FÉLIX MARTÍNEZ/FILÓSOFO

Hablamos largo y tendido del tiempo, puede ser uno de los temas más recurrentes que empleamos, con especial atención al momento en encontrarnos con una situación incómoda con otra persona. Sin embargo, ¿qué es eso del tiempo? Veamos algunas curiosidades.

Gregorio XIII

La pregunta se las trae. No es una cuestión banal ni baladí. Considero que para nosotros es mucho más sencillo remontarnos a nuestra cultura grecolatina. Etimológicamente viene del término latino “tempus”, el cual hace referencia al momento o instante. Sin embargo, podemos remontarnos hasta la Grecia arcaica (siglo VIII, a. C.), a la Teogonía de Hesídodo, donde el tiempo es concebido como Aion; eternidad, emparentado con el dios Cronos, el cual, en la Gracia clásica (siglos IV y V a.C.) pasó a concebirse como medida. Así, Aristóteles en su obra Física, Libro IV, lo considera como la medida del cambio de un fenómeno percibido por el alma.

En las antiguas civilizaciones podemos hablar del nacimiento de los calendarios como medición del tiempo, donde en un primer momento estaban marcados por la órbita lunar. En el antiguo Egipto (al principio del tercer milenio antes de cristo) aparecerían los primeros calendarios solares, apareciendo así el reloj de sol y el reloj de agua (clepsidra), el cual se usaba fundamentalmente de noche. El nacimiento de esta nueva forma de medición estaría emparentado con las tareas de labranza en los campos.

Así, el tiempo fue avanzando, nunca mejor dicho, pasando por el calendario juliano(introducido por Julio César en el 46 a.C. Ese año duró 455 días). Julio César se había servido del calendario egipcio, sin embargo, ese calendario duraba exactamente 365 días. El calendario juliano, como el egipcio, fijaba un año de 365,25 días, es decir, 365 días y 6 horas. Pero en el siglo XVI astrónomos de la Universidad de Salamanca descubrieron que un año en realidad duraba 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos. Cada año se habían contabilizado 11 minutos de más, durante siglos, lo que provocaba que el cálculo de las estaciones, las cosechas y, especialmente, la festividad cristiana de La Pascua, sufriese un desfase.

Esta anomalía supuso que se agregaran dos meses extraordinarios llamados Merkedinus de 33 y 34 días entre noviembre y diciembre, así como otro mes intercalado en febrero. A partir de la introducción del calendario juliano, se acordó que todos los años constaran de 365 días, a excepción de uno de cada cuatro años, que sería de 366 días –bisiesto-.

Y aquí nace una de las curiosidades del calendario juliano: los romanos llamaban al día 24 de febrero el “día sexto”, ya que precedía a las calendas de marzo –primer día de cada mes-. Consecuentemente, cada 24 de febrero repetido pasaría a llamarse bis sextum, lo que derivó en la palabra bisiesto. No obstante, el cálculo sobre el que se basaba el calendario juliano era inexacto.

Y el gregoriano, introducido por el Papa Gregorio XVIII (1582), que es el que tenemos en la actualidad.  El papa Gregorio XIII decidió poner orden y, con la autoridad divina que solo el Papa posee sobre la faz de la Tierra, organizó un congreso de sabios para unificar los calendarios de la Cristiandad. Para corregir el error de 11 minutos que se había mantenido durante siglos, tomaron una medida drástica: en el año 1582, octubre tuvo 11 días menos. El día 4 dio paso al día 15.

Por otro lado, ¿porqué medimos el tiempo así?

Nosotros contamos en base 10, es decir, usamos 10 números, según el número de dedos. Hace miles de años los sumerios y los babilonios usaban la base 60, con 60 números diferentes. Ellos también contaban con los dedos, pero 10 se les quedaban pequeños, así que usaban un curioso truco. Si te fijas, los dedos están divididos en tres partes, las falanges (excepto el pulgar que tiene dos), (Falange, falangina y falangeta, desde la raíz hasta la uña).

Los babilonios contaban tocando con el pulgar las falanges de los otros 4 dedos, y como cada dedo tiene 3 falanges, en total son 4 x 3 = 12. Cada vez que completaban la mano subian un dedo de la otra mano, y como hay 5, en total son 5 x 12 = 60 falanges.

Este sistema se mantuvo durante milenios. Los romanos lo usaron en algunas tareas porque no les gustaban los decimales, y 60 es un número muy divisible. Se puede dividir por 2, 3, 4, 5 o 6 sin decimales.

Hasta el siglo XVI no se fabricaron relojes lo suficientemente precisos como para medir los minutos y segundos. Entonces se decidió adoptar las mediciones del astrónomo griego Ptolomeo, que usaba la base 60 para contar y había dividido una hora en 60 partes pequeñas, que se llamaron minutiae primae. A su vez se dividían en otras 60 partes, llamadas minutiae secundaeEse es el origen de los minutos y los segundos.