Ana María Vacas

Fotografía: José Alberto Sánchez Porras

Sumergirte profundamente en  el  interior de la obra Olvido es fácil por la cantidad de detalles cuidados que te empujan a una historia llena de emociones atrapadas en el tiempo, a través de los siglos, que emanan a nuestro presente como una herida abierta y  se nos muestran con enorme sensibilidad.

María Reyes Aznar

María Reyes Aznar

Basada dicha obra  en una idea exquisita y enormemente desconocida para la mayoría de los jóvenes, que hoy día viven sumergidos en otros frentes y que se olvidan del recuerdo de estas generaciones tan importantes para el posterior desarrollo de nuestra España actual… La valentía de tratar la injusticia histórica para asentar en el presente la idea primaria y conceptual de Olvido, ya es un enorme esfuerzo, propio a su vez de su escritora, actriz y directora, María Reyes Aznar, que no conoce límites para expresarse en un monologo lleno de vida, que nos traslada sin preámbulo a la verdad ocurrida en inicio en Toledo para continuar por toda España en 1492. La violencia  hacia el pueblo Judío, como podemos observar se repite como una onda cíclica,  pero aun así no se graba en nuestra memoria para intentar respetar y volvemos a caer reincidentemente en el despropósito de querer manejar las mentes y valores de los demás,  como hicieron en este caso los Reyes Católicos, por considerar a los judíos un peligro para la pureza de la fe,  con posible grave riesgo de heterodoxia e incluso el criptojudaismo o falsa conversión. María Reyes Aznar con su compañía  de Teatro Finalis Terra, nutre su alma una y otra vez de manera recurrente con la historia para presentarnos con una enorme profesionalidad la triste y real injusticia.

La bellísima historia que nos cuenta (una de tantas ocurrida en la época), es la conversión de una familia judía y el casamiento de su hija con un  cristiano viejo. Pero no es posible abrazar otra religión en la que fervientemente se cree de un día para otro aun temiendo la muerte, por ello María de Santa Cruz (nuevo nombre cristiano de la hija) se ve incapaz de consolidar su matrimonio y renunciar a toda su vida, sus creencias, la perdida de sus hogares, sus recuerdos…Esta controvertida realidad la lleva a la desesperación en el día de su boda.

La interpretación soberbia de una novia atorada por la decisión final, recorriendo los pasillos del patio de butacas hasta llegar al escenario, magistralmente vestida por el diseñador Francisco Rivero, nos sitúa en un escenario marcado por el simbolismo y lleno de reminiscencia del pasado. La puerta nos conduce símbolo central de la obra y su llave, única herencia que dejaban los judíos  expulsados de generaciones a generaciones para que conservaran sus descendientes por si en un futuro pudieran volver a sus hogares en España y que tengo constancia es una realidad visible sobre todo en la ciudad de Toledo visitada por numerosos turista judíos.

Presentación llena de recursos bien empleados; la música soberbia cumple el papel primordial de vestir palabras y gestos, actúa como un verdadero transportador a ese año convulso, construida  a través de la transmisión oral y cuyos arreglos han sido realizados por el guitarrista Ramón Vergara junto con la impecable interpretación de varios músicos como  Ana Morenilla,  Luis Cantó Cuadrado, María Pilar Zamora, Ana Fernández, Samuel Marín y Máximo Zarzo, consigue ahondar  en el interior del espectador, haciéndole sentir intensamente el momento. Esta bellísima composición de efectos y afectos nos invita a recapacitar  sobre esta tajante resolución del Edicto de Granada que antepone la vida de muchos judios al miedo eclesiástico de perder el poder.