JUAN ANTONIO SÁNCHEZ GIMÉNEZ

Hay una etapa histórica de nuestras fiestas no muy lejana, pero quizás si un poco olvidada en la que se vivió una etapa dorada y tiene no poco que ver con el actual esplendor germinado a partir de aquel mítica mañana del 2 de mayo de 1959, cuando con la salida de Templarios, Arqueros y Abul Kathar se materializa la renovación.


Renovación,viene definido por el diccionario de la RAE como la acción y el efecto de renovar. En un lenguaje más coloquial podríamos calificarlo como la actualización o darle lustre a algo que por cualquier circunstancia se encontrase decaído. Y sí, hay que señalar que a lo largo de la primera mitad del siglo XX las fiestas en honor a la Santísima Cruz fueron marchitándose poco a poco a tenor de las terribles circunstancias históricas, sociales y económicas que vivía en conjunto del país, más siendo nuestra región una zona profundamente deprimida en lo económico. Por este mismo motivo creo que sería positivo recordar la segunda mitad del XIX como una parte muy interesante de la historia de nuestras fiestas, que no es otra cosa que una parte de la historia de Caravaca como ciudad, y por lo tanto un reflejo de la misma.
Las fiestas de entonces, aunque han variado muchos de sus actos seguían manteniendo sus rituales básicos con orígenes en el Medievo; los del día dos y tres de mayo, raíz, así como el sentido del conjunto. Para relatar someramente aquel esplendor me he basado en artículos de revistas de fiestas de diversos años, así como en el libro Pasión por Caravaca, recopilación de artículos a título póstumo del gran historiador caravaqueño Gregorio Sánchez Romero.
Así pues, y haciendo un vaciado delos artículos publicados y aportando datos aparecidos sobre el tema en dicho libro, cabría empezarhablando de la existencia de comparsas que perdurarían desde mediados del XIX hasta principios del XX. ¿Qué nombres tendrían dichas escuadras o comparsas?. Quizás ese sea otro aspecto a investigar, pero se sabe por ejemplo que a los moros se les denominaba en 1856 genéricamente como turcos. Entre los cristianos, aparte de los ya existentes aparece en 1881 según Quintín Bas una comparsa nueva de caballeros de una orden militar con una cruz en el pecho.Y según otras fuentes parece ser que también se formó un grupo de cristianos para representar a don Pelayo, aunque ya sería en otro año. Obviamente no hablamos de criterios estrictamente historicistas a la hora de elegir un nombre, pero si de un concepto romántico, folclorista o popular a la hora de representar unos hechos que venían de antiguo y que la mentalidad colectiva asociaba en global a la época de la aparición de la Cruz, es decir, la Edad Media.
En cuanto a los simulacros de combate, en 1885 Quintín Bas afirma; Ejecútanse, como en tiempos antiguos, vistosos simulacros; uno en torno al castillo, que después de vivo tiroteo cae en poder de los cristianos; otro, al ir a celebrarse el indicado baño del agua, en el templete de la Corredera. Allí los infieles ocupan el Templete; llegan los soldados de la Cruz, rompen las hostilidades, menudean los disparos de fusilería, parlamentan, prosigue el combate, son acorralados los musulmanes y caen en poder de las tropas cristianas.
Los trajes no debían ser muy distintos a los que aparecen en las primeras fotografías y películas de las fiestas aunque para la fecha de estos documentos gráficos las fiestas ya habían iniciado un proceso de empobrecimiento. En 1856 el historiador local Agustín Marín de Espinosa hablaba de guerreros con su correspondiente armadura antigua, probablemente similar a las que se sacaban hasta 1959, al igual que los moros (estos con capa blanca, pantalón ancho y turbante de tela). También salían moros y cristianos a caballo, costumbre que conserva el Bando Cristiano actualmente saliendo estos el día 4 de mayo, y que el Bando Moro parece que también ha retomado (también se salía a caballo en los años del siglo XX anteriores a la renovación).
La pólvora era también un elemento esencial, imprescindible en los honores a la Vera Cruz (antiguo alarde), costumbre centenaria de la que tenemos fragmentos de película de los inicios del XX. Parece ser que en el periodo de tiempo tratado alcanzó un papel destacado, aunque con altibajos y prohibiciones por motivos de seguridad y económicos. ¿Y la música?. Sería muy modesta (comparando con la actualidad, claro está), posiblemente, y al margen de la banda municipal, tambores y cornetas para marcar el ritmo de desfile y tal vez algunas dulzainas, todo ello especulando con la música que salía en las fiestas antes del revulsivo de 1959.
Una de las conclusiones que se extraen de la lectura de cómo eran las fiestas en la segunda mitad del XIX es que eran más parecidas por su brillantez las de 1881 a las de 1962 (por poner una fecha posterior a la renovación) que a las de 1930, añadiendo los correspondientes matices históricos, claro está. También cabe decir que son muchos aspectos de nuestra Fiesta en esta época quedan en el tintero para analizar y comentar. No es posible por falta de espacio hablar en estas líneas de los Caballos del Vino, el parlamento, el tío de la pita, los gigantes, los armaos, los cargos, la música, el baño de la Cruz, así como de otros elementos entonces presentes que ya no están, como las corridas de toros (muy populares por aquel entonces en las fiestas).
Las fiestas en honor a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca, en sus aspectos básicos ya estaban más que configuradas hace 150 años. Son un patrimonioque nos han ido legando nuestros antepasados a lo largo de los siglos, un auténtico tesoro histórico, cultural y antropológico. En estos tiempos de zozobra y penurias económicas debemos conservar más que nuncala esencia y lo puro, lo que nunca muere, desterrando lo superficial, lo carnavalesco y lo zafio. Esto no es ni más ni menos que el culto y devoción a la Vera Cruz como eje esencial de unas fiestas únicas en un marco único y de profundas y fuertes raíces históricas. Nuestros antepasados así lo hicieron y así nos han llegado. ¿Seremos nosotros capaces de transmitir lo mismo a las generaciones venideras?.