MICAELA FERNÁNDEZ

Esperanza Montalbán es muleña y desarrolla su labor como TCAE en la UCI del Hospital Virgen de la Arrixaca, la zona con los pacientes más graves de Covid-19. Nos cuenta su experiencia: “Hoy tengo que trabajar y toca madrugar, la noche ha sido horrorosa. Desde que todo esto empezó duermo muy poco. Me preparo para un nuevo día: soy muy positiva y sé que todo irá bien”.

Esperanza Montalbán

Esperanza Montalbán

Fuimos una de las últimas comunidades donde llegó el virus, ¿sirvió de referencia?

Nos dio tiempo a preparar el material, aunque no todo el que hubiéramos necesitado o deseado, a preparar la UCI para la llegada masiva de casos. Para lo que no tuvimos tiempo fue para gestionarlo en nuestras cabezas. Recordemos que al principio, las noticias acerca de la dimensión del problema eran confusas. Después, cuando la situación se fue aclarando, la información que nos iba llegando a nivel mundial y nacional nos hacía presagiar lo peor y es difícil expresar con palabras lo que empezamos a sentir: miedo a lo desconocido, por la presión ambiental (la calle tampoco estaba preparada, ni de lejos, para esta situación nueva) y sobre todo, a enfrentarnos cara a cara con el virus.

Habitualmente trabajáis en una zona de máximo riesgo, ¿os habéis enfrentado alguna vez a alguna situación similar?

Similar, pero solo al principio. Me explico: todo estaba preparado para actuar como cuando hace unos años apareció el brote mundial de Gripe A. De hecho, el planteamiento a nivel organizativo era el mismo, ya que se habían obtenido muy buenos resultados en aquella ocasión. Pero la velocidad y virulencia de la propagación desbordó pronto esas previsiones. Fuera de esa situación concreta, la de la gripe A, nunca habíamos tenido algo parecido. En UCI vivimos muchas situaciones de estrés, pues recibimos a pacientes de extrema gravedad y urgencia, así que estamos acostumbrados a lidiar con la presión del trabajo. Pero, ahora, contamos con el añadido de que no sólo tenemos que preocuparnos de la vida del paciente al que asistimos, sino también de la gente que nos rodea, pues corremos el riesgo de convertirnos en propagadores de esta enfermedad. Tenemos que cuidar al enfermo y a la vez a nosotros mismos por las personas que están fuera del hospital.

¿Cómo es trabajar con un EPI?

Un problema con los pacientes de Covid es que, cuando su estado se agrava, las técnicas que hay que realizar para su tratamiento son complicadas de llevar a cabo, pues exigen una movilización especial del enfermo. Si estas técnicas ya son dificultosas con total libertad de movimientos, imagina cómo será cuando vas vestido con un traje impermeable que no deja transpirar, con unas gafas y mascarilla de protección que, después de horas puestas, dejan roces e incluso heridas. Puedes pensar en el calor, la incomodidad y la dificultad de ver bien e incluso respirar: eso es trabajar con los equipos de protección.

Para aquellas personas que creen que el virus no les va a llegar, ¿cómo está siendo la experiencia al tratar a los pacientes más graves?

La gente, a día de hoy, está bastante concienciada de la gravedad. Es una enfermedad cruel, pues actúa de forma rápida en el sistema respiratorio y los pacientes graves lo pasan mal. Encima, tienen el agravante de que están solos, alejados de su familia y que, por desgracia, los pacientes que fallecen, afrontan sus últimos momentos sin el consuelo, también para la familia, de poder despedirse. Así que, sí, esto es un asunto de todos sin excepción. A cualquiera de nosotros podría pasarnos.

Las anécdotas, principalmente con las personas que logran salir de la UCI y superar al virus, será algo que os marcarán de por vida…

Siempre vivimos con júbilo la situación de dar el alta a un paciente, la mayoría de nuestros pacientes habituales son personas en alto riesgo, que llegan a la UCI porque necesitan el mayor de los cuidados. En los casos de Covid, esa alegría es mayor porque es una enfermedad con un altísimo índice de mortalidad. Todos los pacientes, desde el momento en que llegan a UCI, se convierten en algo nuestro: no solo como nuestra responsabilidad, sino también a título personal, ya que es inevitable crear vínculos afectivos con la persona que sufre, con su familia que espera de puertas para afuera, con la incertidumbre.

¿Es más duro tratar al enfermo o enfrentarse a la incertidumbre de los familiares?

En nuestro trabajo habitual tenemos más contacto con los familiares que en estos casos específicos de coronavirus, ya que la presencia de personal no sanitario está prohibida, por tanto, la familia no puede estar cerca del enfermo (ni siquiera en la sala de espera). Pero como ser humano, es muy difícil no empatizar con su situación y ponerte en su lugar. Así que, mientras trabajamos para sacar adelante al paciente, no podemos evitar sufrir por el que espera.

¿Cómo lográis desconectar de la situación laboral al llegar a casa?

Yo salgo a correr un rato todos los días… Es broma, claro, sería lo ideal, pero tenemos que adecuar nuestra especial situación laboral con la vida personal (incluso con la actual situación de confinamiento). De todas formas, no se consigue desconectar totalmente, pues seguimos en contacto con los compañeros y nos interesamos por las novedades del servicio: si hay alguna alta, alguna mejoría, algún ingreso nuevo, etc.

¿Cómo está siendo esa vuelta a casa?, ¿qué medidas de precaución debéis tomar?

Cuando el día ha sido especialmente duro, suelo desahogarme en el coche, durante la vuelta a casa: suelto toda la tensión acumulada, con la música a todo trapo y alguna que otra lagrimilla. No quiero contagiar en casa mis miedos. En cuanto a las medidas de precaución, pues lo primero que hago al llegar a casa es dejar el calzado en una alfombrilla empapada en desinfectante y la ropa en un barreño que va directo a la lavadora. Después me ducho y sólo en ese momento, abrazo a mis hijos y marido.

¿Cómo está viviendo tu familia esta situación?

Lógicamente, con preocupación, tanto por mi estado ánimo como por mi salud física. Siempre han valorado mucho mi trabajo y siempre me he sentido muy apoyada. Por eso mismo está resultando tan difícil el no verlos, el saber que están cerca y no poder abrazarlos es complicado y doloroso para mí. Sirvan estas palabras como muestra personal de agradecimiento a todos ellos, por estar ahí (aunque sea a través de la pantalla del móvil).

¿Habéis tenido algún caso cercano de un compañero afectado?, ¿cómo se vive?

Sí, dos compañeras están enfermas en casa. Es una situación complicada, pues unes a su condición de enfermas la de la amistad. Sufrimos por ellas, por su estado; estamos en permanente contacto telefónico y ellas son un excelente ejemplo y ánimo para todos, pues están evolucionando de forma muy favorable.

¿Cómo se encuentra la UCI de la Arrixaca?, ¿se ha visto colapsada?

La UCI de la Arrixaca, como centro de referencia de toda la región, se ha mantenido dentro de unos niveles razonables de ocupación; piensa que el resto de pacientes (los no afectados por el virus) también necesitan ser tratados. Hablo de pacientes coronarios de alta gravedad, de politraumatizados, de trasplantes… En otras palabras, un afectado de Covid puede ser tratado en cualquier UCI, pero estos pacientes sólo pueden ser tratados en la de la Arrixaca. Sí, estamos a tope de ocupación, pero sumando los casos Covid a nuestros pacientes habituales.

¿Realmente hemos llegado al pico?, ¿qué recomendaciones darías para no bajar la guardia?

Creemos que el pico máximo de contagios ya ha pasado, pero tenemos que ser muy cautelosos, pues el levantamiento de las medidas de confinamiento puede llevar consigo un nuevo aumento de casos. Por eso todos debemos implicarnos y ser responsables para evitarlo. Hasta que no pasen unos meses (varios) no podemos relajarnos en cuanto a medidas de prevención (higiene de manos, distancia de seguridad, etc).

¿Crees que esta situación nos hará ver la realidad de otra manera?

La verdad es que no lo tengo muy claro. Mi parte positiva quiere creer que sí, que esto hará de nosotros una sociedad mejor, que pondrá cada cosa en su justa valoración, pero no puedo acallar a mi lado más negativo, o realista, y éste me dice que, cuando el miedo se haya diluido, las aguas volverán a su cauce. El ser humano es animal de costumbres y acabaremos repitiendo actitudes de antes. En cuanto a nosotros, el personal sanitario, eso nos suele importar poco, nuestro trabajo es tan vocacional como necesario y seguiremos haciéndolo lo mejor que sabemos.