PASCUAL GARCÍA

De Marcial puedo decir muchas cosas, pero hay dos en concreto que me fascinan: la primera es que lo sabe todo de muchos asuntos que también me interesan a mí, como la tauromaquia, y la segunda que posee el secreto del duende y, además, lo entiende n los otros; de manera que si unimos el conocimiento fruto del trabajo y la dedicación a una gracia especial para entender el mundo, la fórmula nos da un personaje extraordinario, llegado de la propia tierra pero al cabo de asuntos tan humano y divinos como el arte, la sabiduría, la templanza y un sentido del humor inequívoco.

No voy a negar que vengo admirando a este hombre desde que mis años de adolescente, que he seguido su labor, incluso en el ámbito político, y que admiro de él su honradez, su insistente e incómoda actitud crítica en un pueblo que, además de la infinitud de virtudes, posee, como muchos otros, no nos engañemos, el defecto imperdonable de no saber ni querer juzgarse a sí mismo.

Marcial se ríe de su sombra pero también se ríe de la sombra de los otros, los circunspectos que parecen mirar el mundo desde la altura de los dioses y a los que les importuna sobremanera que alguien les señale las evidentes taras y los fallos repetidos, los sectarios que no son capaces de encajar una crítica por muy constructiva que sea.

Marcial es diferente, molesto y no siempre entendido por todo esto, porque no se calla nunca, ni debajo del agua, y porque sabe de lo que va el asunto que trata. Ahí están sus libros para testimoniarlo, su traba constante, callado, luminoso, en beneficio siempre de Moratalla, aunque algunos se empeñen que el amor a este pueblo es un asunto exclusivo de ellos.

Trabajar toda la vida de maestro, ennoblecer la palabra, investigar acerca de las raíces del pueblo donde uno ha nacido, reflexionar sobre su identidad y su Historia y dar a conocer constantemente esta tarea es una labor única, reservada a los enamorados de su tierra, a los tocados por la gracia de la palabra luminosa y de la inquietud permanente por el saber.

El libro que nos ocupa esta noche, Moratalla, p a s e o por su

h i s t o r i a, editado por un amigo común, el librero de lujo, Pedro Jesús Ibáñez Talavera, constituye la versión definitiva de la historia de nuestro pueblo, la obra canónica que ha de quedar, por encima de otros títulos de menor calado que todos conocemos y hemos leído o consultado alguna vez, porque el libro de Marcial aúna el rigor de su exhaustiva documentación, fruto de un proceso investigador inasequible al desaliento que data de muchos años atrás, y el correcto, elegante y un punto literario uso de la palabra, en la que el autor evidencia su viejo y acendrado gusto literario.

El libro recorre el espacio prehistórico e histórico con una ligereza y una enjundia tales que en ningún momento se permite aburrir a un lector ajeno    a esta tierra, pero para el que se acerque a este libro con la curiosidad comprensible del que ha nacido en estos lares la sorpresa serán aún mayores, porque asistirá a un viaje fascinante por los diversos estratos de todas las edades, desde la edad de la caza, la revolución neolítica, los tiempos de los metales,pasando por la Edad Antigua, donde no elude la Moratalla ibérica y la romanización, así como Edad Media, en la que bucea sin miedo y con conocimiento en la cultura musulmana moratallera, la época santiaguista, los años de frontera, sus señas de identidad y una mención imprescindible al fenómeno del Aparecimiento, mientras que en la Edad Moderna dirige su mirada a aspectos sociales y económicos del momento, al asunto de los comendadores absentistas, a los conflictos y banderías, a los alcaldes mayores y a la corrupción e intentos reformistas, entre otras cosas de obvio interés. Y en la Edad Contemporánea principia por la guerra de la Independencia, aborda la Moratalla isabelina, la Moratalla de la Restauración, no evita la II República ni el Franquismo, que siempre han sido temas espinosos.

De los tiempos actuales, de los que el historiador ya ha sido testigo invoca la esperanza en la recuperación y el protagonismo perdido con la energía de un hijo al que le duele la tierra. La obra se clausura con un glosario y un listado de comendadores.

Además de la imprescindible y abundante documentación, este es un libro para leerlo y disfrutarlo, para aprender y desterrar viejos mitos y falsos chauvinismos y patrioterismos, para saber más sobre nuestro pueblo.