GLORIA LÓPEZ

Tiene 44 años, dos hijos y una floristería. Un negocio que es su vida y una vida que es su negocio. ¿Quién no la conoce? Se llama Maria, le dicen la de las flores y es la hija de la Maruja. Cuando la conocí envidié todo menos sus manos. Ese porte alto, esa sonrisa eterna, esos rizos rubios siempre sin peinar, esa delgadez extrema y ese estilo suyo de ir bien arreglada sin arreglarse. Después de conocerla envidié la nobleza de su alma, la valentía de quien arrastra el carro de una generación de mujeres y la ausencia total de gandulería que ha curtido en veinte años de un oficio que le ha dejado las manos cortada en mil pedazos. Unas manos que me impresionaron cuando las ví y que se me antojaron que llevaban en cada corte el ramo de una novia, en cada arañazo un adorno de comunión y en cada espina clavada, una muerte.

Cuando su madre se hizo cargo de la floristería de su cuñada no dejó la casa, ni las hijas, sino que se llevó la casa y la familia a aquella trastienda, donde se comía, se veía la tele, se hacían los deberes y se ayudaba. Sobre todo se ayudaba. De aquella trastienda saldría sin más estudio que su fuerza de voluntad ni más guía que su ingenio la primera florista de Caravaca que arreglaría el Carro de la Stma y Vera Cruz, la Maruja.  Detrás, renegando y aprendiendo estaba María. Conocía tan bien el oficio que siempre pensó que no era el suyo, pero estaba ya tan unido a él que cuando pasó la rebeldía de la juventud entendió que ya no podía separarse de lo que también era su vida. Hizo suyo el sacrificio de no tener días libres y estudió en las Escuela Española de Arte Floral lo nuevo que su madre ya no podía enseñarle. Desde que se jubilaron sus padres la lleva ella, pero la vigila la Maruja. Ya sé yo que no habrá día que no piense que si salió de otras saldrán de esta.

 ¿Se había cerrado antes la floristería?

En ninguna ocasión, jamás. La floristería entonces estaba abierta incluso a mediodía.  Nosotros comíamos allí todos los días, daba igual que fuese lunes que domingo. Y mucho menos días de fiestas.

 ¿Tu empresa es de las que no está obligada a cerrar?

No, no estábamos obligados a cerrar, pero aquello se vio que era un desastre desde el principio. Nadie entraba a comprar flores, no somos una industria indispensable y era una actividad de venta al público. Así que… no tuve más remedio que cerrar.  Encima se aplazaron todos los eventos de los que vivimos, bodas, comuniones y fiestas.

Al principio no sabía ni lo que había pasado, es una sensación tan extraña… he estado una semana en shock, fue como una bomba cuando todo estalla a tu alrededor. Tenía tantas cosas que hacer y por preparar…  y de momento, tienes que pararte. Me ha costado una semana darme cuenta de la situación, no solo sentimental, también económica. Sentimental porque la floristería es el epicentro de mi mundo. Por allí pasan amigas, primas, familia… yo siempre estoy allí y mi gente viene a verme.

 ¿Y en el económico?

Horrible, este sector solo tiene dos fechas, San José y los santos en noviembre. Se quedó en la cámara toda la campaña de San José. Esta ya está perdida, no se puede aplazar ni recuperar. Todo el material tirado, menos algunos centros que subí a la Stma y Vera Cruz. Además no he podido hacer los trabajos de Semana Santa, las fiestas de mayo, las Santas de la Puebla, el día de la madre…

 ¿Has podido acogerte a algunas de las medidas del gobierno?

De momento he tenido que pagar todo, luz, agua, autónomo y las flores que ya tenía comprados. El dueño del bajo me ha dicho que por el alquiler no me preocupe que este mes no me lo iba a cobrar, pero todo lo demás he tenido que abonarlo, aunque he presentado todo para poder cobrar el paro al no tener ingresos. Yo soy afortunada porque hay compañeros que no van a poder volver a levantar la persiana.

 ¿Y la vuelta?

Bueno… la vuelta será dura, pero soy positiva. Además todas las bodas que tenía confían en mí y no me las han anulado, solo las han aplazado. Vienen meses duros porque ya hasta noviembre no hay otra fecha fuerte de este sector, pero hay que reinventarse, tener esperanza en que podremos salir, que volveremos a tener nuevos proyectos y eventos. Será duro, pero estoy segura que saldremos.

 

Claro que será duro, pero no será esa dureza la que a ella la tumbe, porque sabe doblarse como los juncos cuando pasa el agua, sin partirse. Sabe arrancar toda la maleza que rodea la vida y dejarnos siempre la flor más bella. Tiene en sus manos dibujados el mapa de los sueños de muchas de las que hoy no han podido celebrar sus bodas. Pero que se celebrarán.