MICAELA FERNÁNDEZ

No será hasta las 12 de la noche del próximo Martes Santo cuando Mula vuelva a vibrar con la celebración de uno de los eventos más multitudinarios y de arraigado en el municipio, la Noche de los Tambores, uno de los festejos más destacados de los que se celebran en la localidad y que reúne a miles de personas en torno a un instrumento, el tambor muleño.

Un festejo declarado de Interés Turístico Nacional y que congrega en la localidad a miles de personas entre tamboristas, muleños y visitantes.
La plaza del Ayuntamiento se engalana las horas previas a la llegada de las 12 de la noche de Martes Santo para ir recibiendo conforme se va acercando la media noche el paso tranquilo de centenares de tamboristas que ataviados con sus túnicas negras y su tambor colgado al hombro esperan que las campanadas del reloj marquen la hora del inicio del toque.
Niños, jóvenes, adultos, mayores, naturales de Mula y enamorados de esta fiesta, no hay distinción, sólo la tradición de tocar ininterrumpidamente durante dieciséis horas. No todos aguantan el paso de las horas, no todos llevan su tambor, pero tamboristas y curiosos, todos, siguen el mismo camino, disfrutar de la ilusión de este festejo que nació de la reivindicación popular y sobre el que ahora trabajan para obtener la declaración de Interés Turístico Internacional.
La tradición de la tamborada aúna a familias y a peñas o grupos de amigos en torno a una buena cena previo a la llegada de la hora marcada para después acercarse hasta la plaza y las calles aledañas y tocar hasta que el cuerpo aguante.
Al alba, los que todavía aguantan, se dan cita en corrillos más reducidos pero con la llegada del día las calles se llenan nuevamente de gente que adorna y engalana sus tambores para seguir tocando hasta las cuatro de la tarde para que el silencio se adueñe de la localidad y llegue el momento de la pasión con la procesión de Miércoles Santo.
Los tambores volverán a sonar el viernes desde primeras horas de la mañana hasta las 4 de la tarde, al igual que el domingo que arrancarán tras la procesión del Resucitado para continuar durante todo el día hasta la llegada de la tarde cuando los tambores dejarán de tocar, oficialmente, hasta el próximo año.
Un evento único e indescriptible que, como todos los festejos populares, hay que descubrirlos para amarlos y, si te enamoran la primera vez, no podrás olvidarlos nunca.
La cita será el próximo Martes Santo, poco antes de las 12 de la noche, cuando las campanas de la Torre del Reloj marquen la llegada de la media noche y suene la ‘fanfarria’ de la tamborada, los tambores sonarán y Mula será la ciudad del estruendo, la tradición y hospitalidad para tamboristas y tamborileros llegados desde cualquier rincón y curiosos por disfrutar de una de las pasiones más entrañables del muleño.

Pedro Manuel Ruiz, presidente de la Asociación de Tamboristas
«La Noche de los Tambores es una noche única. Los jóvenes tienen que vivirla como lo que es, una noche para tocar el tambor. Esta es una de las tareas que tenemos pendientes desde la Asociación, inculcar a los niños desde bien pequeños que la Noche de los Tambores es para tocar el tambor.
Estos últimos años ya se ha notado que hay jóvenes y adultos que dejaron de participar en este festejo y que ahora vuelven a la escuela del tambor para coger toque y volver a disfrutar de la fiesta con su tambor.
Esta es una fiesta que, además de las medidas de seguridad y vigilancia y el sonido e imagen del inicio del toque, no necesita más preparativos que acudir a la plaza con tu túnica y tu tambor y el tamborista ya sabe lo que tiene que hacer, simplemente tocar el tambor.
Para la tamborada infantil de Viernes de Dolores sí queremos modificar el inicio del toque ya que actualmente los niños miran hacia el balcón del Ayuntamiento y queremos que miren hacia la torre del reloj como hacemos en la Noche de los Tambores».