JOSÉ CARLOS GOZALBES

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Anoche en el programa «partido de las doce», una niña de 14 años que ejercía el arbitraje llamada Zaira declaraba; «En un partido no vi una mano y un padre me dijo que no valía para arbitrar pero sí para trabajar en una casa de citas». La barbarie sigue siendo protagonista en la gran mayoría de partidos de fútbol base. Y gran parte de esta culpa la tienen aquellas personas que dirigen o coordinan los clubes o entidades deportivas, responsables de gestionar medidas de prevención para remediar este problema.

Llevo desde 2007 entrenando niños, desde prebenjamines hasta juveniles. Conozco todas las etapas y por lo tanto todos los perfiles negativos de padre/madre que existen. Entrenador, histérico, ausente, protector, crítico, periodista, representante, «protestón», … y lo preocupante es que la mayoría de ellos no son conscientes del gran daño que hacen a sus hijos. Viven como al margen de la realidad, en otra dimensión paralela. Personalmente, siempre que he detectado este comportamiento que afectaba a alguno de mis equipos, lo he tajado de inmediato con una primera reunión y de persistir el problema una conversación individual cara a cara. Por lo tanto el entrenador, si observa pasividad por parte del club, tiene la obligación de solucionar este problema de inmediato. Y no hay peros que valgan.

Un padre/madre debe saber en primer lugar que su hijo no es un futbolista en miniatura, sino un niño jugando a un juego llamado fútbol. Que está en plena formación y pertenecer a un grupo va más allá de meter goles o hacer paradas. Un padre/madre debe de ser un ejemplo para su hijo y comportarse educadamente mientras observa el partido. Animar debe ser su principal preocupación y velar porque haya siempre un ambiente sano y de deportividad. Tiene que comprender que la envidia y la agresividad, no son positivos ni para su hijo ni para sus compañeros. Que no contagie su estrés o frustración en los niños, que ellos solo quieren divertirse con sus amigos. Esto que suena a tópico y resulta tan obvio, es respetado únicamente por un escaso porcentaje de padres.

Antes de que arranque la temporada, me gustaría dejar algunos consejos para padres y madres que tienen a su hijo «jugando» en un equipo de fútbol. Esto es, a mi juicio, lo que no deberían hacer jamás:

No gritar durante el partido.
No protestar al árbitro.
No insultar.
No generar polémicas con padres del equipo rival.
No dar referencias sobre aspectos tácticos o técnicos durante el partido. Ya hay un entrenador.
No alabar las acciones durante un partido de su hijo delante de amigos, conocidos, familiares …
No obsesionarse con los resultados de los partidos. Ganar no es lo más importante.
No presionar al niño ni antes, ni durante, ni después del partido.
No criticar a los compañeros de tu hijo, sino animarles para potenciar su autoestima.
No mostrar desinterés y ausentarse a la mayoría de partidos.
No hacer crónicas de los partidos y colgarlos por la red. «Mi Jonathan ha metido 3 goles»
No cambiar constantemente de equipo priorizando la categoría por encima de valores tan importantes como la amistad.
No contactar con representantes si tiene menos de 16 años.
Recuerda esto bien. Lo más importante de todo es que tu hijo se divierta, sienta verdaderamente tu apoyo y seas un espejo donde mirarse. Eso implica ser educado y respetuoso. Preocúpate porque esté en una escuela de fútbol o club a cargo de un monitor o entrenador bien formado, honrado y buena persona. La categoría, hasta categoría infantil, es lo de menos. Y créeme, en el fondo, esto es tan solo un juego, nada más.