Balbina Moreno Sánchez

Pedagoga – Logopeda
CDIAT AVANZA, Asociación APCOM

La Hipoacusia es la falta total o parcial de la audición. Esta es la alteración sensorial más frecuente del ser humano.Un niño sordo o con pérdida auditiva puede mostrar un desarrollo aparentemente normal hasta los 18-24 meses de edad, ya que hasta entonces el retraso en la adquisición del lenguaje se considera normal. La detección precoz evitará posteriores problemas tanto de audición como de lenguaje oral.
A pesar que de actualmente todos los recién nacidos pasan un cribado auditivo que mide la respuesta del oido interno al ser estimulado (otoemisiones acústicas), los padres debemos observar el comportamiento de nuestro bebé en los primeros años de vida ante los estímulos sonoros.

Las principales señales de alarma para la detección de una posible pérdida auditiva son:

0-1 año

 El niño no se tranquiliza ante la voz de los padres o de la persona cercana, necesitando del contacto físico para encontrar la calma.
 El niño es muy tranquilo y no se sorprende (no parpadea, ni se asusta,..) ante ruidos inoportunos, fuertes o alta intensidad.
 El niño no se gira hacia los sonidos y las voces familiares.
 El niño no busca fuentes de sonido girando la cabeza hacia ellas.
 El niño no comprende palabras familiares, no mira a papá, mamá o cualquier familiar cercano cuando se le nombra.
 El niño no comprende palabras que deberían serle familiares.
 El niño no juega con sus vocalizaciones, no balbucea ni imita vocalizaciones del adulto. Algunas veces los balbuceos se convierten en gritos de alta frecuencia.
 El niño no oye sonidos ambientales (timbre, teléfono,….)

1-2 años

 El niño no comprende órdenes sencillas.
 El niño no reacciona ni reconoce su nombre.
 El niño no presta atención a los cuentos que se le narran.
 El niño no identifica su esquema corporal.
 El niño no imita palabras simples.
 El niño no emite palabras espontáneas.
 El niño no canta ni tararea.

2-3 años

 El niño no realiza frases de 2 palabras.
 El niño no contesta a preguntas sencillas.
 El niño no responde a órdenes sencillas.
 Al niño no se entiende lo que dice.
 El niño no es capaz de repetir frases dadas por el adulto.
 El niño no indica ni localiza el origen de los sonidos.

Estos tres primeros años son fundamentales para la detección precoz de la sordera, por lo que ante cualquier mínima sospecha debemos acudir inmediatamente a consultar con nuestro pediatra.