CARLOS MARTÍNEZ SOLER
No seré yo el que defienda las series de televisión españolas, de hecho, aquí me habéis leído más de una vez despotricar de algunas de ellas, porque aunque a muchos les cueste reconocerlo, más del 50% de nuestras ficciserie-dreamlandones para la pequeña pantalla son auténtica bazofia, sino vean Bienvenidos al Lolita, Dreamland, etc.
Sentadas las bases de mi pensamiento, los números me quitan la razón, pues nuestras series son un fenómeno de masas en nuestro país, alcanzando cotas de audiencia para mí inimaginables. Soy consciente de que gran parte del público cuando se sienta delante del televisor sólo espera desconectar después de una dura jornada laboral, consumiendo por ello productos en muchos casos que no le supongan ningún esfuerzo, sino simplemente obras que les hagan reír, emocionarse, sufrir…, pero vacías de grandes contenidos intelectuales. Bastante hemos tenido a lo largo del día escuchando a gente dándonos sus monsergas que faltaría llegar a casa y escuchar más de lo mismo. Digo esto porque gente allegada a mí me ha manifestado esta idea. – Carlos, yo lo que quiero es desconectar, no me pidas que me ponga ahora a ver TheNewsroom-. Ante este argumento uno no puede hacer otra cosa que callar, quién soy yo para meterme con los gustos de la gente, en cualquier caso puedo valorarlos, pero nada más, porque como todos sabemos, para gustos los colores. Yo por el contrario prefiero True Dective a B&B, llámenme raro, pero es así. Dicho esto, me planteo si tenemos la televisión que nos merecemos, en cierta medida yo creo que sí, que productos como Sálvame triunfen no es fruto del azar, sino de un público, el español, muy poco exigente, que acepta el todo vale como algo muy nuestro, de ahí que prácticamente no rechiste cuando le programan al mismo tiempo dos series de supuesto tirón, véase el inicio de Velvet y B&B.
Sea lo que fuere, ¿nuestras series son para sentirse orgulloso? Los números dirán que sí, su discurso me hace pensar que no, pero ¿quién soy yo para juzgar?