Cristina Sobrado Calvo/Asociación Descubriendo Moratalla
FOTOS: JESÚS RODRÍGUEZ
Hablar de Moratalla, es hablar de naturaleza y arte rupestre, algo ya conocido por todos. Pero es mucho más lo que este rincón del paraíso ofrece a todo aquel que se adentra en sus paisajes. Paisajes que, concebidos como contenedores de patrimonio variado y extenso, ofrecen infinitas posibilidades a un turismo rural ya maduro en nuestro municipio.

Desde su casco urbano, barrio medieval que rezuma historia por cada una de sus empinadas calles, con el blasón de la emblemática Torre del Homenaje en el perfil mental de todo el que ha visitado el pueblo, hasta todas y cada una de sus pedanías. Salmerón, el Segura y su Volcán. El conjunto de Benizar, Otos, Mazuza y Casa Requena, aquí las rocas se convierten en manuscrito de piedra, y cobijan cuatro poblaciones donde late la herencia del periodo musulmán y sus tradicione. Campo de San Juan, Bajíl, Zaén y la Risca, donde la magia de la geología ha modelado paisajes únicos en el planeta, y a los que en los últimos años se suma el colorido y perfumado plantel de dos aromáticas: el espliego y el lavandín. El Sabinar y el Calar de la Santa, museo al aire libre que alberga dos salas principales, una dedicada a un fósil viviente, la Sabina Albar, y otra con algunas de las mejores expresiones del Arte Rupestre Levantino. Y el techo de nuestra Región, que vigila las pedanías de Cañada de la Cruz, los Odres, la Rogativa e Inazares. Allí, el manto blanco de la nieve, enriquece suelos y acuíferos, y nos hace disfrutar en invierno de los paisajes más serranos de nuestra Región. Un somero repaso, que, adornado con una rica gastronomía, sonidos tradicionales de cuadrillas de animeros, y gentes cálidas y sencillas, forman nuestro principal atractivo turístico, el valor de lo que somos, un municipio serrano, agreste, salvaje, pero tremendamente bello y acogedor.