Ya en la calle el nº 1047

Paco Carreño Espinosa: “La poesía, lo reconozcamos o no, jamás supera su condición oral, siempre es dicha, siempre escuchada”

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

El pasado viernes, 10 de noviembre, Paco Carreño Espinosa presentó su libro/poemario llamado ‘Realidad’. En el acto, le acompañaron el Concejal de Cultura, Antonio José Espín, Ignacio Castro, filósofo y Luis González Adalid, editor.  

 Paco Carreño, también es autor de los poemarios ‘Calblanque. Entre el agua y la piedra, entre la voz y la palabra’ (CAM-Zambucho Edic.), ‘Gabinete de sombras’ (La Factoría de Papel) y ‘Todos los días’ (Casus Belli).

¿Por qué escribe Paco Carreño Espinosa?

Escribir parece algo voluntario, pero hay fatalidad en ello. No tenemos tanto margen de libertad como creemos, afortunadamente. De hecho, demasiadas opciones a veces hacen más difícil el encuentro con la naturalidad, con la vocación. Eso es algo que se insinúa en el libro al reconocer cierta superioridad en lo inanimado por su facilidad para alcanzar, a través del sometimiento a una sola opción, lo que Ibn Arabi llamaba un conocimiento probatorio inmediato, es decir, sin las mediaciones que necesita el ser humano. Por otra parte, ¿hay una tarea más importante para un poeta que la celebración de las mil nupcias entre destino y voluntad?

¿Cuándo comenzó a escribir poesía?

Comencé casi de niño, tras la visión de una golondrina muerta en un patio de Bullas. Descubrí de algún modo una revelación en aquel pájaro muerto, un compromiso con la renovación de la vida y una necesidad de transmitir un secreto que nos rodea por todas partes. Hay algo de negación de la realidad en ello, pero no me cabe ninguna duda de que en eso soy un fiel discípulo de esa misma realidad. Aquella experiencia me asaltó como un enigma fundacional que iluminó todo a partir de entonces y me retó a aceptar que cifrar y descifrar en poesía son lo mismo. Desde entonces para mí no hay posibilidad de comprender que no pase por la creación.

Paco Carreño Espinosa: “La poesía, lo reconozcamos o no, jamás supera su condición oral, siempre es dicha, siempre escuchada”
Paco Carreño Espinosa: “La poesía, lo reconozcamos o no, jamás supera su condición oral, siempre es dicha, siempre escuchada”

¿Qué se va a encontrar el lector en “Realidad”?

En primer lugar, un libro magníficamente editado por Luis González- Adalid, con una portada literalmente maravillosa. A continuación, el lector encontrará, espero, la demostración de que en poesía cualquier artificio procura, en realidad, ser fiel a un origen natural. Es decir, si usamos una metáfora, es porque la propia naturaleza establece analogías y ofrece seres que intercambian identidades, mariposas que son flores, o sinécdoques, hojas que son árboles. Un gusano que se convierte en un ser alado es para un poeta una lección que luego él desarrollará en su escritura con inevitables paradojas. El libro trata de mostrar esa maestría locuaz que viene de lo que, en principio, no habla.

¿Cómo ha sido la presentación en Bullas?

Para mí, lujosa. Acompañado de Luis González-Adalid e Ignacio Castro, cuyas intervenciones me dejaron mudo, pues era difícil añadir algo a lo que ellos comentaron. Además, tuve la suerte y el honor de estar arropado por la corporación del Ayuntamiento de Bullas (Lola Muñoz, Antonio Espín, Pepi Toledo, Alfonso Sánchez, Agustín Vicente) lo que significa, si creemos en la democracia representativa, estar acompañado por todo el pueblo. Me hacía la ilusión de que así estos poemas, sobre todo a través de las palabras de mis compañeros de mesa, llegaban indirectamente a todos los que no habían podido o no habían querido venir.

Alguien del público llegó a decir que había sido la mejor presentación de su vida. Con seguridad exageraba, pero me consuela y me induce a pensar que no estuvo mal del todo.

¿Qué le ha llevado a publicar con la editorial La nube de piedra?

Fue el editor quien me propuso empezar la colección con este libro, que él ya conocía. Hay un poema que habla de rocas parecidas a nubes y de nubes parecidas rocas, de movimiento en la quietud y quietud en el movimiento. Supongo que algo de eso lo invitó a publicarlo.

Usted tiene ya varios libros publicados, ¿cómo ha cambiado el proceso de creación en ese tiempo?

En este caso no hay correspondencia entre la publicación del libro y su escritura. Realidad es anterior a Todos los días, que salió hace un par de años. Me gusta que sea así, volver a libros de los que no puedo cambiar gran cosa más allá del título, que resisten a las transformaciones del autor y no se dejar modificar por inquietudes y propósitos muy diferentes.

En cuanto al proceso, me temo que me enfrento en cada libro a retos que yo mismo desconozco en el fondo; a extrañas persistencias y obsesiones, a ritmos y fórmulas que se me imponen cada vez y no son válidos en otras ocasiones.

¿Qué autores le han influido?

Toda una constelación, no solo poetas. Hay, desde místicos árabes de la Edad Media, como Ibn Arabi, a quien quizá me haya acercado más bien buscando una complicidad en la comprensión del mundo inanimado, hasta músicos de rock como Lou Reed, que tiene magníficos temas dedicados a la desaparición. Y, por supuesto, poetas: William Blake, cuyo poema «Rosa enferma» me perseguía en aquella época; Edmond Jabès, quien me invitó a pensar que toda mirada, para serlo de verdad, ha de ser correspondida; Emily Dickinson, que dice haber visto los ojos de los brezos. Y también novelistas: Alfred Jarry, capaz de contemplar un paisaje como si fuese una sinfonía, o Peter Handke, que se permite tratar con los lugares, según decía él mismo, «en persona»

¿Su poesía se lee mejor en silencio o en público?

Toda poesía hay que leerla en público, incluso cuando leemos en soledad, en silencio. Nada puede acallar la entonación, el ritmo. La palabra, en cualquiera de sus formas, es incompatible con el silencio. No estoy haciendo para nada una defensa del ruido, de la verborrea, sino más bien de la música, también de la música callada de las cosas, de la conciencia que está por todas partes. En ese sentido, la poesía, lo reconozcamos o no, jamás supera su condición oral, siempre es dicha, siempre escuchada. Es el género en el que más claramente se evidencia que una oración siempre es algo que nos une. Del mismo modo que las palabras establecen dependencias entre ellas dentro del discurso, al pronunciarlas, interior o exteriormente, nos enlazan con el mundo, con los demás, con lo desconocido.

¿En algún momento ha pensado en tocar otro género literario?

Claro, y lo he hecho. Hace unos años publiqué la novela La segunda vida, mejor acogida en parte que los poemas, seguramente por ser un género de aceptación más extendida. En ella «los malos» son unos empresarios de macrogranjas, adeptos a la moderna pseudorreligión de la Cienciología que se aprovechan sin escrúpulos de las ansias de reconocimiento de una familia dominada por la necesidad de «ser alguien».

También he escrito, relatos, guiones cinematográficos y ensayos sobre temas variados. Sea el género que sea, lo que escribo va siempre en la misma dirección: intensificar la percepción de la realidad y ofrecer lo contemplado, si me permites usar las mismas palabras de este libro, «como si allí jamás / hubiese ocurrido todo»

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