GLORIA LÓPEZ

Cuando llegan estas fechas no me acuerdo nada mas de que tengo que hacer el alfajor y el artículo de la mujer del año.

A lo primero me ayuda el anís y las mujeres de la casa (las generaciones primeras y las últimas), para lo segundo necesito bastante más concentración y un seguimiento de las mujeres vivas y muertas durante el pasado año, pero este no ha sido el mejor para andar yo pendiente de las vidas de las demás, que bastante he tenido con la mía.

Jamás pensé que un año pudiese darme tanto, quitandome tantas cosas. De las que me quitó la vida, algunas me vinieron dadas, otras eran ley de vida, pocas me las gané yo… de las que me ha dado la mejor es sin dudarlo la capacidad de volver a disfrutar de lo que no tiene precio y mi nuevo trabajo. Decía Sabina que la suerte es una letra del revés, y nunca sabes cual te va a tocar. A veces aquello que tenemos, eso que no nos hemos ganado y que nos toca en suerte,  se nos olvida que no todo el mundo lo tiene. Todo lo que damos por sentado es un sueño para aquellos que luchan día a día por conseguirlo. Un trabajo, una casa, una independencia, un amor… eso  que para nosotr@s es algo natural como el curso de los años y la rutina, es para otr@s la añoranza de una vida que les cuesta el doble que a los demás.

Andamos buscando lejos cosas que tenemos a nuestro alcance y encontramos en lo inalcanzable el reflejo de las felicidades de otros y  solo hay que mirar al lado para reconocer la nuestra, o simplemente la paz que es necesaria para convivir con lo que tenemos. Eso me ha pasado con mi mujer del año.

La he buscado en los telediarios y en los periódicos, en las películas y en la radio, en el feis y en el instagram… pero estaba mucho más cerca de todo eso y, como todo lo que no esperamos, sin buscarlo.

Mi mujer del año no se pasea con el último modelo por el instagram, pero pasea un carro de Apcom por toda Caravaca repartiendo sonrisas.

Mi mujer del año no sale en los periódicos, pero los reparte.

Mi mujer del año no tiene feis, pero tiene 1500 amigos que cada jueves y viernes la saludan cuando les vende en sus comercios el Noroeste.

Mi mujer del año no tiene perfil de twiter, pero representa en menos de 140 caracteres a todas las mujeres discapacitadas que cada día le ganan la batalla a la suerte que les tocó vivir, que luchan contra una discriminación que les afecta de doble manera por el simple hecho de haber nacido mujer y se enfrentan a una situación de exclusión que afecta a su situación económica, laboral y social.

Encontrar un trabajo o vivir de forma independiente son algunos de sus sueños, algo tan sencillo y que muchos damos por sentado pero que para estas mujeres puede suponer la lucha de toda una vida.

Una lucha a la que ayudan empresas que las contratan, (muchas en Caravaca) asociaciones que las promueven (Plena Inclusión) y centros (Apcom), que cada día hacen que esta sociedad sea más justa y solidaria, una sociedad donde se valore la diversidad y favorezca la igualdad.

Mi mujer del año se llama Mª Cruz y tiene 37 años. Pasa sus días en Apcom y sus noches en Cehegín, donde vive con su padre, pero los jueves y los viernes me alegra las mañanas en una oficina que no sería lo mismo sin ella. Nos avisa cuando el tiempo esta gilipollas, que en la tele solo hablan de política y que le gusta Camarón. Que no conoció a su madre, pero que no le faltó de nada con su abuela y sus tia y su padre. Que hoy le toca la zona del hospital para repartir, que esta Navidad le dan vacaciones en el trabajo y que no vaya a faltar alfajor en la bandeja cuando vuelva.

Mi mujer del año me ha enseñado que hay personas ordinarias y luego están las extraordinarias. Como ella, que cada día se come el alfajor, el reparto, la vida y el mundo si hace falta.

Que el 2020 sea el suyo y el de todas las personas extraordinarias, para que entre todos hagamos que encuentren menos dificultad en hacer las cosas ordinarias.