JAIME PARRA

El 11 de mayo se reabrieron las iglesias al culto, aprovechamos la ocasión para entrevistar a monseñor Lorca Planes, obispo de la diócesis de Cartagena.

¿Cómo está viviendo a nivel personal esta crisis sanitaria, esta pandemia?

En principio, demasiado entretenido en cantidad de cosas que hay que ir haciendo, algunas que tenía retrasadas y otras que la misma situación te va obligando a estar atento: salir al encuentro de sacerdotes, laicos, gente de Cáritas… sobre todo para ver cómo van las cosas, cómo ayudar, cómo proponer temas con tal de que a nadie le falte lo necesario. Luego, atender, también, las diversas realidades que lleva la Diócesis.

Cáritas está haciendo una gran labor con los más desfavorecidos ¿podemos decir que la caridad y la oración van juntas de la mano?

Cáritas está haciendo una gran labor, eso sin duda ninguna, y cuando hablo de Cáritas, estoy hablando de todos los hombres y mujeres voluntarios que están haciendo una labor inmensa. Es verdad que Cáritas ha tenido en cuenta una de las cosas que es primordial, reservar a las personas mayores para que no actúen de una manera directa, que no estén en las trincheras, si no que estén reservadas para evitar su contagio. Sin embargo, ha habido una reacción muy buena entre la gente joven, que se ha apuntado para ayudar y colaborar en estas obras tan extraordinarias. En Cáritas es evidente que se están haciendo las cosas únicamente por amor a los demás y por amor a Dios. Naturalmente y claro que van de la mano, la caridad y la oración van de la mano porque es el primer mandamiento que nos pide el Señor, no sólo amar a Dios sino amar a los demás, y si el amor a los demás es importante, es lo que justifica, por otra parte, la acción de Cáritas.

El coronavirus ¿es un castigo de Dios?

Son dos cosas diferentes. Dios no se entretiene en mandar castigos a las personas. La historia que ha planteado el Señor es una historia de salvación, no es una historia de condenaciones. Dios no va señalando con el dedo a quién va a salvar y a quién va a condenar o a quién va a estar fastidiando. Ese no es el Dios de los cristianos. El Dios de los cristianos es un Dios Padre, un Dios amor y va buscando nuestra historia de salvación y precisamente por esa razón sale a nuestro encuentro para darnos todo aquello que necesitamos e ir viviendo con fortaleza la experiencia de fe y nuestra experiencia también de fraternidad.

¿Cree que esta epidemia aumentará la fe cristiana en la sociedad?

Todas las cosas son aprovechables para un futuro mejor ¿no? Todas las relaciones que hemos tenido, la manera y el estilo que hemos tenido de vivir hasta ahora han sido siempre una oportunidad para encontrarse con Dios y con los demás. En mi relación con Dios, el problema siempre es el de la persona. Soy yo el que me dejo llevar de mis intereses, de mis pecados, de mis historias, de todo lo que, de alguna manera, me centra en mí mismo. Lo cual ¿quiere decir que el virus que hemos padecido puede romper mi comunicación con Dios? No, el que tiene capacidad para romper la comunicación con Dios soy yo, ahora bien, en estas circunstancias en las que hemos visto nuestras debilidades, que hemos visto también nuestras faltas de soluciones para tantísimas cosas, sí que nos va a ayudar a replantearnos otras ¿no? Por ejemplo, el aferrarnos más a quien es el centro de nuestra vida –que es Dios– y no a nosotros mismos. No creernos que somos dioses, que podemos solucionar las cosas sin necesidad de Dios, porque si seguimos en estas circunstancias, ni esta crisis, ni nada, nos va a ayudar. Ahora bien, si yo aprovecho estas circunstancias para reconocer quién soy, dónde estoy, quién sale a mi encuentro para salvarme, es evidente que estas circunstancias sí que nos ayudarán, porque la solución es siempre Dios.

¿Qué le diría a los no creyentes?

Que Dios siempre está atento. Dios no le impone nada a nadie, ni la fe cristiana es un peso que lleva uno sobre la espalda que no te deja andar ni moverte, no. Todo lo contrario, la fe de un cristiano católico te lleva a ser libre. Esa es la condición que vivo yo, la libertad de cada uno de nosotros viene como consecuencia del amor de Dios. Ahora bien, a un no creyente y a un creyente yo siempre les propondré mi experiencia de cómo Dios ha salvado mi vida y cómo Dios salva también la vida de todos, sin imponer nada, sino proponiendo mi experiencia, de lo que he visto y he oído, que es lo que hacía la Iglesia desde el principio.

¿Qué mensaje quiere dar el obispo a la sociedad en este tiempo de pandemia?

De ánimo y esperanza. Que no pase este tiempo sin hacernos preguntas. Uno tiene que hacerse preguntas sobre todo sobre su condición de quién eres, cuáles son sus apoyos, dónde están sus seguridades… Porque, en el fondo, después de todo esto, uno se da cuenta de que es más frágil de lo que pensaba, más débil de lo que creía y que la única seguridad que salva es Cristo.