ANY RUBIO

Cuando te planteas hacer un UltraMarathon, sientes un cosquilleo de valentía, miedo y algo de locura.
90k CAMINO DE LA CRUZ. No dudé un momento en intentarlo y, con mi compañera Isabel Martinez, empezamos a hablar de entrenamientos… imposible terminar con éxito una prueba semejante sin una mínima preparación.

Sería nuestro tercer Ultra, y la experiencia nos decía que no sería ninguna ventaja para nosotras que fuese en la Vía Verde, pues somos chicas de montaña.
¡Todo el verano entrenando duro.. para el que iba a ser el Ultra de nuestra ciudad!
Nos desplazamos el día de antes para la recogida de dorsales, encontramos amigos con la misma ilusión que la nuestra: cruzar la Meta.
La salida desde la Catedral de Murcia fue muy emocionante; llenas de energía y con los deberes hechos, empieza nuestra aventura a las 8 de la mañana.
Decidimos andicorrer… llegando así al km 33. A partir de ese momento, el sol era muy fuerte y pensamos en ahorrar energías y seguir andando.
No íbamos solas, nuevas amistades, cada una con su lucha personal, nos animaban y los animábamos… compartíamos experiencias…
Km 51, punto de vida y cambio de mochila… comer, aseo, frontal, algo de abrigo de cara a la noche y a seguir comiendo kilómetros… A partir del 60, el cuerpo se descompensa y hay que estar muy atentas a sus señales.
En un UltraMarathon hace mucha falta fuerza física pero también mental. Cuando llevas tantas horas te asaltan esas malditas ideas: «qué necesidad tengo yo», «para qué me meteré yo donde no me llaman»… Personalmente pienso en las personas que me quieren y me aprecian, que esperan mi llegada… Ahí es cuando el compañerismo y la amistad te dan fuerzas y te animan a seguir.
Andábamos muy rápido, tanto que algunos de los deportistas que iban corriendo no nos alcanzaban… Decían: «no he visto a nadie andar de esta manera chicas». Nos reíamos y nos daban un empujón con sus comentarios
Ya en el 70 llegamos a Bullas… parecía tan cerca la Meta, aunque aún nos quedaban unos 23 km por delante…Unas amigas salen a nuestro encuentro, nos traen coca cola… ¡qué poco se necesita para sentirse feliz!
Nos íbamos dejando muchos compañeros por el camino, conscientes de que la salud es lo primero, «no es fácil tener retirarse», aunque es la mejor opción cuando las fuerzas llegan al límite o tienes problemas físicos.
De noche nos acercábamos a Cehegín, donde mi familia esperaba con impaciencia y preocupación. Mi sobrino, con 10 años, salió a nuestro encuentro, fue uno de los momentos más emocionantes: «¿Tata estás cansada? ¿Necesitas agua? ¿Comida? ¿Tienes frio?” Los ánimos de las personas que quieres te ayudan a seguir…
Llegamos a la Estación de Cehegín y un nuevo grupo de amigos nos animaba en los que iban a ser los últimos kilómetros… ¡Cómo se agradecen!
Muy cansadas ya, y, con la vista puesta al Castillo de Caravaca, seguíamos andando y hablando emocionadas: «Si nos quedan fuerzas subimos corriendo la cuesta” Nerviosas… ¡lo íbamos a conseguir!
Una alfombra azul nos recibió, nos miramos, nos dimos la mano y subimos corriendo.
Cruzamos la Meta en 14:38», 93 kilómetro, para ser recibidas por amigos del Pr69 en un momento que jamás olvidaremos.
Felicidad sufrida y emoción a flor de piel… Una medalla, el Jubileo, felicitaciones.
Amistad, compañerismo, risas, incertidumbre, apoyo, sufrimiento y, al final, ¡otro reto conseguido!