Doctora Lidia Robles Rodríguez/Rehabilitadora en el Hospital Comarcal

Desde que un estudiante de 18 años decide entrar en Medicina hasta que consigue un título de médico especialista pasan once años. Seis años de carrera, un año estudiando una oposición que debe aprobar y que le permitirá escoger especialidad y el hospital donde se formará y cuatro o cinco años trabajando como médico interno residente (MIR) hasta obtener su título de especialista. Como pueden suponer, la formación universitaria es cara y un país no se debería permitir formar universitarios para dejarlos desempleados, por eso, la entrada a las universidades está limitada con los números clausus. La oferta anual de plazas MIR se modifica según las necesidades de especialistas.

Faltan médicos especialistas en España y corregir esta situación costará lustros de buena planificación sanitaria. No se han evaluado bien las necesidades de la población cada vez mas envejecida ni el impacto de las jubilaciones de los profesionales en las plantillas.

En nuestra Área de Salud tenemos un grave déficit de médicos especialistas tanto en Primaria como en el Hospital. Este problema que lleva años se ha agravado en los últimos tiempos. Si una plantilla no está completa los médicos que quedan tienen más presión asistencial. Aunque intenten sobrecargarse, llega un momento en el que no es posible dar respuesta a la demanda, las listas de espera comienzan a aumentar y la calidad de la asistencia puede verse comprometida. Nuestro trabajo es vocacional y no prestarlo con las suficientes garantías nos genera un estado de ansiedad permanente.

Cuando hay trabajo en todos los hospitales los jóvenes especialistas prefieren irse a los grandes centros porque hay menor presión asistencial, más recursos, medios técnicos, oportunidades de promoción profesional, formación etc. Los hospitales pequeños no pueden competir con los grandes con la normativa actual.

La solución debe ser política, técnica, de planificación a medio y largo plazo y con voluntad de mejorar la asistencia. Hay que incentivar a los jóvenes especialistas para que vengan a las áreas pequeñas ofreciéndoles oportunidades similares a las de los grandes hospitales (dar clases en la universidad, investigar, hacer la tesis doctoral, formarse y por supuesto trabajar con calidad). Hay que invertir en tecnología, hay que escuchar lo que tienen que decir y permitirles dar soluciones a los problemas que van surgiendo porque todos, absolutamente todos quieren mejorar la atención a sus pacientes. No es una cuestión de incentivos económicos, debemos ver voluntad política para ofrecer una asistencia sanitaria efectiva, eficiente y equitativa para todos los murcianos aunque vivan alejados de la Capital.