Juan Antonio Sánchez Giménez.

A día de la publicación de este artículo, muchas de las personas a las que va dedicado ya habrán pasado por el gran reto para el que se venían preparando durante todo el año y ya empezarán a ver entre las brumas la próxima estación de sus vidas. Me refiero a los alumnos de 2º de Bachillerato del IES Oróspeda que han realizado recientemente las pruebas de la PAU, tanto a ellos como a los que pasarán el trago en septiembre y a los que por cualquier motivo no se presentarán a dicha prueba me gustaría dedicarles unas palabras. A ellos, a los que tuve el honor de dar clase en el curso 2010-2011 y una experiencia maravillosa en el viaje de estudios a París, quiero dedicar estas líneas de lo que creo que puede ser el sentir de muchos docentes. Y no es otra cosa que un sentir o manera de ver nuestra profesión que a los alumnos quizás os resulte extraño, paradójico o chocante; que los profesores también aprendemos continuamente. Y lo hacemos de varios modos; decía el filósofo romano Séneca que enseñando aprendemos y es en este aspecto en el que se centra este artículo; que aprendemos de vosotros, de compartir vuestras experiencias, vuestras inquietudes, vuestras esperanzas y frustraciones, con todo el enriquecimiento que ello supone a nuestra labor tanto en el aspecto personal y emocional como en el académico y profesional. En el aspecto personal muchos de nosotros hemos trabajado en varios centros de la región de Murcia e incluso de otras comunidades autónomas, centros en los cuales hemos visto las realidades más diversas y en las cuales hemos trabajado con alumnos de diferentes edades, procedencias, familias y circunstancias, lo cual hace que nos curtamos y llevemos experiencia acumulada (muchas veces en condiciones difíciles) que a la larga cristalizará en unas mayores habilidades para adaptarnos e intentar llegar a vosotros y sobre todo ENSEÑAR, que es a lo que hemos dedicado y orientado nuestras vidas después de años de estudios universitarios, durísimos procesos de oposiciones, sustituciones por muy breves espacios de tiempo en condiciones manifiestamente mejorables y puestos que a veces conllevaban el traslado de domicilio o conducir desde tempranas horas de la mañana para ir al trabajo y hacer más de cien e incluso doscientos kilómetros diarios.

En lo emocional también y con la base que da la experiencia hemos vivido y compartido (a veces hay que reconocer que con perplejidad) esas sensaciones y sentimientos que en esa edad adolescente vuestra están elevados a la máxima potencia. Aunque a veces nos resulten desconcertantes reacciones tan variopintas como el enfado por un suspenso o con vuestros padres, la euforia por las vacaciones o las buenas notas, la intensidad de los sentimientos de amistad, las caras de ilusión en un viaje de estudios, el desconsuelo por un desamor o las mariposas en el estómago por todo lo contrario a más de un profesor a buen seguro que le recuerdan y le hacen revivir con una afectuosa sonrisa las suyas propias hace no tantos años.

Siguiendo otra vez a Séneca y entrando en lo académico, los profesores nos enriquecemos también académicamente en el ejercicio de la labor docente; consolidamos conocimientos y buscamos nuevos matices y enfoques al preparar las explicaciones de clases. Tenemos que sintetizar y esquematizar muchas veces para intentar llegar a vosotros. Se nos abre la curiosidad sobre ese tema que hay que enseñar, lo cual nos hace leer y buscar materiales, bien en bibliotecas, librerías, por la red o en viejos apuntes. Buscamos películas, conferencias y actividades extraescolares de las cuales nosotros también sacamos algo nuevo. Pedimos también consejo a otros compañeros veteranos. Si os encargamos un libro de lectura tenemos que conocerlo, así como saber el partido que se le puede sacar para que aprendáis. Así mismo cada libro de texto, y según la editorial suele aportar datos nuevos que en ocasiones habían quedado almacenados en la nevera de la memoria o simplemente desconocíamos. Tenemos también muchas veces que bucear en temas que, aunque conocemos, no son de nuestra especialidad para adquirir unas competencias que nos hagan poder transmitiros dichos conocimientos con garantía.

Todo esto, y mucho más que sería prolijo escribir aquí, hace que aprendamos y nos enriquezcamos cada día con vosotros, aunque a veces, como en todo grupo humano, pueda haber momentos de incomprensión mutua o simplemente falta de comunicación que siempre puede ser remediada con ilusión y esfuerzo, sintiéndonos navegantes todos hacia el proyecto de un futuro esperanzador, a pesar de las dolorosas circunstancias actuales. Por todo lo expuesto, gracias por mucho lo que nos aportáis como profesores y personas y no dejéis de luchar nunca por vuestros sueños.