JAIME PARRA

¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta? ¿Y la última que recibiste que no fuera un recibo o una notificación? El hecho de escribir cartas, que, en algunos casos se convirtió en un arte, se está perdiendo.

Jennifer Fuentes

Jennifer Fuentes

Un grupo de filólogos, encabezado por Yolanda Ruando y en el que participa nuestra colaboradora Jennifer Fuentes como coordinadora y secretaria, creó la Semana de la Carta Manuscrita, que ya ha cumplido cuatro ediciones, con la intención de revitalizar la práctica tradicional del carteo, es decir, que todos aquellos que quieran participar, envíen y reciban cartas durante una semana.

¿Qué es la ‘Semana de la Carta Manuscrita’?

La Semana de la Carta Manuscrita es un proyecto que nació en 2015 y que intenta revivir la carta manuscrita, histórica e icónica, y recordarla al menos una vez al año. Los más mayores la recuerdan con nostalgia mientras que los más jóvenes no han recibido una carta en su buzón. Eso es la Semana de la Carta Manuscrita: poner en relación distintas generaciones y distintas culturas alrededor de un idioma y un medio de comunicación.

¿Cómo surge la idea?

La idea surge de la creadora de todo esto, Yolanda Ruando. Era por entonces estudiante del Grado en Lengua y Literatura Españolas de la Universidad de Murcia y se dio cuenta de que, efectivamente, estaba apareciendo un espacio muy grande entre culturas, países y generaciones. Había una incomunicación y, escuchando a los más mayores, se dio cuenta de que se podía solucionar a través de una costumbre que empezaba ya entonces a desaparecer: la carta.

Poco a poco va madurando la idea y transformándose, llevando también la idea al aula de ELE (Español Lengua Extranjera o Español para extranjeros) y creando una recopilación de cartas interesantes ya sea por su destinatario, su autor, su contenido, o todo a la vez. El siguiente paso fue comenzar a usar las redes sociales para revivir el correo postal y la carta manuscrita. Así, creamos una página web, semanadelacartamanuscrita.wordpress.com, una cuenta de Twitter, una página y un grupo de Facebook donde muchísimos profesores y personas pueden conectar para escribirse cartas durante nuestra semana más especial y, el año pasado, añadimos también una cuenta de Instagram.

¿Qué respuesta habéis tenido a esta iniciativa?

Muy buena, increíblemente positiva. Esta última edición, la cuarta, se inscribieron más de 5.000 personas de todos los continentes y de todas las edades, lo que significa que fueron más de 10.000 cartas en la lengua de Cervantes las que recorrieron el mundo. Y en la primera edición se llegó a 2.000 por lo que ha habido un incremento muy importante estos años.

Además hemos tenido mucha suerte de que distintos medios se hayan interesado por el proyecto y nos han ido dado difusión, que es lo más importante para nosotras puesto que significa que serán más las personas que nos conozcan y que quizás quieran también participar.

¿Qué acciones planteáis?

Nuestra principal actividad, y la que le da nombre a nuestro proyecto, es la Semana de la Carta Manuscrita y que es la semana del día del libro, pero no es la única. Dentro de lo que es la Semana, pueden escribirse tanto personas entre ellas, ya se conozcan o no, como grupos de estudiantes de todos los niveles y que “se casan” con otros grupos alrededor del mundo. De esto nos encargamos nosotras teniendo en cuenta la edad, el nivel y el número de estudiantes por grupos.

Más allá de esto, vamos compartiendo por nuestras redes cartas interesantes y célebres como una carta de Oscar Wilde a uno de sus amantes o la carta que le escribe Mr Darcy a Elizabeth en Orgullo y Prejuicio y la Universidad de Murcia nos ayuda llevando a cabo un concurso de cartas literarias cada año por las mismas fechas por las que se pone en marcha la Semana.

¿Por qué debemos escribir cartas?

Porque es divertido, interesante, diferente y tiene una pátina de importancia o de veracidad que un email, una llamada o un Whatsapp no tiene. Además, normalmente si escribes una carta recibirás una carta y no hay ilusión parecida a la de esperar impaciente una carta y, un día, cuando ya habías perdido la esperanza, encuentras ese sobre blanco y maltratado por el viaje con la respuesta. Además, ni siquiera es necesaria enviarla, puede ser una carta de amor o una postal cuando estás de viaje.

¿Algún epistolario que recomiendes?

Miquiño mio, sin duda. Es un epistolario con las cartas que Pardo Bazán le escribió durante años a Galdós. Quizás por mis estudios como filóloga hispánica me parece interesantísimo para conocer mejor la persona detrás de la escritora y del escritor, pero también la época durante la que vivieron y cómo funcionaba la sociedad.

¿Consideras que un epistolario puede ser un género literario?

Por supuesto. Más aun teniendo en cuenta que en los últimos tiempos se está escribiendo mucha autoficción, esa mezcla entre lo real y lo ficticio, entre la vida y la literatura.