ANTONIO F. JIMÉNEZ
«Ahora soy más oscuro quNick Drakee el mar más profundo» (‘Place to be’). Al principio de escucharle, yo creía que era verdad, que Nick Drake estaba todavía sumergido en la negrura más selvática del océano. Y que yo, con él, me hundía solitariamente en un mundo acuático de desaliento, de cerrar los ojos y no saber nada del fondo, hasta que me encuentro con que en ese mar de almas vagantes hay más gente de la que creía en busca de los acordes de Nick Drake. Lo último ha sido toparme con un magnífico artículo de Diego A. Manrique en El País recordando que ahora en noviembre, exactamente el 25, se cumplen 40 años de la muerte de Nick Drake. O de su suicidio.
Murió en 1974 después de una sobredosis de antidepresivos. El forense dijo que era un claro suicidio, pero hubo quien afirmó que fue un fallo de intento de escapada de la depresión, un deseo malogrado de emerger. Fue su madre quien se lo encontró tirado en la cama sin respiración. Nick tenía 26 años. De modo que tampoco formó parte de ese club de los malditos de los 27. En realidad, Nick Drake nunca formó parte de nada. Las ventas de sus tres elepés ‘FiveLeavesLeft’ (1969), ‘BryterLayter’ (1970), ‘Pink Moon’ (1972) no alcanzaban ni los 10.000 ejemplares. Casi no hubo eco de su muerte. La prensa musical, en aquellos años en los que dabas una patada a una piedra y te salía un cantautor lírico, apenas le hizo mucho caso. Se le despachó con cuatro notas y punto final.
Fue más tarde cuando ese punto final logró abrirse a un reputado punto y seguido. Diego A. Manrique apunta en su artículo La invención de Nick Drake los puntos claves que convirtieron al músico inglés en una leyenda e influencia para los cantautores venideros. También los periodistas y biógrafos comenzaron a interesarse por su figura blanquinegra, de remoto recuerdo a Oscar Wilde, de cierta frescura otoñal y colinas verdes. Pero lo que más le popularizó fue el uso de su tema’Pinkmoon’, de añoranza pastoril,para un spot televisivo en el que se vendía un descapotable alemán. Nick Drake también conducía el Mini de su madre, sólo que cuando se quedaba sin gasolina no acertaba a repostar por explicaciones alucinógenas y tenía que llamar a casa desde una cabina para que su madre fuera a rescatarlo. Pero aquel 25 de noviembre de 1974 ella no llegó a tiempo de salvarle. Nick Drake siempre pidió ayuda, «un lugar para estar, donde las flores crecen y el sol brilla tranquilo», pero se fue haciendo débil, «más débil que el azul más pálido» (‘Place to be’).