Juan Antonio Martínez Piqueras
Bibliotecario

Para disgusto de los amantes de la poesía y la literatura en general, parece que el origen de la palabra escrita es algo tan prosaico como llevar las cuentas de las cosechas y recolecciones; cabezas de ganado, litros de aceite y celemines de trigo fueron parte Escritura cuneiforme de aquel primer vocabulario escrito, que pronto se sumaría a las obligaciones de entregar parte al dueño de la tierra, al rey o al sumo sacerdote.
La contabilidad y el derecho fueron pues las primeras fuentes de documentos que formarían primero archivos y después las primeras bibliotecas palaciegas que se han encontrado en excavaciones arqueológicas.
Para consuelo de literatos y poetas, pronto vendrían los textos religiosos (también con muchas leyes en forma de normas y mandamientos) y los cánticos de guerra y alabanza a los reyes victoriosos, pero además también muy pronto los relatos de la creación y del diluvio como parte de una cultura común a muchos pueblos situados en lo que hoy conocemos como Oriente Medio, lo que yo he dado en llamar “la cuna destruida de la civilización occidental”, pues ha sido y está siendo devastada por las guerras de Irak, Afganistán, Siria, Palestina, … entes político administrativos actuales que aún llamamos naciones o países sin que les dejen serlo realmente y cuyo suelo encierra los tesoros (tal vez bombardeados o expoliados) de un origen común del que deberíamos sentirnos orgullosos y ser capaces de proteger por encima de cualquier diferencia política, religiosa, o intergloblal.
Dicen que es preciso conocer para amar y si tuviéramos conocimiento sabríamos que a unos 55 km al sureste de Alepo, en la actual Siria, (sumida en una cruel guerra civil mantenida por intereses que nada tienen que ver con las personas que allí viven, o mejor dicho, mueren a diario) se encuentra una ciudad llamada Tell Mardikh, la antigua ciudad de Ebla.
Ebla fue un reino que ya existía al comienzo del tercer milenio antes de Cristo momento en el que llegó a ser un verdadero centro urbano. Es sobre todo famosa por los archivos hallados en el Palacio Real, con más de 20.000 tablillas escritas en eblaita y sumerio y escritura cuneiforme, datadas alrededor de 2250 a. C.
Esa colección de tablillas de arcilla cocida, contienen distintas temáticas, siendo las principales las que tratan de reyes y estado, lengua, comercio y religión. Es muy interesante comprobar como ya se encuentran aquí vocablos y relatos que a nosotros nos llegarían después a través de los libros contenidos en la Biblia, tales como la creación, el diluvio y los nombres de Abraham, David, así como una gran cantidad de topónimos de las ciudades que aparecen en el antiguo testamento. Las investigaciones realizadas a partir de esta biblioteca, permiten localizar, no solo el mundo arcaico de la cultura hebrea, sino que el hebreo es descendiente del eblaita, lengua en la que se escribieron las tablillas.
También Irak se desangra en una guerra que parece no tener fin. Allí, cerca de Mosul, se encontraba Nínive, descrita en el Libro de Jonás como «ciudad grande sobremanera, de tres días de recorrido» A orillas del Tigris, es ahora una inmensa zona de ruinas.
En las excavaciones de aquel yacimiento se encontró la primera biblioteca de la que se tuvo noticia durante mucho tiempo, como conjunto organizado de libros y documentos, iniciada por el rey Sargón II, que reinó desde el 722 al 705 a. C. y ampliada por el rey Asurbanipal (669-627 a. C.)
Se compone de unos 30.000 fragmentos de tablas de arcilla cocida escritas en cuneiforme por ambas caras
En ellas puede encontrase los temas más diversos:
• gramática
• diccionarios
• listas oficiales de ciudades
• tratados de matemáticas y astronomía
• libros de magia
• religión
• ciencias
• arte
• historia
• literatura
Como se puede observar, el abanico de conocimientos puestos por escrito había aumentado y se había diversificado.
Una de las obras más famosas de la biblioteca es el Poema de Gilgamesh, considerada como la obra narrativa más antigua de la humanidad con relatos de nuevo familiares, como la creación o el diluvio
Entre los profesionales de las bibliotecas, marca un hito la aparición en estas tablillas del Colofón, que aparecía en muchas de ellas indicando el título de la obra y datos para su catalogación, lo que denota un trabajo de ordenación y clasificación sistemática de la colección.
Como observarán los lectores, hemos remontado el origen de las bibliotecas 4.000 años atrás, cuando el papel no existía, lo cual debería ser suficiente para convencernos de la temporalidad de la asociación entre escritura y papel, entre libro y soporte, entre contenido y continente. Las bibliotecas contuvieron tablillas de arcilla durante siglos porque el ser humano usa los recursos que tiene a su alcance y por ende el papel no es más que un soporte más para dejar memoria de nuestras contabilidades, de nuestras normas y leyes, de nuestros códigos religiosos y crónicas de guerra, escritas casi siempre por los vencedores, y también de nuestros relatos, de nuestras epopeyas y de nuestros grandes y pequeños poemas de amor y soledad.
Hemos remontado, digo, esos 4.000 años y hemos viajado hasta el oriente del mediterráneo, donde florecían ya culturas e imperios, pero, siendo esta publicación de ámbito más cercano, me atrevo a lanzar el siguiente reto ¿qué pasaba aquí mientras tanto en lugares más cercanos?, ¿hay algo similar en la península ibérica, en el levante español, en lo que conocemos como Noroeste de la región de Murcia?….
Escribo estas líneas sin usar papel y lápiz, sin arcilla ni punzón….sin saber el soporte que usarán los lectores para acceder a ellas….
Y a las que continuarán…

Fuentes a consultar
• http://www.sedin.org/propesp/Mardikh-TELL.htm
• http://www.bloganavazquez.com/tag/biblioteca-ebla/
• http://www.xtec.cat/~jarrimad/historia/ebla/Ebla.htm
• http://es.wikipedia.org
• Escolar, Hipolito. Historia de las Bibliotecas. Madrid, 1987