Pedro Antonio Hurtado García

Se convirtió en un especialista que manejaba como nadie la fusión entre el hip hop, la música regional mexicana y la cumbia colombiana, ampliada, posteriormente, con sonidos tropicales y géneros populares en el país azteca, como el ska, rap o reggae, sobrepasando fronteras internacionales y destruyendo barreras en materia de géneros musicales. Y, con 66 años, se nos ha ido para siempre este gran músico apodado “El rebelde del acordeón”, por un lado, pero, también, “El cacique de La Campana”. Su estilo, único e inimitable, le convirtió en un auténtico líder. Decenas de discos grabados con el instrumento que le dio vida, le hizo grande y le catapultó al estrellato.

Celso Piña Arvizu (06-04-1953, Monterrey-Nuevo León-México/21-08-2019, en el mismo lugar de nacimiento), gran músico, excepcional cantante, compositor abundante, arreglista codiciado y mago del acordeón, con el que dominaba diversos géneros, era conocido, artísticamente, como Celso Piña. Su inesperado y sorprendente fallecimiento se ha producido como consecuencia de un paro cardíaco. Y ha causado tanta sensación porque, la semana anterior, estaba de gira por territorios americanos como Chicago, Denver y otros del entorno. Su agenda venía ofreciéndose muy “apretada”.

Cumbia.-Se le considera pionero y claro referente, tanto en la composición como en la ejecución de música colombiana, así como el popular vallenato. Primero, fue considerado en su territorio natural de nacimiento, ampliándose hacia el norte de México, hasta “colarse” en Estados Unidos, por el sur, para continuar en su empeño de hacer llegar esos ritmos, de intensa manera, a las dos américas, hasta que se animó a ofrecer conciertos en Alemania, España, Reino Unido, Francia y numerosos países europeos. Llegada esta triste hora, se podrían mencionar numerosas canciones suyas, pero señalemos, de momento, “Cumbia sobre el río”, seguramente su canción más influyente, popular y atractiva.

Luto.-Cobró mayor popularidad, si cabe, cuando se filmó el documental “El rebelde del acordeón”, donde se exponía su carrera musical, documento audiovisual que produjo la televisión pública mexicana. Su espectáculo postrero, bajo la denominación de “Cumbia por el mundo”, nos lo podía presentar, con su acordeón, bajo la Torre Eiffel, en la Trafalgar Square londinense o en cualquier lugar de su México natal. Hombre sencillo, transgresor, creativo y que desembarcó en las listas de éxitos recuperando la popularidad de un estilo que había sido considerablemente desplazado del ritmo habitual de ventas. Todos los aficionados han coincidido en señalar que la cumbia se ha vestido de luto por el enorme vacío que deja Piña, cuya influencia fue determinante en el desarrollo y crecimiento popular del género, al acarrear a miles y miles de aficionados y hacerles adeptos a esa música, generando un insospechado efecto multiplicador. Quizás, por eso, proclamaba el artista que “no hay quien se resista a la cumbia”.

“La Indepe”.-Con paso firme, seguro y decidido, fue logrando, con el inicio del presente siglo XX, su consagración en la escena mundial, registrando colaboraciones importantes como las que llevó a cabo con Lila Downs, Natalia Lafourcade, “Control Machete y Pato Machete”, el vocalista de la banda; Julieta Venegas, Gloria Trevi, “Café Tacuba” o Ely Guerra, entre otros muchos. Nació en la Colonia Independencia, zona muy popular conocida como “La Indepe”, en la parte sur de Monterrey, un barrio de cierta conflictividad, lo que nos da la oportunidad de reseñar la composición de otra cumbia que denominaría “Mi Colonia Independencia”, oportunidad que aprovechamos para no dejar de incluír la afamadísima “La piragua”, así como “El tren”, “Como el viento” o “La cumbia de la paz”.

Chico para todo.-Su vida, nada sencilla por la debilidad económica familiar, le animó a mantener diversos trabajos, tales como enfermería o empleado en una tortillería. Además de escuchar la música que, luego, le llevaría a su género, profesionalmente, era claro seguidor de los británicos “The Rolling Stones” y “The Beatles”.​

Adversidad.-Y no todo fue de color de rosa, ya que Piña pasó hasta por las serenatas en su barrio, la cumbia callejera o la música regional con el acompañamiento de sus hermanos, Eduardo, Rubén y Enrique. Por cierto, el primer acordeón se lo proporcionó su padre en el año 1980, que, dicho sea de paso, era “remendado”, nada de “un estreno”. Y, ahí, precisamente, comenzaron sus interminables sesiones de ensayo, dedicación y el descubrimiento de una intensa e indisimulada afición. Y, además, no fue un músico “reglado”, sino un autodidacta asombroso que, por añadidura, no llegó a asistir a ninguna escuela en la que le enseñaran el manejo de un instrumento que terminó manejando como un auténtico “maestro” y un veterano de lujo

Discriminación y vetos.-En base a la popularidad que se disfrutaba en La Campana (yacimiento arqueológico situado en las inmediaciones de la Ciudad de Colima, en México), como consecuencia de los ritmos colombianos, Piña adoptó la decisión de modificar su estilo musical. Escuchaba a Alfredo Gutiérrez y a Aníbal Velásquez Hurtado, con motivo de un baile de cintas, cuando “desembarcó”, plenamente, en la cumbia colombiana, creando, con sus hermanos, su propia banda, a la que llamó “Celso Piña y su Ronda Bogotá”. El monterreyense establecía distancias interpretativas a la hora de ejecutar esa música original, fundamentada en los estándares clásicos, tanto de la cumbia como del vallenato.​No obstante, no podemos olvidar que, entonces, las apariciones de la “Ronda Bogotá” sufrieron serios contratiempos, ya que fueron objeto de discriminación y vetos.

Legado.-Celso Piña no buscaba más meta que centrarse en sus producciones musicales, que eran “su vida”. Nada de otros protagonismos. Ídolo incuestionable, querido por muchos, respetado por todos: raperos, poperos, rockeros, productores, discográficas, etc., logró instalarse en una amplia relación que le sirvió para aglutinar su enorme legado artístico. Leyenda musical de enorme influencia cultural, buscaba siempre la inspiración, desarrollar nuevos temas, mejorar su creatividad y aportar novedades siempre que las “musas” se lo permitieran. Más detalles, en nuestra edición electrónica. Descanse en paz el músico, el artista, el creador y el singular personaje. Buenos días.