Pedro Antonio Hurtado García

Las recientes lluvias, por todos recordadas, generaron desbordamientos de ríos, viviendas inundadas, comercios con irrecuperables pérdidas de mercancía, sótanos embalsados y demás adversidades. Archena, Molina de Segura, Los Alcázares, Orihuela, Dolores y Almoradí, entre otros muchos municipios, son vivo ejemplo del desastre que han provocado esas intensas lluvias, ocasionando, además, el rescate de numerosas personas de sus habituales viviendas.

Vemos lugares que se pueden considerar auténticas ramblas y que, en algunos casos, lo fueron, en su día. Lo primero que cabría es preguntar por los responsables de la concesión de licencias de obras en esas zonas, o por qué no se derribaron las viviendas, en su momento, si fue la iniciativa privada la que “se atrevió” a edificar sin los pertinentes permisos.

Parece que, cuando hablamos de pantanos y demás fórmulas de embalse de agua, todo lo transferimos al régimen franquista. Es verdad que se construyeron infraestructuras de esa naturaleza durante el mandato del dictador. Absurdo, negarlo. Pero, eso, no quiere decir que no se puedan seguir construyendo y buscando fórmulas adecuadas para asegurarnos nuestros veranos con cierta garantía hídrica, tanto para la agricultura como para el consumo humano, en una tierra, como la nuestra, la del Sureste español, donde la escasez de agua es evidente.

Ramblas y lugares semejantes deben irse habilitando para acopio hídrico, en vez de viviendas que, antes, durante o después, seguirán dando disgustos en forma de irreparables pérdidas humanas. ¡¡¡Penoso!!!.

Insuficientes resultan los pantanos en zonas bajas. Y, si no llueve en las altas, por mucha inundación que se produzca, nos quedamos como estábamos: agua caída desperdiciada y sin que sirva para nada, salvo para causar cuantiosos daños. Claramente, necesitamos más pantanos. Buenos días.