y en los medios, recibió al becerrete con dos estatuarios modelos de precisión, tres en redondo sublimes, para cambiarse la muleta a la izquierda y suministrar tres naturales imponentes ligando con el de pecho a fuerza de aguantar, majestuoso, e intercalando, como únicos adornos, dos manoletinas soberbias, que puro cordobesas, emborracharon”.
En el invierno de 1943 acompañó a Pedro Barrera a varias tientas en Salamanca y Andalucía, circunstancia que aprovechó para prepararse y aprender todo lo que pudiese del matador caravaqueño. En marzo de ese mismo año compartió cartel con Pedro Barrera en un festival a beneficio de la Stma. y Vera Cruz. Tuvo lugar el 28 de marzo, lidiándose reses de la ganadería de Félix Herranz, completando el cartel Pablo Gonzalez “Parrao”; los tres triunfaron, recibiendo merecidos elogios: “No es un caso fortuito; es nada más que la plena confirmación de sus dotes artísticas, de sus cualidades excepcionales, de su afición sin límite, el caso de ese chaval, de ese Pedrín Moreno, que empieza teniéndole que hablar de usía y que cuando llegue habrá que inventar un tratamiento para hablarle, por la vulgaridad de los que existen en el argot taurino. Otro exitazo de este chico que fue sacado en hombros del público por la puerta mayor, con las orejas y el rabo del becerrote. ¡Que inmenso estuviste, Pedrín!”.
Por fin, en la feria de octubre de 1943, consiguió hacer realidad su sueño vistiéndose de luces por primera vez ante sus paisanos. La novillada sin picadores se celebró el 8 de octubre, teniendo como compañeros de cartel a “Cagancho hijo” y “Niño de la Palma hijo”, suponiendo un nuevo éxito para el joven caravaqueño. En 1944, a punto de cumplir los 15 años, inició su trayectoria profesional, actuando en nuestra plaza tanto en las fiestas de mayo como en la feria de octubre. En los años sucesivos su carrera fue afianzándose, consiguiendo sumar en la temporada de 1945, 12 festejos, y 14 en la siguiente.
En 1946, los maestros Martín Alonso y P. Asensio le dedicaron el pasodoble referido al principio, que tuvo un gran éxito a nivel nacional (todavía se escucha en muchas Plazas de Toros y fiestas populares) y que en nuestra ciudad, patria chica de Pedrín, tuvo una repercusión especial, cuya letra alude al valor, juventud y arte del joven novillero caravaqueño: “Allá en el redondel lancea Pedrín/Es una pugna a muerte desigual/Un rudo y fiero animal/y un niño luchan a morir/Y en aquel choque viril/bello y pleno de emoción/vence el arte de Pedrín/ En el cielo de Espartero/del Guerra y Pedro Romero/un nuevo astro se eleva…/Pedrín Moreno por nombre lleva/Esta la Fiesta de fiesta/España vive otra gesta/al surgir, de genio lleno/ Pedrín Moreno, Pedrín Moreno”.