MICAELA FERNÁNDEZ

Ana, Carmen, Cristina, Dolores, Eulalia, Gabi, Josefa, María Jesús y Paquita son ‘Mujeres que pintan’, mujeres que desde hace años dedican la tarde de todos los lunes a plasmar en los blancos e intimidantes lienzos vacíos multitud de paisajes, detalles y colores en un taller de pintura que hace tiempo que pasó a ser una excusa para mantener la pasión que sienten por la pintura y el entrañable cariño que se profesan.


Este taller forma parte de una de las muchas actividades que desarrolla anualmente el Centro municipal de la Mujer entre los que también hay clases de baile, pilates o gimnasia y que cuentan con una gran participación entre las socias de la asociación.
Del taller de pintura salen una media de dos cuadros por persona al mes, dependiendo de la dificultad del mismo, por lo que las paredes de las casas de las participantes, familiares y amigos están plagadas de pinturas y dibujos en los que las técnicas y los motivos son todos distintos, todos diferentes en el afán de superación y aprendizaje que desarrollan estas mujeres emprendedoras del arte como complemento a su devenir diario.
La pasada semana, coincidiendo con las diversas actividades que se organizaban en los museos de la localidad con la celebración del Día Mundial de los Museos, las componentes del taller de pintura del Centro de la Mujer aprovechaban la oportunidad que les brindaba el Museo de Arte Ibérico El Cigarralejo para exponer algunos de sus trabajos. Una muestra que recoge cerca de una treintena de cuadros y que se encuentra expuesta en las salas del museo hasta el próximo 2 de julio bajo el título ‘Mujeres que pintan’.
“Estamos muy orgullosas de que nuestros trabajos puedan exponerse por primera vez en un espacio de verdad donde la luz y los espacios son los adecuados para que la gente pueda disfrutar de lo que hacemos”, afirmaba una de las pintoras, que explicaba que, aunque habían llevado alguna vez pinturas al Centro de Mayores “no es lo mismo ver como personas que visitan los museos y que saben de arte pueden conocer nuestras pinturas”.
Eulalia se mostraba encantada de que incluso uno de los cuadros expuestos fuera un trabajo que su nieta realizó una tarde que la acompañó al taller. “José, nuestra profesora le hizo unos detalles en el lienzo y ella se encargó de pintarlo. Cuando había pasado poco tiempo ya lo tenía acabado y fue a última hora cuando decidimos incluir en la exposición también ese cuadro. Todavía no tengo palabras para describir la cara que puso mi nieta cuando vio su pintura al lado de las nuestras”, explica.
Cristina se levanta de la gran mesa que ocupa todo el taller y deja su lienzo a secar en la pared mientras pone otro medio terminado en su caballete. “Todas llevamos varios cuadros empezados a la vez, así mientras tenemos que dejar que uno se seque antes de seguir trabajando sobre él podemos seguir pintando en el otro”, afirma.
Ellas mismas se costean los gastos del taller. “Compramos las pinturas entre todas y vamos gestionando el material según nos hace falta”, destacan al tiempo que precisan que están en un espacio estupendo para la práctica que desarrollan. “Tenemos muchísima luz y un espacio amplio para poder trabajar que es lo poco que necesitamos”, explican.
A pesar de que la tarde sigue avanzando y que la profesora concluye con sus horas correspondientes de enseñanza, las artistas del centro de la mujer no paran de pintar y aprovechan hasta el último minuto que pueden para seguir dando forma a los lienzos que tímidamente van adquiriendo definición y color.