Juan de Dios Morenilla

Qué difícil se hace escribir la semblanza de un gran amigo recientemente fallecido cuando te une una sana amistad de casi medio siglo. Paco Sánchez Reinón, “Bachini”, como le llamábamos cariñosamente los amigos, era tan prudente que en vida no hubiera querido dedicarle estas letras en un periódico. Él se merece recordarlo ahora, públicamente. Paco, el hijo de Blas “de los Dimas”, pasó por la vida de puntillas para no hacer ruido, sin embargo, ha dejado una huella indeleble a todos los que tuvimos el privilegio de compartir amistad. De carácter introvertido, tenía una memoria privilegiada y gran cultura general -“gracias a la radio”, decía él-; era meticuloso en todo lo que hacía y muy cuidadoso con su salud y alimentación. En su labor de asociacionismo, el sentido común, generosidad y honestidad  engrandecían su altruismo. Si alguien le consideraba parco en palabras o cortante, en parte era por su pragmatismo y porque no aguantaba las falsedades o fantasmadas, “tonterías las justas”, podía espetar.  Se conformaba con poco para vivir, de ahí su austeridad, que le hacía llevar una escueta vida social.

En la clausura del congreso de Caravaca sobre buitres

Bachini era festero, fue fundador del grupo cristiano Caballeros de San Jorge de Alfama. Lo que no saben muchos de los nuevos “San Jorges” es que el grupo se formalizó en su casa en una primera reunión de fundadores el 4 de mayo de 1974. Su principal afición, la observación, estudio y defensa de la naturaleza de la comarca noroeste, la desarrolló desde el ecuador de los años 70. Si hoy existe una población estable de buitre leonado y cernícalo primilla en la región de Murcia es gracias a gente como él pues contribuyó en buena medida al éxito de los proyectos de recuperación de las dos especies de rapaces, entonces prácticamente extintas. Todavía recuerdo como si fuera ayer los dos primeros “fiambres” que llevamos en su 600 al primer comedero de buitres de Caralluma; apenas pudimos cerrar con unas cuerdas el capot y las patas de las ovejas sobresalían del precario maletero…, un viaje de locura imposible de hacer hoy.

En una etapa de su juventud, eligió una vida hacia el interior. En los últimos años se volcó en el cuidado de su madre, lo que hizo limitar las salidas fuera de su “área de confort” a unos pocos viajes con su cuñado a Gontar de Nerpio, a la comarca turolense de Gúdar-Javalambre, o con el grupo de amigos de Caralluma a  censos y anillamientos de aves en la comarca. En este último tramo de la vida, preocupado por el dichoso covid19, redujo al mínimo las salidas al campo, que lo limitaron físicamente. Cuando le visitaba en su casa  le aconsejaba, para animarle a salir a la calle, que perdiera el miedo pues el ejercicio al aire libre, el sol, la alimentación y vida saludable son esenciales para el sistema inmunitario del organismo. Algo le decía su preciso reloj biológico que el tiempo iba en su contra pues el pasado mayo presentó su dimisión como tesorero de la Asociación Caralluma. Se estaba despidiendo de lo que habían sido los principales objetivos de su vida: el cuidado de sus padres, querer a sus hermanos, primos, sobrinos y resto de la familia, y la observación y conservación de la naturaleza.  Descansa en Paz, amigo.