NOELIA GARCÍA BERBELL/COMPONENTE DE LA ORQUESTA DE CÁMARA DEL NOROESTE

Fotografía: ENRIQUE SOLER

Formar parte de la Orquesta de Cámara del Noroeste puede definirse en tres palabras: música, familia y hogar. Con la música, como es evidente, ponemos en marcha una serie de sonidos con nuestros instrumentos que nos hacen vivir unas determinadas experiencias, sensaciones y mensajes a transmitir al público. Además,  si esa música se conecta con amigos como es en este caso, los lazos musicales y emocionales (que van de la mano) se estrechan de manera mucho más fuerte para terminar formando nuestro hogar, ese en el que también participa el público de nuestra localidad. Todas esas sensaciones se transmiten al público y normalmente es lo que suele ocurrir, pues, cuando algo es cercano, conocido o de nuestra familia, la ilusión florece con más fuerza.

Público asistente al Teatro Thuillier

Dicha orquesta ha tenido el placer de elaborar dos conciertos en colaboración con el periódico El Noroeste. El primero por su vigésimo aniversario y el segundo, esta pasada navidad con un fin benéfico. Claramente, quien haya podido asistir a los dos pudo ver las diferencias entre ambos, esas que hacen que la orquesta pueda definirse como polivalente, con capacidad de adaptación, empatía por el público asistente y con un gran campo musical a su disposición que hace que cualquier persona acuda con una simple intención: disfrutar. Por ejemplo, en el primer concierto se llevó a cabo un repertorio más clásico y en el segundo, se introdujeron diferentes estilos y mayor variedad de instrumentos además de la cuerda.

Ese disfrute es el que los músicos tenemos en mente cuando tras plantearse un repertorio, estudiarse y ensayarse con el máximo esfuerzo se consigue el placer, conexión y reciprocidad de los paisanos sentados en el Teatro Thuiller. Tal acogida se pudo sentir que me atrevería a decir que el teatro se quedó pequeño. Como componente de la misma, me siento muy agradecida de participar en los distintos proyectos junto a compañeros de gran nivel y trayectoria profesional, viendo al mismo tiempo que tras años de horas de estudio dedicadas al violín, puedo reflejar mi trabajo y ver los frutos de forma exitosa sabiendo que mereció la pena aquello que escogí.

Caravaca está apostando por la cultura y para consensuar este hecho sería brillante que contara con una Orquesta residente en el territorio, en la cual, las personas jóvenes pudieran formarse, visibilizar su labor profesional y compartirla con el resto de la ciudadanía. A todos y a todas nos gusta escuchar música, asistir a conciertos de distinto tipo y a veces lo único  necesario es brindar oportunidades. Compartir es vivir y la música es una profesión que se comparte, ya que de lo contrario no tendría sentido.

Tener un calendario de conciertos fijados como Navidad, Año Nuevo, Semana Santa, Fiestas de mayo o verano ayudaría a reivindicar la personalidad, sacrificio, esfuerzo y pasión de los que la estudian de por vida, porque es una vida dedicada a ello.

Coro del Conservatorio de Caravaca

Hoy en día vivimos en la sociedad momentánea, de la rapidez, del “clic” y a la vez estamos sometidos a una gran contaminación sonora. A veces, tal es la contaminación de ruidos que asumimos como normales que no nos damos ni cuenta. Quizás, el parar, sentarse, apreciar el silencio (algo que forma parte de la música), compartir con los nuestros y escuchar sonidos que nos desintoxiquen puede ser una gran forma de contribuir a que algo momentáneo como el concierto pasado, se convierta en algo permanente.