PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Admirada, querida, respetada y hasta gloriosa cantante lírica continuadora de la estela tradicional comenzada por diferentes colegas afroamericanas, tales como como Leontyne Price, Shirley Verrett, Marian Anderson, Reri Grist, Martina Arroyo o Grace Bumbry, instalada, al mismo tiempo, en la generación de las sopranos líricas Kathleen Battle y Barbara Hendricks. Jessye Norman (15-09-1945, Augusta-Georgia-EE.UU./30-09-2019, Nueva York-EE.UU.) estaba considerada como una distinguida soprano afroamericana-estadounidense que cantaba con tintes dramáticos y claramente graves de mezzosoprano, siendo su presencia escénica tan considerada y valorada como majestuosa.

Amplio espectro artístico.- Su relación más apetecida iba de la mano de papeles de Casandra, Ariadne, Alceste, Dido o el de Leonora, en “Fidelio”. Realizó importantísimas grabaciones: Armida, Penélope, Salomé; “Ariadne auf Naxos”; Antonia, en “Los cuentos de Hoffmann”; “Requiem”, de Verdi; “Elsa”, de Lohengrin; Santuzza, Dido o “Kundry”, de Parsifal; Leonora; “La Condesa”, de “Las bodas de Fígaro”; Siglinda, en Die Walküre; La ópera “Carmen”,de Bizet o “Judith”, de “El castillo de Barba Azul”, de Béla Bartók, mientras que en el terreno sinfónico vocal merecen especial mención sus grabaciones de partituras con orquesta pertenecientes a Strauss, Mahler, Ravel, Berlioz, Schöenberg y Berg.

Familia humilde.- De padre cantante de coro local y madre pianista, mamó desde niña el amor por la música, lo que le llevó a matricularse en las mejores escuelas de Augusta, donde florecen importantes centros académicos para el arte del pentagrama. Logró ser becada, asistir a la “Universidad Howard”, graduarse en 1967, como también lo hizo, un año después, en la “Universidad de Míchigan” y, al siguiente año, conquistó la “Competición Musical Internacional ARD”, en Múnich. Debut operístico, en 1969, como “Elisabeth”, en “Tannhäuser”, de Wagner, en la “Ópera Estatal de Berlín”, para enrolarse, en los años posteriores, en diversas compañías de ópera, alemanas e italianas, donde cantaría “Aida”; “La Africana”, de Giacomo Meyerbeer y otras óperas pertenecientes a Mozart y Haydn. Pero su verdadera consagración llegaría con su regreso a EE.UU., debutando en el “Lincoln Center”, en 1973. Otro maravilloso debut, en 1983, en el “Metropolitan Opera”, en “Les Troyens”, de Berlioz, una producción tan especial que vino a marcar la temporada del centenario de la compañía.

Nacida para la música.- Nuevas incorporaciones a su repertorio de altísimo nivel, obras de “los consagrados”, recitalista de lieder y espirituales, logra colaborar con los mejores artistas del mundo y embarcarse en obras de un calado verdaderamente excepcional por su complejidad, empresas que saca adelante con brillo, lujo y enorme éxito. Goza de multitud de galardones, condecoraciones, premios y distinciones de todo tipo y condición. Una estrella, una intérprete de raza y una persona nacida por y para la música de altura que paseó su arte por los mejores escenarios del mundo y que el último día del pasado mes de septiembre nos dijo adiós para siempre tras ser diagnosticada con “choque séptico y síndrome de disfunción multiorgánica”.