JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

En una mañana de sábado, para molestar lo menos posible, se marchó Paco Pim en busca de “su Carmen”, y dejando atrás una muy larga estela de recuerdos, recompensada con satisfacciones sin cuento de las que ha disfrutado plenamente.

JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIAC

En una mañana de sábado, para molestar lo menos posible, se marchó Paco Pim en busca de “su Carmen”, y dejando atrás una muy larga estela de recuerdos, recompensada con satisfacciones sin cuento de las que ha disfrutado plenamente.

Aunque no nació en Caravaca, se sintió plenamente caravaqueño, y vivió su dilatada vida en actitud de servicio constante a los demás. Hay recuerdos, y muy gratos suyos, en el fútbol, en el Círculo Mercantil, en el mundo de la festero, en la semana santa y en el seno de la Cofradía de la Cruz, entre otros sitios, pues en todo cuanto se requirió su presencia, la prestó de manera desinteresada, implicándose en cuerpo y alma en ello.

Tras años en la empresa privada, como empleado por cuenta ajena, cursó estudios de Graduado Social montando su propia empresa desde la que ayudó a tanta gente que sería imposible calcular su número. Primero en su provisional ubicación en la calle del Pilar (“el yunque” en palabras suyas), y luego en la Gran Vía, Paco Pim fue durante años el “paño de lágrimas” de gentes de toda clase y condición a quienes sacó de apuros administrativos, agilizó la burocracia relacionada con la Seguridad Social y, desde la más estricta legalidad (en la que siempre se movió), “arregló los papeles” a iletrados y doctos, para la consecución de pensiones, por muy difíciles que fueran los casos.

Trabajador incansable, la luz de su despacho se encendía muy de mañana cada día, y era de las últimas en apagarse, sobre todo en fechas señaladas de cada mes, cuando la documentación de la Seguridad Social lo exigía.

El trabajo era su disfrute y, robándole horas al descanso aún sacó tiempo para dedicarlo a tantas actividades locales por todos conocidas.

Conocido en toda la Región, ha tenido hasta su muerte amigos en todas partes. Ha abierto muchas puertas y se le han abierto a él, precisamente por su total desinterés personal.

Amigo de todos, siempre cultivó la virtud de la amistad íntima con un amplio grupo de personas a quienes siempre nos sorprendió con su buena memoria y el aporte de información de lo más variado.

Requerido por todos y para todo, sólo puso un tope a su actividad y fue al mundo de la política, precisamente por su natural temperamento, que le impedía predisponerse con nadie. Declinó en varias ocasiones ofertas para encabezar listas al gobierno municipal, habiendo colaborado, sin embargo, con todos y en todo.

Por ello, Caravaca le correspondió en vida, marchándose tras haber tenido la satisfacción de disfrutar de homenajes, como la dedicación de una plaza pública en la ciudad, que otros no han llegado a ver vivos, y la alegría de ver a su nieta Gloria concejala del Ayuntamiento.

Su partida deja un poco huérfana a una sociedad que no podrá ser la misma sin él. Sin su consejo siempre ponderado. Sin la ilustración con su prodigiosa memoria, de aspectos concretos al devenir general. Sin su presencia, en fin, en todos los actos que tuvieran lugar en la ciudad.

Paco Pim ha sido un personaje de excepción. Uno de esos personajes de los que una generación puede presumir, y de los que tan poco generosa se muestra la vida en dar a un pueblo. Su personalidad arrolladora, su sencillez, su sabiduría y su solidaridad son virtudes que adornan la orla del recuerdo donde la Historia Local ha colocado ya su figura.