PASCUAL GARCÍA

He sentido siempre una especial fascinación por esa noche en que se corona a la reina de las fiestas, se lee el pregón y se fallan los premios del Albaricoque de Oro. Es una noche de gala, que desde antiguo contaba con un mantenedor y constaba de varias partes, en las que se daban, asimismo, algunos otros premios, patrocinados por peñas como El Zaque o algunos establecimientos de relevancia. Luego llegaba un final de fiesta con música, baile o la actuación de la Rondalla. Era el comienzo de las Fiestas del Santísimo Cristo del Rayo y todo el mundo lo sabía. Yo he participado en algunas ocasiones como pregonero, como presentador de la pregonera o como galardonado. No he recibido nunca el premio literario de Moratalla por excelencia, tal vez porque solo me presenté una vez, de joven, de muy joven, y no he vuelto a hacerlo nunca. Hay cosas de las que uno debe ir retirándose con discreción para dar paso a los nuevos nombres, que quizás lo necesitan más.


Pero esa noche debería seguir siendo mágica, noche solemne y de lujo, noche de encuentro en el Teatro Trieta, pequeño y coqueto, en el que tantas películas vi de adolescente y de joven y que tan buenos recuerdos me trae.
No sé con certeza qué ha pasado en esta ocasión, porque tengo la costumbre, yo creo que acertada, de acudir a los sitios donde se me invita y abstenerme de ir cuando, por cualquier motivo, no soy necesario ni imprescindible; de manera que hay años que voy y otros que no aparezco, y este año no he ido, aunque sé por mis amigos que la ceremonia de inicio de la fiesta se bifurcó en dos veladas diferentes, la del pregón y la de la entrega de los premios literarios, con la consiguiente mengua, al parecer, en la asistencia de público, como es normal, porque son dos noches muy cercanas y no hay gente para tanto.

No entraré en disquisiciones históricas sobre este asunto, porque soy un ignorante en lo que se refiere a los anales del acontecimiento en sí y no manejo documentación al respecto, créanme si les digo que no tengo tiempo para esto, aunque debo decir que Moratalla lleva a cabo este acto con una dignidad y una solvencia espectaculares y muy raras en el resto de los pueblos que conozco. Por lo que me disgustaría que acabáramos eliminando del todo esa noche de encuentro y festejo.
Reconozco que me lo he pasado muy bien a veces y que he cenado a lo grande en ocasiones y las buenas costumbres no deben desaparecer. Podría aducirse que es un acto de pueblo, pero yo añadiría que lo es para todo el pueblo, o que debiera serlo; se le podría criticar al concurso ciertas deficiencias literarias, entre las que se halla una pésima redacción en las bases del mismo, pero estas son cuestiones menores, porque de lo que se trata aquí no es de la gran literatura, sino de la ilusión de unos principiantes en el mundo de las letras que comparten con todos nosotros su entusiasmo y su arte.

Es posible que el pregón deba centrarse más en personas del pueblo, que así ha sido casi siempre, y olvidarse de pregoneros mercenarios a los que hay que pagar como vedetes televisivas y que desconocen la emoción y la verdad de nuestra tierra y de nuestra gente. Hay cosas que mejorar, sin duda, pero no permitamos que languidezcan del todo actos como ése, concentrémoslos en una sola velada, aunamos las fuerzas y celebremos que es fiesta y que en Moratalla sabemos disfrutar como en cualquier otro sitio.
Y el año que viene más y mejor.