ANA MARÍA VACAS MARTÍNEZ-BLASCO

Todo aquel que conoce sus raíces, sabe sin ninguna duda que el arte corre por sus venas a raudales. Pascual Adolfo López Salueña, comienza en su infancia el proceso de aprendizaje artístico en el taller de su padre, captando la maestría con la que daba forma a cada uno de los trabajos que su particular maestro realizaba sin descanso e investigando posteriormente en la adolescencia las múltiples variantes dentro de este ámbito, hasta encontrar su camino tan claro en su mente como agua cristalina. Sus manos decidieron su destino por designio propio, no cabía otra vía para que aflorara su talento.


Yo tuve la suerte de compartir estudios, en la Escuela de Arte y Oficios de Caravaca. Estando él presente en clase, quedabas tremendamente impresionado al observar como trabajaba con sus manos un trozo de arcilla, (ayudado sutilmente por sus conocimientos de anatomía) hasta conseguir piezas llenas de sensibilidad, en solo unos minutos; conseguía sin ningún esfuerzo poner en evidencia el artista pleno que ya con esta edad manifestaba.
Finalizada esta etapa determinante en su afirmación, prosigue su formación en la facultad de Bellas Artes de Granada, compaginando a la vez los estudios de Vaciado y Talla en Piedra en la Escuela de Arte y Oficios de esta misma ciudad. Pero su inquietud marca sin ninguna duda su destino marchando a cursar la especialidad de Escultura en Barcelona.
Su estima al concepto de oficios, lo llevan a intentar formarse en varias disciplinas siempre para enriquecerse personalmente y así encontrar diferentes formas de expresión viajando a Zaragoza, donde reside durante seis años en un taller de Grabado con artistas de gran relevancia, momento álgido dentro de su carrera profesional.
Barcelona es la ciudad donde definitivamente encuentra un ámbito perfecto para llevar a cabo sus proyectos de talleres en Centros Culturales, donde dirige a un público juvenil, consiguiendo una distinción importante dentro del mundo artístico como son los premios FAD, por su trabajo innovador.
Vive durante un tiempo en Lanzarote, adquiriendo formación en forja, talla madera, ebanistería, resinas, cualquier elemento con el que pueda manifestarse.
Su presente lo lleva a realizar diseño de joyería, ilustración, y todos los senderos culturales a los que están destinados las personas que como Pascual Adolfo tienen hambre de saber, verdaderos “hombres del renacimiento”, humanistas.
Cree sobre todo en el arte y en la persona como vehiculo para su expresión, se aleja de convencionalismos donde las exigencias están marcadas por el interés, siendo su propio representante y exponiendo donde verdaderamente se siente cómodo. Valora la intención, la buena energía y el valor individual, y es consciente que su exigencia personal no dejara que abandone su formación nunca, porque siente que es su manera de identificarse con aquel primer taller de su padre al que respeta y venera. Ser crítico consigo mismo además de honesto en el cometido que se plantea desde el comienzo de su carrera, es lo que hace que aumente su talento, y que encuentre sin cortapisas la manera de embriagar al público con su obra.
Mi respeto profesional por el Artista al que reconozco una enorme capacidad de comunicación, fuerza expresiva, y compromiso social. Será un honor acompañarlo con esta reseña durante este trayecto del camino.
Ana María Vacas Martínez-Blasco