Mi propio prólogo

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MAGDALENA GARCÍA/@garciafdez
magdalenagarciafdez.blogspot.com

 

Esta no es más que una historia basada en otra. Tendrá parte de real y parte de ficción. Depende de los sentimientos, o de las palabras que me inspiren.
Hace unas semanas escribía «El libro de las amantes». Hay gente que se pudo quedar en la historia nomas contada desde el tacto de un libro antiguo. Otras personas optaron por preguntar qué pasó con el personaje de la mujer que se va de la historia y no se queda con el libro.
La experiencia me enseñó que escribir era un ejercicio liberador de todo lo que había en mi interior, una forma de sanar y dejar ir. También de entender que aunque las cosas se pueden acabar, puedes sacar todo lo bonito de la historia y de ti. Y que no hay mejor amor que el que se deja ir para que ambas partes sean felices. Al menos en ese momento en el que no puede ser. Después, el tiempo, puede decir muchas cosas, pero si en ese momento tu interior te dice no, es mejor no luchar. Mejor hay que aceptar.
Este es el prólogo de lo que quiero que nazca. Un documental, una exposición… Quién sabe. Algo que exprese lo que marca una persona por muy breve que sea.
Quizás no puedas ver nada en esta fotografía. Ni siquiera tiene un enfoque en un punto exacto. De eso se trata… ¿Recuerdas a la mujer que no se queda con el libro? Sé que existe, sé que se fue, que decidió no quedarse… Yo misma creé la historia. Pero ni habiendo creado yo el personaje (basándome en alguien real) logro descifrarla del todo. Todavía ese amor perdido es alguien que desconozco y que intento conocer a través de ciertas fotografías, de sus gestos, de sus miradas. Es hermoso. O mejor dicho, es hermosa. Incluso sin percibir, sin interpretar la imagen, puedes saber que es hermosa.
Me gusta mirar por la ventana y observarla. Llueve en estos días en la Ciudad de México, pero eso no me impide ver el reflejo de lo que es ella. Al contrario, la lluvia es la que me ayuda a verla. Pero es solo eso. Su reflejo… No sé si es fuerte o débil. Si sintió mucho o poco, si su corazón es más o menos fuerte que el de la otra amante que decide quedarse con el libro.
Me ilusiona a la vez que me inquieta comenzar a describirla. Quizás sea demasiado aventurado, pero dejen que de esta forma me libere. Prometo ir enfocando cada vez un poquito más su perfil, para que puedan imaginarla de la misma forma que yo lo hice.
«Andaba caminando por las calles mojadas del Distrito, Mi Amor. Al final yo también decidí deshacerme de ese libro. Ya ha pasado el tiempo, así es que imagino que igual está en manos de alguien más o en cualquier puesto de libros usados. La esencia siempre quedará en él. Ojalá las personas que al final lo posean puedan percibir a través de él lo que yo percibía. Tanto amor…».

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