DE CARA

Pedro Antonio Hurtado García

Nos formaron para tener constancia inequívoca de que el título de propiedad es el documento insustituíble que, con los “cajetines” estampados por Oficina Liquidadora y Registro de la Propiedad competentes, acreditan al titular como propietario del bien.

Con la aparición del movimiento “ocupa” que, si se nos permite, escribimos sin usar la inoportuna “k”, inventada, quizás, en este caso, para darle no sé qué diferenciación al así denominado, llega el titular “atropellado” a su domicilio y se lo encuentra “ocupado” y con diferente cerradura.

Que tenga que litigar para recuperarlo no cabe en cabeza sana. Si el propietario goza del título que le acredita como tal, no tiene por qué andar litigando, enfrentándose y demorando el uso de su vivienda, ni 24 horas, ni un segundo. ¿O es que dispone de otro título notarial el “ocupante”?.

¿Para qué está la justicia, si no?. Para defender al ciudadano “atropellado”. En el cine, teatro, polideportivo o cualquier recinto público, te ausentas para ir a los servicios, cantina u otro lugar y basta con dejar una rebeca o complemento cualquiera para, luego, encontrar el asiento disponible y, de no ser así, poderlo recuperar. Y, además, sin título de propiedad. Y, con la escritura a tu nombre, ¿hay que recurrir al litigio?. Tiene guasa, por no decir ninguna palabra malsonante.

Entonces, ¿para qué pagamos transmisiones patrimoniales, actos jurídicos documentados, notaría, registro y demás aranceles establecidos, a qué nos da derecho todo ese conjunto de gastos?. No puede entenderse, y mucho menos admitirse, que un propietario tenga que pasar días, y hasta meses, fuera de casa, esperando una resolución judicial que debería resolverse sobre la marcha, ¿o no sabemos lo que estamos diciendo?. Buenos días.