PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

FOTOGRAFÍA: JOAQUÍN CLARES

No es lo primero que escribe, pero, de nuevo, presenta libro. Ya lanzó “La muerte del minotauro”, novela de gran aceptación que gozó de un excelente protocolo de presentación y no menos buena acogida. E hizo muchas más cosas que ahora no queremos que nos desvíen la atención, porque lo que nos importa, en estos momentos, es la fecha del 9 de Agosto, día elegido para presentarnos “Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión – Crónicas y entrevistas 1992-2017”, largo título para una no menos larga trayectoria que, además, brilla con luz propia en el firmamento literario, porque nos encontramos sentados frente a un escritor de sentimiento, flamencólogo de calado, consumidor de obras literarias que devora como hambriento campesino alejado de la civilización durante varios días, actitud que mantiene desde su más tierna infancia, lo que le ha proporcionado una afición convertida en devoción y plena de ejercicio propio. Natural de Espinardo, como nuestro obispo, José Manuel Lorca Planes, donde también nació, en 1953, nuestro entrevistado, Patricio Peñalver Ortega, por lo que en este año actual de 2018 alcanza la edad oficial de jubilación este escritor, periodista, flamencólogo y hombre de dilatada proyección en sus creencias literarias, musicales y comunicadoras que ejerce con limpieza, brillo luminoso y respeto inmaculado hacia el lector, el género y la profesión.

Una cultura a prueba de bombas

Puede que muchos le cataloguen de raro, pero su única extravagancia, si es que se le puede calificar así, es la de haber alimentado su alma, regado su espíritu y fortalecido su personalidad con lecturas bien seleccionadas, arte del más auténtico, vivencias colmadas de interés y cultura a prueba de bombas, como nadie podrá discutirnos.

Su compañía rezuma clase, nivel, conocimiento y, al mismo tiempo, que es todavía más importante, sencillez, humildad, sosiego, relajación y tranquilidad presidida por una calma especial y notable.

Periodista comprometido

Desde los inicios de los años ‘80, ha entregado su vida al periodismo en medios como “Diario 16”, “La Opinión”, “La Verdad” o la “Agencia EFE”, con rango y cobertura regional, en unos casos, y nacional, en otros.

Su bien cultivada trayectoria ha dado como frutos entrevistas de naturaleza cultural, crítica literaria, análisis flamenco que, además de en prensa, ha divulgado en medios radiofónicos y visuales como “Onda Regional de Murcia”, “Onda Cero” o “Canal 7”.

Pero, hoy, como diría Umbral, nos interesa, sobre todo, su libro, pero también La Unión y su “Festival Internacional del Cante de las Minas” que se celebra estos días.

El melancólico cante minero

Respecto al certamen unionense, nos comenta que “el primer recuerdo que tengo del Festival se produce una noche de verano; en el patio de mi casa, con olor a jazmín. De pronto, a través de la radio, escucho unos cantes mineros con aires de melancolía y una cadencia de semitonos que me llaman poderosamente la atención. Y, ahí, queda almacenado ese recuerdo. En la década de los ’80, me incorporo al certamen por vez primera y asisto a alguna que otra actuación; hasta que, en 1992, coincidiendo con mi etapa periodística en “Diario-16 Murcia”, comienzo a cubrir la información del festival y publico los primeros artículos. Hago lo propio, después, en diversos medios de comunicación, hasta llegar a los últimos 25 años ininterrumpidos que ya llevo ocupándome de esta tarea. Si observo este libro de crónicas y entrevistas que publico, ni yo mismo me lo creo, por impensable en tiempo pretérito”.

Un libro a base de crónicas y entrevistas

Y cuando nos interesamos por los contenidos de lo que nos va a presentar, argumenta que “en este libro reúno esas crónicas y entrevistas, desde 1992 hasta 2017, tal como en sus fechas se publicaron en los distintos medios de comunicación. Como el flamenco no es otra cosa que sentimiento y pasión, y algo que no se puede simular a la hora de interpretar, quizás por eso, al tener que pasar los textos desde esas páginas de los periódicos al ordenador, he observado que cada año escribía, también yo, con el estado de ánimo que entonces tenía. Y, así, también compruebo que la inspiración, o eso que llamamos “duende” en el flamenco, aparece en ciertos momentos y, seguramente, de la forma más inesperada y repentina”.

Respecto al estilo practicado, añade que “obviamente, en todas estas crónicas existe una prontitud. Por eso, el estilo periodístico tiende a la ligereza, pues uno escribe sabiendo lo efímero de la hoja de papel del periódico, y no piensa que, años más tarde, todo ese material se pueda reunir, como sucede en esta ocasión. De tal manera que, después de tener que volver a leer todo lo escrito, observo que, al menos, soy fiel a mí mismo, en los planteamientos y en la estética. Y, lo que es más sorprendente, después de muchos años, creo que he terminado, igualmente, por imitarme a mí mismo, que tampoco está nada mal, especialmente como grado de fidelidad propia”.

Todo eso que nos comentas, Patricio, es meridianamente cierto, hasta tal punto que tu pluma, como tal, y tú, como dueño de la misma, habéis adquirido una dimensión, un respeto y una categoría en el mundo del flamenco, entre otras disciplinas, que tu opinión es considerada, valorada y tenida muy en cuenta. Llamar “crítico” a un periodista, escritor o narrador, ¿son palabras mayores?.

Un cronista o reportero que no se considera crítico

En realidad, yo no me considero un crítico en el sentido literal de la palabra, me veo más con la etiqueta o en el papel de cronista o reportero. A la hora de enfocar el trabajo, me gusta más relatar lo que acontece en la escena, lo que pasa antes y después en la trastienda, y las reacciones que el espectáculo suscita en los espectadores y, a veces, hasta otorgarle unas notas de sociedad, al nombrar a cierta gente que asistió y resaltarla en letra intensa, como aquellas inolvidables negritas de las columnas de Francisco Umbral. Si yo tuviera que hacer una crítica, me bastaría con diez o doce líneas. Al margen de contar lo que cantó tal artista, todo lo demás es un abalorio, una opinión personal del que escribe, siempre subjetiva. Yo no suelo entrar en las filias y fobias de los críticos o flamencólogos. Siempre intento ser imparcial en mis apreciaciones, me guste más o menos la forma de cantar de cada uno.

“O se canta bien o se canta mal, no existen más alternativas”

Actualmente, los artistas que llegan a lo más alto del escalafón suelen ser muy profesionales –apostilla Patricio-, y se cuidan mucho, por lo que es muy difícil que un cantaor lo haga rematadamente mal; puede tener una noche más acertada que otra, pero, si es un gran cantaor, es un gran cantaor, haciéndolo, incluso, hasta debajo de la ducha. Y, así, puede ocurrir que lo que, para uno, es un gran cantaor, no resulte igual en la opinión de distinto interlocutor, al considerar que el gran cantaor es otro. Obviamente, el que a él le gusta. Y, ahí, viene la diferencia de criterio, ¿por qué?. Porque el flamenco tiene una gran variedad de matices y existen múltiples maneras de sentir sus vibraciones. Y muchas voces, en el tono, el timbre o en el volumen. Y los hay que prefieren las voces graves y otros las agudas, pero, al final, todo se resume en que o se canta bien o se canta mal. Y, ya digo, un cantaor, puede tener mejor o peor noche, pero, para desentonar o ir cruzado con la guitarra, tiene que estar un poco tocado, del otro lado. Casi siempre que decimos que un cantaor ha estado bien o regular, lo estamos comparando con otra actuación anterior. Y, así, se oye: bueno, ha estado bien, pero es que lo vi en Málaga, por ejemplo, y estuvo mejor.

Una facultad de copioso aprendizaje

Escuchar a Patricio es embelesar descarada e inesperadamente, porque sus conocimientos son profundos, técnicos, sentidos, medidos, estudiados, fortalecidos y de gran valor en todos los sentidos. Por eso, si no fuera por las lógicas limitaciones de espacio, nos quedaríamos hablando, con él, con mayor profundidad, intensidad y prolongación en el tiempo, porque nos sentimos como en una facultad de copioso aprendizaje en todas las disciplinas del saber que maneja, razón por la que no queremos desaprovechar la oportunidad para que nos comente, con su atinado criterio, lo que piensa sobre eso que se ha dado en llamar el “reposo del espectáculo”.

Sí, es cierto. A veces, es conveniente reposar lo visto, dejar pasar un tiempo. Cuando escribes “en caliente”, las palabras y las ideas surgen de otra manera y, por consiguiente, la redacción fluye y se compone de diferente forma. Hubo un tiempo, como unos doce años atrás, que escribía la crónica para la “Agencia EFE”. Los espectáculos terminaban sobre las 2:00 de la madrugada y yo tenía que enviar la noticia a Madrid antes de las 4,30. Apenas tenía un par de horas. No disponías de un espacio para reposar y darle un tiempo a lo que habías visto, así que tenías que tener las ideas claras. Esa etapa, me hizo perder alguna cena y su correspondiente juerga, después de las actuaciones, especialmente con algún artista que me encantaba. Y, en esa época de “EFE”, también tenía la responsabilidad de que mis crónicas se publicaban en decenas de medios de toda España y podía escuchar cómo, al día siguiente, lo que trasladaban los informativos de las diferentes cadenas de televisión, era, literalmente, lo que yo había escrito en la crónica.

Una maravilla, una gloria, un privilegio y un honor contar con un entrevistado de la talla, categoría, formación, cultura y conocimiento de Patricio Peñalver que, además, es accesible, sencillo, simpático, chocante, amable, puro y purista, serio sin ser triste y cercano siempre. Suerte con tu nuevo libro, porque, después de tantos años de trabajo intenso, riguroso, abnegado y comprometido, te la mereces de verdad. Buenos días.