MAGDALENA GARCÍA/FOTOS: MAGDALENA GARCÍA/PRESEN JIMÉNEZ

La habitación roja, cuadro de Henri Matisse inspiró el nombre artístico de la fotógrafa de Bullas Presen Jiménez, Rojo Matisse, y como tal podemos seguir la evolucion de su obra en redes sociales como Facebook.

MAGDALENA GARCÍA/FOTOS: MAGDALENA GARCÍA/PRESEN JIMÉNEZ

La habitación roja, cuadro de Henri Matisse inspiró el nombre artístico de la fotógrafa de Bullas Presen Jiménez, Rojo Matisse, y como tal podemos seguir la evolucion de su obra en redes sociales como Facebook.

¿Cuándo comenzaste a dedicarte totalmente a la fotografía? ¿Cuándo empezaste a mostrar esa afición por ver cosas a través de la cámara?
Terminé mis estudios hace ahora dos años. Desde entonces fui haciendo trabajos esporádicos, compaginándolos con otras ocupaciones hasta el pasado mes de septiembre. Fue entonces cuando me decidí a emprender esta maravillosa aventura y hacer de la fotografía mi modo de vida.
No puedo decir que la afición me venga desde siempre, desde pequeña, como se suele decir en estos casos. Realmente no lo sé, hará unos diez años, en una época en la que viajaba más y empecé a cogerle el gusto a retratar las ciudades que visitaba desde una perspectiva propia. Por aquel entonces trabajaba como periodista deportivo, y me di cuenta que me lo pasaba infinitamente mejor haciendo las fotos que después redactando.

¿Crees ver más ahora que antes de empezar a fotografiar?
Sí. Porque miro más, pongo más atención. También porque los años, la experiencia y el interés te hacen tener más cultura visual, y eso suele ayudar mucho. Pero también me da miedo perder la ingenuidad, y querer ver tanto en busca de una supuesta originalidad que la realidad te pase inadvertida. Es algo complejo de explicar en pocas palabras, y las palabras cada vez se me dan peor.

¿Cuál es la primera fotografía de la que te sentiste orgullosa? Cuéntame, ¿Qué sentiste? ¿Qué te llevó a apretar el botón sobre aquella imagen?
La de una pintada que tomé en Móstar en 2008. Estábamos visitando la ciudad, sobrecogidos por los restos de la guerra que aún estaban presentes en sus calles. Recuerdo un pequeño cementerio en el centro de la ciudad en el que todas las tumbas tenían la misma fecha: 1993. Creo que fue una de las cosas que más me impactó. También ver los restos de los bombardeos en las fachadas de algunos edificios. En medio de todo aquello, en un edificio vallado, a medio construir, como estas obras que se abandonan en las ciudades, leí pintado en la pared: “La vie est un miracle”. “La vida es un milagro” en francés. Al lado, los agujeros de metralla en la pared simulaban, al menos en mi imaginación, caras de sorpresa y horror. Aquella imagen me pareció conmovedora. Y bella. A día de hoy, creo que sigue siendo mi fotografía favorita. Todo eso fue lo que me llevó a apretar el botón. Es una constante en mi vida. Mis mejores fotografías no las fabrico, me las encuentro. Incluso cuando fabrico el contexto. Y lo más bonito para mí de esta profesión es eso, estar atenta a lo que la vida te muestra, prestar atención a los detalles y dejar que te conmueva la verdad y la belleza de las cosas pequeñas.