CARLOS MARTÍNEZ SOLER

La controversia generada por The OA no es casualidad. Netflix la lanzó de tapadillo, esperando que sin hacer ruido se hiciera un pequeño hueco en el mercado, pero pronto los que la visionaron empezaron a criticarla sin descanso. The OA es de esas series que no tiene término medio, o la odias o te encanta, aquí no vale dejar que la obra respire esperando un golpe de efecto que lo cambiará todo, pues en The OA todo rezuma calma, demasiada diría yo y, esto te gusta o no, pero no te atrapa.


Reconozco que hablo sin terminar el visionado de su primera temporada, me quedan tan solo 2 capítulos, pero hasta ahora todo es plomizo, aburrido, tedioso, pero aun así, hay algo, no me pregunten qué, que me impide abandonarla, tal vez sea la esperanza de que su final sea simplemente espectacular. Todo me hace pensar que no será así, que se tratará de otra vuelta de tuerca más en un relato absurdo que naufraga a cada paso que da. The OA al igual que le pasó a Perdidos en sus últimas temporadas, no hace más que lanzar interrogantes que no obtendrán respuesta, pensando o que el público es tonto o que éste entrará en su juego, lo que no saben es que los tiempos han cambiado y que ahora arrojar enigmas uno tras otro no es para nada sinónimo de buen producto.
The OA se mueve entre lo mágico y lo absurdo, esos universos paralelos, esas realidades alternativas…, rozan por momentos lo ridículo, siendo lo que envuelve a las mismas, el cautiverio, la necesidad de sentirse querido, la búsqueda de libertad, la fe inquebrantable…, lo que realmente destacan. Si tuviera que resaltar algo de este relato apostaría por su fotografía, la cual se mueve en ese mundo de fantasía, donde los contrastes, la viveza de los colores, lo hacen cuanto menos llamativo; su banda sonora, absorbente, contenida y cautivadora a partes iguales; aunque sin duda alguna me quedo con una escena en concreto, el final del capítulo 2, esa bajada a los infiernos donde nada se muestra, pero todo se intuye, una agonía que se acrecienta al saber que el personaje es invidente. The OA juega en otro liga, la suya propia, una estrategia claramente intencionada, el problema es que a diferencia de sus protagonistas, aquí después de morir 10 veces uno no vuelve otra vez a la vida, más bien todo lo contrario.