PEPE FUENTES BLANC/ESCRITOR

Con el sugerente título de PAISAJES DE VID’a, el pasado jueves, 1 de septiembre, se inauguró en Bullas una exposición que no deja indiferente. Se puede contemplar en la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura, que acogerá la muestra hasta el próximo 12 de octubre organizada por el ayuntamiento de Bullas y el patrocinio del Instituto de las Industrias Culturales y las Artes de la región de Murcia, dentro del Plan de Espacios Expositivos EXE. La presentación la hizo Alfonso M. Sánchez López, concejal de cultura del ayuntamiento de Bullas.

Paisajes de vid’a

El autor de las esculturas es el artista bullero Antonio Fernández Espín, quien alberga una extensa trayectoria en el ámbito de la creación en hierro y en forja, además de llevar varias décadas formando a jóvenes y adultos en todo lo que se refiere al hierro y su transformación.

Antonio Fernández nos introduce con sutileza en su universo creativo, marcado por la huella indeleble que la Naturaleza, la tradición y la historia han grabado en su alma de artista. La fusión del hálito antiguo con la esencia más contemporánea de las cosas del vino genera un resultado atrayente que nos inmerge en el espíritu de la realidad vitivinícola a través de los siglos. Y no se circunscribe esta perspectiva solo a Bullas o a la demarcación que abarca el sello de la Denominación de Origen Protegida que ostenta, la universalidad que destilan las obras convierte esta exposición en merecedora de exhibirse en otros marcos territoriales, sobre todo en aquellos relacionados con el vino.

La trayectoria de este artista es límpida e impecable, fundida sin remedio en el crisol del tiempo y de la experiencia, que vierte en la cazoleta de ensayo el trenzado magistral que une arte y artesanía. Cuando en temprana edad Antonio comenzara a trabajar en un taller familiar de cerrajería, pronto mostraría sus habilidades en eso de retorcer hierros e improvisar formas. Tardó poco en descubrir que el hierro se le presentaba con oportunidad para transformarlo por medio del fuego.

Podemos imaginar aquel momento emocionante en que Antonio blandiera por primera vez el martillo marro y golpeara sorprendido un trozo de plantilla recién sacada de la fragua, apostada incandescente sobre algún viejo yunque. La percepción, por parte del sujeto, de que el cerebro comunica a las manos y luego estas ejecutan y hablan, evidencia la certeza de que el hombre se expresa a través de la materia que transforma; y es ahora donde ya sí podemos hablar de artista, cuando, una vez conseguida la maleabilidad del hierro, el autor consigue hablarnos en cada rizo, en cada giro, en cada voluta. No nos equivocamos, entonces, si reseñamos que Antonio Fernández tiene alma de artista y manos de artesano, fundidas ambas en un maridaje atractivo y perfecto.

Los que conocen a Antonio Fernández saben por su aspecto físico que bien podía ser algún personaje incógnito de La Fragua de Vulcano, de Velázquez, o el reflejo de un fiel pupilo del dios Hefesto en el Olimpo griego, explorando hasta la saciedad los entresijos del fuego como uno de los elementos básicos del universo. Tierra, fuego, aire y agua se dan cita en este artista y propician la primigenia tarea que dotó en otros tiempos al herrero, y a su oficio, de un carácter mágico con poderes especiales para dominar y controlar el metal más duro y más útil entonces conocido. Hubo un tiempo en que la sociedad colocaba al herrero al mismo nivel que los médicos y los astrólogos o sacerdotes. La necesaria afinidad de estos con los dioses para garantizar la cura de enfermedades y la predicción de acontecimientos, era equiparable a la conexión que se le exigía al herrero con el cielo para que el metal fuera bendecido y que no se quebrara en la batalla.

El artista junto con la Alcaldesa y concejales del Equipo de Gobierno

En la referencia mitológica de más arriba, el dios Hefesto de los griegos, patrón del fuego de la Tierra Interior, tenía por esposa a la bella Afrodita, la Venus romana diosa de la hermosura, del amor, de la fertilidad y de la sensibilidad. Y es la sensibilidad una cualidad tanto indispensable como necesaria que Antonio Fernández destila a raudales desde su alambique personal y humano.

Entre las obras que se exponen destaca la reproducción en hierro de una obra pictórica tan emblemática como es El triunfo del dios Baco (o Los Borrachos) de Diego Velázquez, así como la colección de tareas relacionadas con el cultivo de la vid que el autor reproduce otorgando relieves mágicos que invitan al que las contempla a entrar en la escena.

En fin, tenemos la oportunidad de disfrutar ahora en Bullas de lo que expresa Antonio Fernández Espín, artista sensible y siempre comprometido con su tiempo que nos regala PAISAJES DE VID’a.