REBECA GONZÁLEZ/@QuecaGonsery

Despertamos cada mañana, en metafóricos castillos de cuentos de hadas, esclavas de un relato que ha perdurado durante siglos, para que con nuestro amanecer el mundo funcione.


Vestimos a la humanidad, le damos el desayuno, la llevamos al colegio, lavamos sus ropas y disfraces, le damos clase, curamos en centros de salud, impartimos justicia, servimos cafés, desayunos, comidas y cuando hay poco nos quedamos la peor parte, en silencio. Hacemos la compra, limpiamos, estudiamos, cuidamos jardines en los que no nos está permitido florecer, sonreímos cuando toca, soportamos el peso, nos levantamos sin ayuda para seguir ayudando, intentamos que las nuestras no corran nuestra suerte -hija, estudia que no dependas de nadie, me dice siempre mi madre. Acunamos sueños que un día fueron nuestro posible progreso y que se han comido otros. Las mujeres movemos el mundo cada día con dobles e incluso triples jornadas de trabajo, pero somos invisibles.
El entorno en que vive la sociedad, el hogar ordenado y limpio, se presume así per se, se regenera como por mediación divina, la divina presencia de la explotación de la mujer en todos los rincones del mundo. Existimos para lo que al patriarcado le interesa, para los anuncios de publicidad sexista, para dar placer, para estar calladas, tranquilas, sonrientes. Existimos para ser educadoras, cuidadoras, amas de casa. Existimos para ser miradas, sometidas, acosadas, violadas, torturadas, explotadas sexualmente, humilladas. Existimos en la cultura, deportes y ciencias para hablar de nuestra apariencia. Existimos en la historia, pero nos borraron de ella, ¿Dónde se estudia a Marianne Brandt, Mary Jackson, Margot moles, Dorothy Vaughan, Inessa Armand, Rosa Luxemburgo, Virginia Wolf… (etc)? nos dejaron a referentes masculinos y a la princesa de cuento de hadas, la mujer perfecta que ama, trabaja, limpia y sonríe.
En pleno siglo XXI la violencia sobre las mujeres y la invisibilización de su trabajo son los dos factores principales que nos aquejan, y lo peor es que se desarrollan tras un telón de ficticia igualdad al haber conseguido grandes retos del SXX, como el derecho al voto o tener cuenta bancaria. Retos por los que corrió sangre y que encima se dibujan como un regalo del avance social.
Pero seguimos teniendo miedo a ir por las calles, seguimos haciendo jornada laboral fuera de casa, cobrando menos que los hombres, y dentro de casa sin ser reconocida. Esto es algo que da la vuelta al mundo, las mismas luchas, las mismas mujeres, en distintas sociedades.
Desde el movimiento ni una menos de Argentina han querido lanzar un grito de guerra a esta situación, un grito mundial, al que nos estamos sumando desde todos los rincones posibles para sumar fuerzas, para realizar un paro el día 8 de marzo que diga bien claro que, si no reconocen nuestro trabajo, no lo hacemos. Que el mundo amanezca por un día sin el motor que lo mueve y se sienta la pisada fuerte de la mujer en las calles. El feminismo, la lucha por la igualdad, cada vez que habla despierta más y más conciencias, es un día especial para fortalecer esa idea y materializarla en lo cotidiano, pongámonos en huelga por un día.
Próximo 8 de marzo, paro internacional de mujeres. Convocado en Región de Murcia paro de jornada laboral de 12 a 13 y manifestación por la tarde, 19:00h desde plaza merced (Murcia).