JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

En mayo de 2002 cerró sus puertas tras casi cuarenta años de servicio permanente a los caravaqueños, la emblemática Librería Liceo, todo un referente en la cultura local, cuyo dueño aceptó sacrificar su apellido en aras del nombre de aquella: Paco Liceo, un símbolo cultural en la reserva tras su jubilación. Un gran reserva de la bibliofilia hispana que acumuló 91 años de experiencia a sus espaldas junto a la dignidad propia de haber sido durante muchos lustros El señor de los libros.

Los orígenes de la Librería Liceo fueron inmateriales. En 1936 Francisco Medina Marín (Paco Liceo), llegó a alquilar en 3000 reales un local en la Plaza del Arco (donde durante muchos años vino funcionando la Agencia Rubio), para abrir una librería. El proyecto lo truncó el comienzo de la Guerra Civil y no tuvo su materialización hasta mayo de 1963, veintisiete años después, cuando Paco se asoció con otro gran bibliómano: Tomás Marín Martínez, a quien acababa de fallar su socio inicial: Pedro Pérez Sánchez. La Librería Liceo se abrió en la Gran Vía y bajos del entonces edificio conocido como de Luís Jiménez, lugar donde se mantuvo fiel a su clientela y a su tertulia, por el que comenzó pagando de alquiler 250 pts. mensuales.

La memoria de Paco Liceo era prodigiosa, como tantos recuerdan. Entre otras muchas cosas actualizaba en el tiempo, sin esfuerzo alguno, que el primer dinero que entró en la caja registradora del comercio fue un billete de 25 pts. que conservó durante años; y que sus primeros clientes fueron el médico Ángel Martín, el profesor José Antonio Ruzafa y Pedro Angosto. Sin embargo, la fama del establecimiento fue en aumento llegando clientes de otros lugares para abastecerse de la bibliografía más actualizada. Es el caso del capellán emérito de la Stma. Cruz Pedro Ballester, quien ejerciendo su ministerio sacerdotal en Lorca, contactó con Paco para que le proporcionara libros de difícil acceso en otras librerías. El general Alfonso Armada Comín, se extrañaba, en 1973, de la actualidad de sus existencias. El premio nobel de literatura Camilo José Cela le envió un ejemplar de La Colmena, dedicado por ser la suya la librería donde más se había vendido ese libro en toda España, y Fernando Vizcaino Casas decía haber firmado más ejemplares de sus libros en la librería Liceo de Caravaca que en Murcia.

La librería Liceo nació con vocación de biblioteca más que como negocio lucrativo. Allí se aconsejaba al lector indeciso, se conocían los gustos literarios de profesionales liberales a quienes la clientela no sabía qué título regalar, y se estableció una tertulia que, con diversos tertulianos, siempre funcionó desde el principio al fin.

De los primeros momentos de la citada tertulia (en la trastienda o en el espacio dedicado a los clientes) Paco recordó siempre la presencia de Juan Antonio Elbal, Diego Jiménez, Pedro Angosto; los médicos Alfonso Zamora y Faustino Picazo (quien allí tenía su propio paquete de cigarrillos marca Ducados). El profesor Pedro Navarro y el párroco José Barquero Cascales. Más tarde se incorporaron a la tertulia Jesús Navarro (el del Juzgado), el sacerdote Padro Ballester, el escultor y profesor Rafael Pi Belda, José Antonio López (el Jata), el también profesor Juan Manuel Villanueva y otros cuya enumeración sería prolija.

En 1987 llegó a Liceo la prensa, venta que hasta ese momento había monopolizado Pedro Montoya en la denominada Librería Nueva de la calle Mayor. Por entonces, los caravaqueños leían, fundamentalmente el ABC como periódico nacional, y La Verdad como diario regional, a mucha distancia respecto a los demás medios escritos.

A la hora de evocar aquel templo de la cultura local caravaqueña que fue la Librería Liceo, no hay más remedio que recordar a su propietario: Paco, quien a diario recorría las calles de Caravaca, sin apoyo alguno de bastón, aunque siempre lo tuvo preparado para cuando lo necesitara, con empuñadura de plata, que le regaló hace muchos años Dª. Mercedes Rosello.

Paco nació en eledificio del Ayuntamiento, pues su abuelo: Julián el del Ayuntamiento era conserje del mismo, y su madre Teresa la del Ayuntamiento fue a dar a luz a casa de sus padres, como era costumbre hasta la llegada de la higiene hospitalaria. Con 12 años comenzó a trabajar vendiendo cartuchos de almendras saladas. En 1931 se colocó como alpargatero en la fábrica de Esteban el Moreno, y en 1934 como ayudante en el recién inaugurado Bar León en la Plaza del Arco (donde hoy abre sus puertas el bar La Bodega, y antes Electrodomésticos Morenilla). Ascendió a camarero en 1936, siendo sus compañeros Alfonso el Pavas, Simón el de la Panza y Juan el Linero. En esta época ganaba siete pesetas semanales. A finales de 1937 se incorporó al ejército en la Escuela de Carros de Archena para luego pasar, como Jefe de Carros, al Frente de Extremadura. Pasado el período bélico y el consabido tiempo en la cárcel, formó parte del personal que atendió aquel complejo local de recreo que fue Las delicias (1945), donde hoy se encuentra el Instituto Ginés Pérez Chirinos, hasta 1947 en que entró como camarero en el bar La Oficina donde se casó con la hija de su dueño: el popular Chairo. En 1950 pasó a la cafetería Dulcinea (año en que se inauguró aquel negocio de restauración).

Cuando Paco Liceo se dedicó a su verdadera vocación: la librería, simultaneó durante años en trabajo en Dulcinea con los libros, hasta que definitivamente optó por ellos hasta su jubilación laboral. Sus hijos decidieron la clausura de la librería en la primavera de 2002 como se ha dicho, treinta y nueve años después de su apertura, sin que en la memoria de muchas generaciones haya desaparecido el lugar como sitio de referencia urbana.

Hablar con Paco Liceo en el sosiego merecido el otoño de la vida, fue siempre un agradable paseo memorístico por la historia contemporánea de Caravaca, con ilustraciones muy diversas y de la más variada naturaleza. Sus vivencias políticas y sociales (narrando y sin entrar en opiniones personales) actualizadas en el tiempo con gran lucidez mental, le hacían el mejor testigo de acontecer cotidiano de la segunda mitad del S. XX . Paco Liceo fue, en acepción felizmente acuñada por la UNESCO, lo que podríamos considerar un verdadero Tesoro Humano, durante los años en que pudimos disfrutar de su presencia antes de morir, en 2011.