MICAELA FERNÁNDEZ
Mula alberga, custodiada por la congregación de las hermanas clarisas en el Real Convento de la Encarnación, una reliquia de la Santa Espina de Cristo. Una de las astillas de la corona con la que los romanos se burlaron de Jesús. Un atractivo cultural de gran envergadura que sitúa a l

La Santa Espina

La Santa Espina

a localidad como uno de los principales exponentes dentro del proyecto de turismo religioso que abandera la Región de Murcia.

La reliquia llegó a Mula de manos de Fray Pedro de Jesús, vidente del Niño de Mula, y fundador del Real Monasterio bajo la protección del Príncipe Juan de Austria. Fue de manos de éste antes de morir de quien el fraile muleño obtuviera la salvaguarda de la Santa Espina antes de traerla hasta Mula.
Durante décadas permaneció custodiada por las hermanas de clausura y en 2016, tras una investigación previa, recibían la notificación de la Diócesis de Cartagena testificando la autenticidad del relicario a través de documentos del Cardenal Belluga y otros Obispos que recogían en sus escritos los testimonios de autenticidad de la Santa Espina.
Hasta la fecha han sido centenares las personas que semanalmente se han acercado hasta la capilla donde se encuentra la reliquia de la corona de Cristo para venerarla y ser partícipes del fervor que las hermanas y el pueblo de Mula mantienen sobre la misma.
Llegar al Convento de la Encarnación se convierte en el descubrimiento de algunos de los espacios más significativos de la localidad. Ubicado en pleno casco histórico, para llegar hasta sus muros, hay que atravesar gran parte del barrio judío. Empinadas cuestas y estrechas callejuelas que ofrecen al visitante una visión de la realidad humana y el espíritu sencillo de las gentes de Mula.
El visitante puede descubrir la grandiosidad de la Cuesta del Caño y la plaza del Ayuntamiento con sus palacetes y casas señoriales blasonadas. Seguir sus pasos hasta las parroquias de San Miguel, Santo Domingo y la ermita del Carmen. Situarse frente al Palacio del Marqués de Los Vélez o simplemente rozar los muros de la antigua ciudad medieval.
Mientras atraviesan la calle de las Monjas, recorrido final antes de llegar al Monasterio, los sonidos de la ciudad se desvanecen y el magnífico edificio de La Encarnación va tomando forma cuando se avanza a través de la calle.
La gran labor que están desarrollando las hermanas clarisas, tanto en el mantenimiento del Convento como en la difusión de la reliquia de la Santa Espina se hace sentimiento en cada visita. La puesta en marcha de una hospedería monástica con alojamiento para trece personas, el obrador de dulces, la devoción por el Señor de la Escalera o la sencillez de la capilla que alberga la espina de la corona de Cristo.
Una reliquia que unida a la riqueza patrimonial y cultural del municipio convierten a Mula en uno de los lugares de paso obligado por aquellas personas que sientan que la fe sigue formando parte de la sociedad actual. Una reliquia que une tradiciones y devociones en torno a Fray Pedro de Jesús y el Divino Niño de Mula ya que en los dos exponentes religiosos de mayor calado en el municipio y reconocidos en todo el territorio, el fraile vidente del Niño está presente.
Una espina que ya forma parte del futuro turístico del municipio y bajo el aura de su grandeza ya es uno de los símbolos más importantes de la localidad.