FRANCISCO SANDOVAL

Entre el 25 y el 27 de octubre de este año se celebró en Orense el III Congreso Internacional del Agua, dentro del cual había una temática denominada Arquitectura y Agua en la que, junto a tres compañeros, presenté la comunicación “La influencia del agua en la morfología urbana de Caravaca de la Cruz”. Trataré ahora de dar unas breves pinceladas sobre el trabajo realizado.

Las Fuentes del Marqués han supuesto el manantial que abastece a Caravaca desde tiempos remotos. Tenemos también el manantial de Mayrena (palabra que proviene del árabe y significa nacimiento de agua), cuya acequia discurre asociada a la calle homónima, regando huertos y llegando hasta el convento de Santa Clara. Pero es sin duda la Acequia Madre la que más estructuras motivó para el aprovechamiento del agua. Esta acequia que viene desde las Fuentes por el camino del huerto llega hasta el Templete, riega el convento de los Padres Carmelitas y continúa su trazado hasta la carretera de Murcia, un recorrido que nos llevó bastante tiempo definir.

El primer molino que antiguamente se encontraba la acequia al entrar en el entramado urbano de Caravaca era el de la Corredera, ubicada en el Paseo del mismo nombre. El edificio aún existe (pueden verlo en la imagen adjunta), y pudimos saber gracias a Indalecio Pozo que ya en el siglo XVI estaba en funcionamiento. Es interesante que tan solo unos metros más allá existía otra estructura, en este caso un batán. Se ubicaba en el solar donde recientemente se demolió un edificio, frente a la plaza de San Juan de la Cruz. Desde él se derivaba el agua hacia un lavadero y el antiguo matadero, ubicado donde hoy se levanta el hogar del pensionista.

Una tercera estructura cercana era el Molino de las Cruces, cuyos restos quedan hoy embebidos dentro de un edificio en la manzana de forma triangular entre la calle Rafael Tejeo y Maruja Garrido. A partir de ahí, una ramificación de la acequia es la causante de que en el lado posterior de muchas casas de la calle Mayor y Rafael Tejeo encontremos fértiles huertos.

Hemos podido constatar cómo la acequia no sólo servía a los huertos, sino que abastecía de agua para las propias labores domésticas. Así, en el antiguo convento de San José, la acequia abastecía a las cocinas y lavaderos ubicados en la zona más próxima a la calle Mayor que al huerto.

Otro molino, el llamado Molino de la Parra, conserva hoy solo un arco de acceso en el vestíbulo de un edificio de viviendas próximo a la Ciudad Jardín. Una imagen cuanto menos curiosa de cómo los restos de una estructura se integran hoy en un uso completamente diferente. Tras este molino, la acequia continúa y llega a la Fuente de las Caballerías, y es que la ubicación de esta fuente no es fruto de la casualidad: se halla justo en el cruce de la acequia mayor con el camino histórico que venía de Murcia y se introducía por la Puentecilla.

La identificación de todos estos elementos y trazados pretende sentar una base acerca del patrimonio hidráulico olvidado, incluso poder llegar a cartografiar de forma rigurosa estas acequias. El fin último y deseable sería reflexionar acerca de cuánto pueden influir estos elementos de diversa escala, elementos comunes a suelo agrícola y urbano como son las acequias, en los instrumentos de ordenación del municipio. Hace unos años el principal de estos instrumentos, el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) pasó a llamarse Plan General Municipal de Ordenación (PGMO), síntoma de que existen -y se empiezan a considerar- elementos del territorio más allá de la urbe como tal.